jueves, 23 de febrero de 2017

123- Verdades ocultas

Barry, ahora de cinco meses, dormía tranquilamente en su cuna. Brianna lo observaba, algo preocupada. El pequeño llevaba toda la mañana con fiebre. Con cuidado, su madre le puso una mano en la frente. Acto seguido la retiró al notar que estaba extremadamente cálida.

-Harry.- llamó Brianna elevando la voz.-Harry, ven, por favor.- insistió.

Se oyeron pasos corriendo y acto seguido, el cantante de rizos castaños se chocó con la puerta entreabierta de la habitación del bebé. Brianna reprimió sus repentinas ganas de reírse.

-¡Sí, sí, estoy aquí! ¡¿Qué pasa?!- exclamó el joven, muy nervioso, adentrándose en el cuarto.

-Tranquilo, respira.- repuso Brianna.-Barry está ardiendo. Ya sabes que lleva toda la mañana así, y le hemos dado el jarabe, pero... La fiebre no le baja y empiezo a preocuparme seriamente.-

Harry miró a su hijo, y extendió una mano para ponérsela en la frente, justo cuándo Brianna iba a hacer lo mismo otra vez. Las manos de ambos se rozaron y Brianna apartó su mano rápidamente, mientras que Harry se sonrojaba, colocando su mano en la frente de su hijo.

-Es verdad.- suspiró, preocupado, observando a su bebé y bajando más la cabeza para que sus rizos castaños tapasen su rubor.

-Me da mucha pena. ¿Lo llevamos de nuevo a la clínica infantil?- preguntó ella.

-No, fuimos ésta mañana a primera hora. Es muy pronto para llevarlo de nuevo. Se ve que el jarabe para la fiebre tarda un poco en actuar. Nos dijeron que si mañana sigue así, entonces podremos llevarlo de nuevo.- repuso Harry calmadamente, acariciando la frente de Barry.

-No quiero que le pase nada.- Brianna se agarró a la cuna mientras miraba a su hijo.

-No te preocupes, ya tiene cinco meses y se ha encontrado muy bien. Pero es normal que se ponga malito de vez en cuándo, los bebés tienen una salud muy delicada. ¿A que sí, pequeño?- decía Harry, hablándole a su esposa y a su hijo a la vez.

Barry seguía durmiendo, aunque se removió un poco al notar que su padre le acariciaba la frente con dulzura. Harry retiró la mano y miró con ternura a su bebé.

-Estoy seguro de que cuándo crezca va a ser la mejor persona del mundo.- opinó.

Brianna sonrió tímidamente, también mirando a su hijo.

-Yo también estoy segura.- dijo.

Harry la miró. Ella le devolvió la mirada. El joven de rizos castaños se sonrojó de nuevo. Apartó la mirada y observó la puerta de la estancia.

-Quédate a su lado si quieres. Yo... Debo... En fin. Debo hacer una llamada. Y luego prepararle el otro biberón.- dijo con la voz más tranquila que pudo poner, aunque se le notaba ligeramente nervioso.

-Claro.- repuso Brianna, asintiendo con la cabeza. Miró de nuevo a su hijo y sonrió, mientras que Harry salía de la habitación a paso más bien apresurado.



~~~

Aly se encontraba haciendo los deberes de la universidad, escribiendo muy concentrada, en su bonito cuarto de grandes ventanas. De repente sonó su teléfono móvil. Aly golpeó la parte trasera del bolígrafo contra el escritorio para guardar la punta del mismo, agarró su móvil, descolgó sin mirar quién llamaba y habló, colocándose el aparato junto a la cara.

-¿Hola?- habló.

-Hola Aly, soy Harry.- oyó la voz de su amigo.

-¡Harry! Me alegra que me llames, necesitaba una excusa para tomarme un pequeño descanso de los deberes. Llevo dos horas y media con ellos, así que gracias por llamar.- pronunció Aly alegremente, justo antes de soltar una pequeña risa.

-Oh, bueno, de nada.- Harry también se rió.

-Dime, ¿en qué te puedo ayudar?- inquirió la rubia.

-Verás... Me gustaría pedirte un favor.- pidió Harry con la voz algo insegura. Parecía un poco nervioso.

-Claro, dime, ¿qué pasa?- Aly agarró el bolígrafo de nuevo y lo mordisqueó mientras examinaba sus deberes, dudando sobre si los estaba haciendo bien o no.

-Pues... El caso es que... Bueno... Yo... Es algo... Extraño, pero...- tartamudeó Harry.

-Habla yaaa.- insistió Aly, sin presión en su voz, sino más bien curiosidad.

-Me gustaría saber si podrías hacerle una terapia a Brianna.- dijo el cantante.

Aly alzó ambas cejas, levemente desconcertada por la petición.

-Sé que tus notas son buenísimas, como siempre, lo que demuestra que serás una excelente psicóloga en el futuro. Y, si no te importa, me gustaría que tratases a Brianna, por favor.- añadió Harry al percatarse del silencio que guardaba su amiga.

-Sí... Sí, Harry, claro que puedo. Pero, ¿por qué? ¿Ella quiere terapia?- preguntó la joven.

-No, no. Es una idea que me ha surgido. Mira, han pasado ya cinco meses desde que Barry nació, y... Y sigo sin saber por qué Brianna hizo lo que hizo. Ella insiste en que lo hizo por pánico, por miedo, pero todos sabemos que fue la decisión más ridícula que pudo tomar.- explicó Harry, con la voz ligeramente acelerada por los nervios, aunque trataba de controlarse.-Y solamente... Solamente quiero que la trates, y quizá, con tus terapias, consigas averiguar los verdaderos motivos por los que huyó del país embarazada.-

-¿Y crees que ella estará dispuesta?- quiso saber Aly.

-Sí. Creo que sí. Sé que... En fin. Sé que me sigue queriendo, igual que yo a ella. Y le explicaré que ésta idea podría ayudarnos a...-

-Ayudaros a arreglar vuestro matrimonio, lo capto.- finalizó ella su frase, sonriendo.

-Exacto.- Harry asintió una sola vez con la cabeza a pesar de que Aly no podía verle.

-Está bien, lo haré.-

-¿De verdad?- la voz del joven se llenó de esperanza.

-Sí. En junio me graduaré, ya lo sabes. Estoy a pocos meses de conseguir el título de psicóloga, por lo que mi carrera ya está casi completa. Además, eres uno de mis mejores amigos. Haré todo lo posible para que Brianna me explique. Me esforzaré al máximo con ella, haré mi mejor terapia hasta ahora. Lo prometo.- respondió Aly, con confianza en la mirada y en la voz.

Harry suspiró de alivio y sonrió.

-Gracias, Aly. Eres la mejor. Te quiero mucho, y te debo una.- dijo.

-Eso es. Me debes una. Quiero que mi próxima cena romántica con Niall en cualquier restaurante la pagues tú.- contestó ella.

-¿Qué? Pero... Bueno, vale.- el chico de rizos castaños rodó los ojos.

-¡Que era broma!- Aly rompió a reír.

-¡Aly!- Harry también se rió.-No, pero vale. Lo haré. Lo haré con gusto. Niall y tú sois importantes para mí, así que sí.-

-¿De verdad? ¡Estupendo! Luego le aviso. Te dejo ya, debo seguir con los deberes. Cuándo acabe te mando un mensaje diciéndote qué día y a qué hora puedo atender a Brianna.- se despidió la muchacha.

-Está bien, Aly. Un abrazo. Adiós.- Harry sonrió de nuevo.

-¡Adiós!- Aly se apartó el móvil de la oreja y colgó. Acto seguido miró sus deberes y suspiró. Le quedaban al menos otras dos horas hasta terminar con ellos.




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Cindy se encontraba en una cafetería con Wen, merendando y estudiando.

-¿Has oído lo que han dicho ésta mañana en las noticias?- preguntó Wen.

-¿El qué?- inquirió Cindy.

-Dicen que desde todo lo que hizo mi prima, el matrimonio Styles está hecho pedazos. Yo podría averiguarlo personalmente, pero... No me quiero meter. Mi prima está muy sensible y muy arrepentida.- explicó el chico, mordiendo su lápiz mientras observaba su cuaderno y con su mano libre, rodeaba su taza de café con hielo.

-Bueno...- Cindy suspiró.-A mí también me gustaría saber qué está pasando, no voy a mentir. Pero... Es mejor dejar que se arreglen ellos solos.-

-Ya van cinco meses.- objetó Wen.

-Lo sé. Cinco meses desde que nació tu sobrino, Barry.- asintió la rubia.

-Estoy preocupado. No sólo por mi prima, sino por Harry y por mi sobrino, el hijo de ambos. Ya nunca organizamos cenas familiares, ésas cenas a las que vamos todos y nadie falta. Echo de menos que estén bien. La inestabilidad de su matrimonio nos está afectando a todos.- confesó el joven bajando la mirada.

Cindy ladeó la cabeza, enternecida ante la bondad del chico.

-Wen, tranquilo.- dijo colocando su mano encima de la de él.-Sé que ésta situación es complicada y no es buena para nadie. Y es peor aún que hablen de ello en las noticias. Pero no hay nada que podamos hacer... Solamente esperar.-

El muchacho asintió, dejando su lápiz a un lado y dando un sorbo de su café.

-Además, puede que mi hermana los ayude. Ya sabes, dentro de poco será oficialmente psicóloga.- añadió la rubia alegremente.-Seguro que les hace terapia de pareja o algo. No te preocupes.-

-Sí, también he pensado en éso. ¿Por qué no? Sería un buen plan.- asintió él.

-¡Claro que sí! Tú debes estar tranquilo. Todo tiene arreglo.- Cindy sonrió ampliamente.

Wen también sonrió y acarició la mano que Cindy había colocado antes sobre la suya.

-Gracias. Eres increíble. Siempre haces que me sienta mejor.- objetó.

-Me alegro.- Cindy asintió una sola vez con la cabeza.

Wen tomó la mano de Cindy y se la besó brevemente.

-Yo también.- respondió.

Cindy se sonrojó y bebió un trago de su café para ocultar su rostro aunque fuese durante un momento.



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Celine había terminado su jornada como voluntaria en el hospital, y se había despedido de Kai, el cuál seguía cuidando a su madre en coma. En aquél momento se dirigía a un elegante bar no muy lejano. Se había arreglado mucho, luciendo un vestido rosa pálido y con el pelo suelto, aunque recogiendo una parte de él en un pequeño lazo en lo alto de su cabeza.
Tomó asiento y se pidió un café.
Tras unos minutos, llegó otra persona al lugar. Un hombre de unos treinta años, vestido con corbata, atractivo, aunque con una mirada no muy digna de fiar. Buscó a Celine con la mirada hasta encontrarla.

-Ahí estás.- dijo en tono predatorio, aunque tan bajo que nadie lo pudo oír.

Se acercó a la mesa. Celine, que acababa de dar un sorbo de su café, lo miró. Parecía ligeramente desconfiada, pero trató de sonreír por pura educación, y así lo hizo, mostrando sus dientes blancos y brillantes. Él le devolvió la sonrisa y se sentó en la misma mesa que ella, justo enfrente, mirándola cara a cara.

-Buenas tardes, señorita Parker. Me alegro de que haya venido.- dijo.

-Buenas tardes a usted también, señor Greenlaw. Por supuesto que he venido, usted me llamó.- respondió ella.

-Sí, lo sé, pero... En fin. No me esperaba que viniera de verdad. Es fantástico verla aquí. Está usted muy guapa. Aunque bueno, ya que estamos fuera del trabajo, podemos tutearnos, ¿no crees?- preguntó el hombre.

-Claro, señor Greenl... Quiero decir...- tartamudeó Celine.

-Albert, por favor.- sonrió él. El camarero se acercó.-Un café con leche, por favor.- pidió.

-En seguida.- el camarero asintió y se alejó.

-Dime, Albert, ¿por qué razón me has pedido que nos veamos aquí? ¿Y por qué me has pedido que venga tan arreglada?- quiso saber la joven.

Albert Greenlaw era el director de una empresa de repostería. Dicha empresa tenía tiendas por todo el mundo, y Celine trabajaba vendiendo pasteles en una de ellas.

-Verás, Celine, si lo que te preocupa es que se trate de asuntos laborales, no lo es.- repuso el hombre, sonriendo con tranquilidad.-Más bien es por un asunto personal. Simplemente me apetecía tomarme un café contigo.-

La muchacha parpadeó.

-¿Conmigo? ¿Por qué?- quiso saber.

-Me gusta conocer a los empleados de las tiendas de mi empresa, y creo que tú eres la mejor. Siempre mantienes la repostería en perfecto estado y tratas a los clientes muy amablemente. Me despiertas un gran interés, Celine.- respondió Albert.

-Agradezco el cumplido.- Celine, ligeramente cohibida, dio otro sorbo de su café.

-Tengo interés en saber si podemos vernos más a menudo.- añadió él.

Celine colocó su taza sobre la mesa y miró al señor Greenlaw a los ojos.

-¿Para qué?- murmuró.

-Conocernos, pasar el rato...- Albert apoyó un brazo en el respaldo de su asiento, tratando de fingir poco interés en el asunto.

-Lo entiendo, pero agradecería que fueras un poco más específico. ¿Qué es lo que quieres?- insistió Celine, palpándose sus propias manos para ver si le sudaban o no. Se empezaba a sentir nerviosa.

-Bueno, cómo ya he dicho, me resultas muy interesante, además de hermosa. Mis intenciones son buenas, éso puedo prometerlo. Me gustaría simplemente que nos conociéramos, entablar amistad, y ver si, más adelante, surge algo más. Disculpa mi atrevimiento.- habló Albert, sonriendo encantadoramente mientras sorbía su café, sin dejar de mirar a Celine.

Las alarmas internas de Celine estallaron durante un breve segundo, pero rápidamente recuperó la calma. Rodeó su vaso con ambas manos y miró el poco café que quedaba en su interior.

-Señor Greenlaw, debo hacerle saber que no estoy soltera.- dijo, volviendo a hablar formalmente por culpa de los nervios.

-Oh, entiendo... Bueno, quizá éso no tenga importancia.- añadió él, frotándose la barbilla.

-Sí la tiene. Desde luego que la tiene.- replicó Celine, ligeramente ofendida.-No tengo ninguna intención de serle infiel a mi pareja. Tampoco tengo intención de cortar mi relación. Soy muy feliz.-

Albert siguió frotándose la barbilla durante unos instantes, mirando fijamente a Celine. Ésta se sentía intimidada, pues los ojos del hombre eran fríos e inescrutables, pero procuró devolverle la mirada.

-Me gustaría que tomes en consideración la idea, de todos modos. Podría ofrecerte lujos, cómo por ejemplo, un ascenso considerable, grandes aumentos de sueldo, o incluso cualquier capricho que desees. Estoy dispuesto a lo que sea con tal de captar tu atención.- replicó él.

-¿Disculpe? Lamento decepcionar su ilusión, pero yo no soy algo que usted pueda comprar.- Celine parecía mucho más ofendida que antes.-Soy una persona vinculada a una relación estable, y no la cambiaría por nada, ni siquiera por todo el oro del mundo.- añadió, y el tierno, atractivo y suave rostro de Kai apareció en su mente.

-Lo comprendo.- dijo Albert Greenlaw finalmente.-En ése caso, no hay nada que pueda hacer. Gracias por venir y por escucharme. ¿Me permites, al menos, invitar al café?- añadió mientras el camarero traía la cuenta y la dejaba sobre la mesa.

-No es necesario.- Celine sonrió a la fuerza, observando la cuenta mientras sacaba su cartera.-He rechazado su oferta, por lo tanto, lo menos que puedo hacer es invitarle yo a usted.-

Colocó las monedas necesarias sobre la cuenta, agarró su taza, y se terminó de un trago el poco café que quedaba. Lo dejó sobre la mesa y sonrió forzosamente una vez más.

-Que tenga un buen día, señor Greenlaw.- se despidió, antes de agarrar su bolso, levantarse de la silla, y marcharse de allí, tratando de no correr, a pesar de sus ganas.

El hombre se inclinó sobre la mesa y apoyó los codos en ésta. Se frotó la barbilla de nuevo mientras pasaba uno de los dedos por el borde de la taza de café de Celine. Sintió un pequeño escalofrío placentero al saber que los finos labios de la joven habían rozado ésa taza.

-Tiempo al tiempo.- murmuró antes de llevarse el dedo a los labios.



~~~

Poco después, llegó el mes de mayo. Era viernes día 20, día para el que Aly les había dado una cita a Harry y Brianna, cita de consulta que Harry le había pedido previamente.
Ambos llegaron a casa de Aly, la cuál estaba sola en casa y los recibió con un abrazo.

-Gracias por éste favor, Aly.- agradeció Harry tomando asiento en el sofá más cercano.

-De nada, ¿cómo está Barry del resfriado?- preguntó ella.

-Mucho mejor, gracias.- respondió Brianna amablemente mientras se sentaba junto a Harry.

-Ahora mismo está con mi madre. Hoy ella ha querido quedarse con sus dos nietos.- respondió él.

-Me alegro. Ahora vayamos al asunto: Harry, recordemos que la terapia es para Brianna.- respondió la rubia señalando a la joven.

-Entonces... ¿no me puedo quedar?- quiso saber el cantante de rizos castaños.

-Más adelante, en otras sesiones, podrás quedarte, porque aplicaré la terapia de pareja.- explicó Aly pacientemente, sentándose en un sillón.-Pero por ahora necesito tratar solamente a Brianna para poder comprender mejor sus pensamientos, y más adelante, podréis estar los dos a la vez.

Harry asintió con la cabeza, algo desilusionado, aunque lo comprendía. Aly agarró el cuaderno y el bolígrafo que reposaban sobre la mesa y los colocó sobre su propio regazo, pasando las páginas hasta que llegó a una que estaba en blanco. Escribió el nombre de Brianna y suspiró.

-Bueno.- dijo.-Empezamos en cuánto te vayas, Harry.-

-Menuda forma más poco sutil de echarme.- bromeó el cantante, sin poder evitar que una risa escapara de sus labios.-Habría sido de mejor educación que directamente me dieras una patada en el culo hacia la puerta.- añadió.

-Rizos, hablo en serio.- murmuró Aly, aunque ella también tenía ganas de reírse.-Vamos, largo. Déjame tratar a Brianna en privado o al final te daré una patada en el culo de verdad.-

-Ésa es la Aly que yo conozco. Menos mal. En fin, llamadme por teléfono cuándo hayáis acabado. Me voy con los chicos, que hasta la noche no tengo que recoger a Barry de casa de mi madre. ¡Hasta luego!- Harry se puso en pie y se marchó, cerrando la puerta del apartamento tras de sí.

Salió del edificio. Sacó su teléfono y llamó a Liam. Al cabo de unos segundos, su amigo respondió.

-¿Hola?-

-Hola, Li. Soy yo.- saludó Harry.

-Ah, hola. ¿Qué pasa?- respondió Liam.

-Nada, de hecho. Me aburro un montón. ¿Vamos al cine con Niall, Zayn y Louis?- propuso Harry mientras echaba a andar por la calle, buscando su coche.

-¿Y tu familia?-

-Hoy Barry se está quedando en casa de mi madre, y a Brianna acabo de llevarla a casa de Aly, para que le haga terapia. No tengo nada que hacer ahora mismo.-

-¿Terapia? ¿Para qué?- preguntó su amigo.

-Ya sabes, para intentar entender en qué pensaba a la hora de huir a Londres embarazada. Aly y yo hemos hablado y llegado a la conclusión de que Brianna y yo podemos arreglar nuestro matrimonio, pero para éso necesitamos aclararlo todo primero.- respondió el chico de rizos castaños.

-Harry... ¿Sigues pensando que vuestro matrimonio se puede arreglar?- quiso saber Liam.

-Por supuesto. ¿Qué clase de pregunta es ésa?- replicó Harry, pareciendo muy ofendido.

-Los chicos y yo pensamos que te estás aferrando a falsas esperanzas... Te apoyamos en todo, pero empezamos a preocuparnos de que lo vuestro no se pueda arreglar.- admitió Liam.-Y de verdad, esperamos que se arregle, ojalá sea así. Pero hay que ser realistas, Harry.-

Harry siguió caminando mientras Liam hablaba hasta que encontró su coche, sacó las llaves y lo abrió. Se sentó y observó el volante que había frente a él mientras escuchaba a Liam.

-¿Realistas?- Harry frunció el ceño, pronunciando esa palabra cómo si fuera la mayor tontería que hubiera oído en años.-¿Y desde cuándo nosotros hemos sido realistas? ¿Desde cuándo nosotros, One Direction, somos realistas y no optimistas? ¿Desde cuándo nos hemos enfrentado a la vida sin esperanza? Nunca, Liam. Cuándo Brianna me pidió el divorcio antes de huir a Londres, tú fuiste el que me miró a los ojos y me dijo que íbamos a averiguar lo que estaba pasando, y que todo iba a salir bien. No cambies de parecer ahora. Estoy convencido de que Brianna y yo arreglaremos nuestro matrimonio, todo irá como la seda, y seremos felices de una vez por todas.- añadió, casi como prometiendo sus palabras.

Diez segundos de silencio pasaron hasta que Liam respiró sonoramente al otro lado de la línea.

-Tienes razón.- dijo al final.-Hay que ser positivos. Los chicos y yo te seguimos apoyando, recuerda éso. Ojalá la terapia de Brianna con Aly sirva para aclarar cosas.-

Harry asintió con la cabeza.

-¿Y bien? ¿Entonces vamos al cine, o no?- repitió.

-Sí, sí, cuenta conmigo. No sé si los demás chicos podrán. Ahora los llamaré y los aviso. Yo estoy en mi casa, pasa por aquí para recogerme, si puedes, y si los demás se vienen iremos pasando por la ciudad para recogerlos también.- propuso Liam amistosamente.

-Recibido.- Harry esbozó una pequeña sonrisa mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

-¡Te veo en un rato!- se despidió Liam.

Harry, satisfecho, colgó el teléfono, arrancó el coche, y empezó a conducir.



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Melanie se encontraba yendo de compras con Harumi. La japonesa seguía tratando de alcanzar su meta de diseñadora, pero hasta aquél entonces continuaba estudiando para ello y trabajando con Anne, la madre de Harry, la cuál estaba cuidando a sus dos nietos aquél día.
Ambas jóvenes entraron en una tienda cercana y empezaron a observar la ropa.

-Sigo preguntándome cuándo se casarán Zayn y Perrie.- dijo Melanie.

-Lo mismo digo. Ya hay dos chicos de One Direction casados, Harry, y el mes pasado, Louis. Si Zayn se casa éste año, será el tercero.- repuso Harumi, mientras cogía una camiseta roja y la observaba cuidadosamente.

-O puede que el cuarto.- susurró Melanie en voz muy baja.

Harumi la miró sin entender.

-¿Cómo que el cuarto?- repitió, confusa, mientras dejaba la camiseta en su sitio sin apartar su mirada de la joven de cabello castaño.

Melanie sonrió con aire misterioso y agarró otra camiseta para mirarla.

-¡Melanie! ¡Contesta! ¿Cómo que el cuarto?- repitió Harumi, zarandeando uno de los brazos de su amiga.

Melanie se inclinó ligeramente hacia Harumi para que nadie la oyera.

-Liam y yo hemos hablado de matrimonio.- confesó.

Harumi agrandó los ojos.

-¡¿QUÉ?!- exclamó, con una voz tan chillona que varios presentes en la tienda giraron la cabeza para mirarla.

-¡Calla, habla más bajo!- rió Melanie.

-Entonces, ¿cuándo?- susurró Harumi.

-No lo sabemos todavía. Ninguno de los dos ha pedido matrimonio, aún. No estamos prometidos ni nada de éso. Pero a éste paso puede que lo estemos muy pronto. Y estamos en mayo, de modo que cabe una posibilidad de que éste mismo año nos comprometamos y nos casemos.- explicó Melanie, agarrando otra camiseta y mirándola para disimular, mientras hablaba con voz suave.

-¡Eso es fantástico!- dijo Harumi, tratando de controlar el volumen de su voz. Abrazó a Melanie alegremente y ella le devolvió el abrazo, entusiasmada.

-Gracias. Ojalá Liam y yo volvamos a hablar pronto de ésto.- añadió Melanie.

Diez minutos después, ambas salieron de la tienda, aunque no habían comprado nada. Fueron a un café cercano para tomar helado, ya que el calor empezaba a notarse en mayo.
Tomaron asiento en dos sillas frente a una de las numerosas mesas del lugar, y empezaron a conversar mientras comían sus helados.

-Por cierto, Aly me contó que hoy iba a hacerle terapia a Brianna.- habló Harumi de repente.

-¿Sí? Me alegro. Creo que puede ser bueno para ella y para su relación con Harry, aunque han pasado séis meses y siguen sin comportarse como una pareja. Lo único que los mantiene unidos es Barry.- opinó Melanie.

-Aly sabrá qué hacer. Conseguirá que ellos dos se entiendan. Lo primario es conseguir averiguar por qué Brianna tomó esa decisión.- replicó la joven japonesa.

-Ella misma lo dijo, tenía miedo, no quería que Barry fuese un problema en la carrera musical de Harry. Pero sigue siendo una decisión ridícula. Si no la hubiéramos encontrado, Harry se habría pasado la vida entera sin saber que tiene un hijo.- Melanie cogió la galleta de su helado y mordió.

-Puede ser... No estoy segura. Brianna actuó de forma muy precipitada, aunque cómo dijo, solamente quería evitar posibles problemas con la carrera de One Direction por el nacimiento de Barry. Creo que lo hizo con la mejor intención, aunque, evidentemente, era una idea disparatada.- asintió Harumi.

-Desde luego. Por suerte, al final todo salió bien, dentro de lo que cabe. Ahora esperemos que Aly consiga arreglar el matrimonio Styles.- añadió la modelo.

-Creo que lo conseguirá. Aly tiene todo el talento de una verdadera psicóloga paciente y entregada. Además, Harry es uno de sus mejores amigos. Hará todo lo posible por conseguir que él y Brianna sean un matrimonio feliz otra vez.- se expresó Harumi antes de comer una cucharada de su helado.

-Bien dicho, muy bien dicho.- Melanie sonrió con orgullo ante las palabras de la muchacha asiática.-Estoy totalmente de acuerdo.-

-¡Claro que sí! Hay que tener fe.- añadió ella.

-Espero poder seguir aquí cuándo todo esté solucionado. Creo que a finales de año debo regresar a Francia.- dijo Melanie.

-¿De verdad? ¿Te marcharás otra vez?- las comisuras de los labios de Harumi se precipitaron hacia abajo en un amago de desilusión y tristeza a medida que su voz perdía energía.

-Sí... Pero, ¡todavía falta mucho para éso! Solamente estamos en mayo, no lo olvides.- Melanie consumió otra cucharada de helado con sirope de caramelo.

-Mel, yo creo que deberías mudarte aquí definitivamente.- opinó Harumi con firmeza.-Te echamos mucho de menos, e imagino que tener una relación a distancia con Liam es muy triste. Necesitamos estar todos juntos aquí.-

-Harumi... Lo sé, y tienes razón. Me siento muy feliz aquí. Pero... Hace años, tuve que trabajar muy duro para poder ser modelo. En ningún otro sitio se le daba tanta importancia a la moda cómo en París. Por éso me fui allí, para perseguir mi sueño. Me costó mucho lograrlo, pero conseguí ser una modelo exitosa. Marcharme de Francia significaría renunciar a todo aquello por lo que luché de joven.- suspiró Melanie con nostalgia.

-Si lo vemos así, te entiendo... Pero yo sé que todos tus seres queridos estamos aquí, aunque también tengas amigas en París. Lo importante es que Liam, tu novio, está aquí. Y cuándo no está ocupado con conciertos o giras junto a los otros cuatro chicos, siempre intenta hablar contigo. Te quiere mucho.- añadió Harumi.

-Y yo a él. Pero del mismo modo que él se debe a su profesión, yo me debo a la mía. Harumi, no te preocupes. Ambos pudimos superar lo que me pasó aquella vez, en París. Mi accidente, mi embarazo desconocido con un desastroso final. Si Liam y yo hemos podido con éso, podemos con cualquier cosa.- dijo, sonriendo, aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas y su voz sonaba insegura.

Harumi cogió una de las manos de sus amigas, fría a causa de sostener la copa de helado.

-Todavía duele, ¿verdad?- preguntó con delicadeza.

-Siempre dolerá.- repuso Melanie.-Aunque en el futuro me quede embarazada de nuevo. Aunque Liam y yo tengamos uno o unos cuántos hijos. Ése fue mi primer embarazo, ése fue mi primer hijo, aunque nunca llegase a nacer. Sí... Siempre dolerá.- añadió con resignación.



~~~

Pasaron tres horas. Aly llamó a Harry para comunicarle que la terapia había finalizado. El cantante, que al final sí había ido al cine con sus cuatro compañeros, se dirigió a casa de Aly para recoger a Brianna, la cuál estaba tomándose un café que Aly le había preparado. Tras recibir a Harry y saludarlo, Aly se lo llevó a la cocina del apartamento para poder hablar con él sin que Brianna los oyese.

-¿Cómo ha ido?- preguntó Harry.

-Bien, he conseguido analizarla de forma detallada.- repuso Aly.

-Y, ¿cuál es tu conclusión?-

-Desde hace tiempo, sabemos que Brianna padece catalepsia, por éso parecía que estuviese muerta y fue enterrada viva, ¿verdad?- empezó a decir Aly.

-Oh, no me lo recuerdes. Me angustia recordarlo.- suspiró Harry, pasándose una mano por el pelo.

-Pues bien, la catalepsia puede ser provocada por varios motivos, pero por lo general la padecen personas con esquizofrenia, psicosis o histeria. Hoy le he prestado mucha atención a Brianna, y creo que padece histeria. Lo sé por algunas cosas que ella me ha contado, ocasiones de su juventud en la que le daban ataques, y cosas así. Su caso no es grave, era mucho peor cuándo ella era una niña, y por suerte siempre ha ido evolucionando para mejor. Pero ésa fue la causa de su catalepsia. Lo cuál nos lleva al punto siguiente.- explicó Aly.

Harry la escuchaba con atención.

-Cuándo se enteró de que estaba embarazada, sufrió otro ataque de histeria. El miedo tomó el control total sobre ella, porque ya estabais casados, unidos, y ella sentía que aquél embarazo podía arruinar tu carrera. Obviamente no era el caso, pero ella, debido a su histeria, no era capaz de razonar con normalidad. Por lo que tomó la decisión de huir a Londres estando embarazada y desaparecer de tu vida. Por supuesto, fue una decisión ridícula, pero en su cabeza tenía sentido y era una idea perfecta. Su capacidad de razonar estaba muy dañada, y por éso tomó esa decisión. No podemos entenderla porque no podemos entender a una persona con histeria.- continuó explicando.

-Entonces... ¿Ella estaba mentalmente inestable cuándo tomó esa decisión?- preguntó Harry, apoyado contra una de las encimeras de la cocina, mirando hacia el suelo.

-Por supuesto. Nadie en su sano juicio haría lo que hizo ella. Contrató a Caroliz para destruir vuestro matrimonio y huyó embarazada a Londres porque en aquél momento estaba completamente inestable, no solo mentalmente, sino emocionalmente.- respondió la rubia.

Harry se frotó la cabeza. Tenía ganas de llorar. Aly lo notó y cogió un vaso de cristal cercano, echó agua en él y se lo ofreció a Harry mientras le acariciaba la espalda con afecto.

-Gracias.- repuso Harry agarrando el vaso y empezando a beber agua.

-Ahora, Brianna está bien, ya que aquél episodio de histeria tan complicado tuvo lugar solamente cuándo se enteró de que estaba embarazada. Pero pudo disimularlo, y creó ese plan. A ella le dolió mucho llevarlo a cabo, pero en su cabeza no cabía otra idea. Ella realmente pensaba que estaba haciendo lo correcto. Así funcionan los trastornos mentales, haces cosas inimaginables, que no tienen ningún sentido, pero que para ti sí lo tienen.- decía Aly.

Harry suspiró, bebió un poco más de agua y dejó el vaso en la encimera.

-Muchas gracias por tu ayuda, Aly. Eres una amiga increíble.- repuso Harry, abrazando a la joven.

-No hay de qué.- Aly le devolvió el abrazo.-Pero ésto no ha terminado aún, Brianna necesita al menos un par de sesiones más de terapia, para que yo pueda ultimar algunos detalles, y entonces, si ambos queréis, comenzaré a haceros la terapia de pareja, y entonces tendréis que venir los dos a la vez.-

-Me parece bien.- Harry se separó del abrazo y se frotó los ojos.-¿Puedo pagarte?-

-Ni hablar. Todavía no me he graduado y no tengo el título de psicóloga. Y de todos modos, cuándo lo tenga, no dejaré que me pagues. Eres mi amigo. Ésto es un favor que os hago.- replicó Aly, negando con la cabeza.

-Pero me gustaría pagarte.- se quejó el cantante.

-Pues te aguantas.- Aly le sacó la lengua.

-Por cierto, ¿le has confirmado a Brianna tu diagnóstico?- preguntó Harry.

-Todavía no. Lo haré más adelante. De todas formas, lo único que ella necesita ahora es apoyo, y saber que no la culpas por lo que hizo. Antes la culpabas, pero ya no. Nadie puede culpar a una persona por tomar una decisión estando mentalmente inestable. Debéis perdonaros y evitar el rencor a toda costa.- añadió Aly con paciencia y tranquilidad, mientras Harry asentía con la cabeza.

Brianna, que los había seguido a escondidas y estaba detrás del umbral de la cocina, apoyó la espalda en la pared y derramó una lágrima. Se sentía horrible, seguía arrepintiéndose de haber huido a Londres estando embarazada, pero a la vez, le reconfortaba saber que no había sido culpa suya.
Oyó pasos y se apartó a toda prisa de la entrada de la cocina, pero Aly y Harry salieron de la cocina en apenas un segundo, y la vieron a ella, de pie en el pasillo, llorando. Aly se acercó, preocupada.

-¿Por qué lloras?- preguntó con voz suave, poniéndole un mano en el hombro.

-Brianna, ¿qué te pasa?- añadió Harry, frunciendo el ceño y acercándose a ambas.

-Nada, nada... Simplemente os he oído hablar. Quería escuchar lo que ibais a decir de mí. Y ahora... Simplemente recuerdo la decisión que tomé, pensando que alejar a Harry de su hijo era lo correcto. Fui tan estúpida... No sé cómo pude hacer aquello. A medida que pasaban los meses me iba dando cuenta de que era una locura, pero ya no había vuelta atrás. Solamente entonces me di cuenta de lo grave que fue lo que había hecho, contratando a Caroliz para acusar a Harry de serme infiel, y darle así un motivo para pedirle el divorcio antes de irme a Londres... No entiendo por qué lo hice, no pensé, simplemente tuve miedo. No sabía como iba a reaccionar Harry a mi embarazo, y tampoco sabía como iba a repercutir en la carrera de One Direction. Fue algo ridículo, y lo siento tanto...- sollozó Brianna, secándose las lágrimas con la mano.

-Brianna, no fue culpa tuya. Tu consciencia, tus facultades mentales, todo eso fallaba y por éso no podías pensar bien. Te asustaste tanto que tu lógica se estropeó a causa del miedo de que un bebé pudiera arruinar la carrera de Harry. No tomaste esa decisión en uso de tus facultades mentales, no fue tu culpa. No pasa nada.- la reconfortó Aly, rodeándola con el brazo mientras agarraba un paquete de pañuelos que había cerca y se lo ponía a Brianna delante.

-Lo siento. He causado muchísima preocupación y muchísimos problemas...- repitió la morena, sacando un pañuelo de papel de la caja que Aly le ofrecía. Se limpió las lágrimas haciendo uso del pañuelito y luego se sonó la nariz silenciosamente.

-Éso ya forma parte del pasado.- intervino Harry, decidido y serio.-Ahora que Aly me ha contado ésto, todo tiene más lógica para mí. No sabías lo que hacías, y para ti esa decisión tenía sentido porque no podías pensar con claridad debido a un trastorno mental. Ahora sé que realmente no fue culpa tuya, y por éso te perdono.- añadió.

Acto seguido, se acercó a Brianna y la abrazó. Ella lloró con más fuerza y le devolvió el abrazo, apretándolo como si fuera un salvavidas. Harry le acarició el pelo a Brianna. Aly los observó, conmovida. Era la primera vez que se abrazaban en muchísimo tiempo.

-Te quiero mucho, Harry. Muchísimo.- murmuró Brianna entre lágrimas.

-Y yo a ti.- repuso el cantante con voz sincera.-Vamos a arreglarlo todo, ¿de acuerdo? Ahora las cosas están más claras y sé por qué lo hiciste. Volvamos a ser como antes.-

-Sí...- asintió Brianna, como si la sola idea de aquello fuera el mejor plan del mundo.

-De nada.- carraspeó Aly, de pie junto al joven matrimonio.

-Aly, gracias por todo.- repuso Brianna, y la abrazó.

-No, ahora ya no vale.- bromeó la rubia, aunque le devolvió el abrazo.

Harry también se sumó y abrazó a ambas chicas. Los tres permanecieron abrazados durante unos minutos hasta que Brianna dejó de llorar. Entonces se separaron.

-Bueno.- repuso Harry.-Podemos irnos ya. Vamos a casa de mi madre a recoger a Barry, y entonces nos iremos a casa.-

-Sí, de acuerdo. Vamos a por Barry, me muero de ganas de darle un abrazo, aunque solamente llevo unas horas sin verlo, pero lo echo mucho de menos.- añadió Brianna.

-Nos vemos pronto, chicos.- dijo Aly, poniéndoles una mano en el hombro a cada uno.

Segundos después, Harry y Brianna se marcharon de allí. Justo entonces, el móvil de Aly sonó. Era Niall, llamándola. Ella descolgó y se pegó el móvil a la oreja.

-Hola, Niall.- saludó.

-EEEEEEEEESTÁ PASANDO.- gritó el irlandés alegremente.

-¿Qué?- Aly frunció el ceño.

-¡ESTÁ PASANDO! ¡ESTÁ PASANDO!- chillaba su novio, feliz y entusiasmado.

Acto seguido empezó a gritar más cosas, pero chillaba muchísimo y su acento irlandés parecía haberse reforzado, de modo que Aly no entendió ni una sola palabra de lo que decía. Trató de decirle que se calmara, pero Niall no la escuchaba.

-Niall, Niall. ¡Niall! Tranquilo. ¡Baja la voz!- exclamó Aly.

Niall gritó un par de veces más y acto seguido empezó a respirar profundamente. Se hizo el silencio.

-¿Y bien? ¿Qué pasa? Me estás asustando.- añadió la rubia.

-¡No, no te asustes, son buenas noticias! Pero tienes que prometer que no se lo dirás a nadie.- repuso el joven.

-Vale, lo prometo.- asintió ella.

-Es que, bufff, sabía que pasaría, pero no tan pronto. Pero está pasando. ¡Está pasando!- volvió a gritar Niall, elevando la voz de nuevo.

-¡¿Qué está pasando, Niall?!- chilló Aly, sintiendo que se impacientaba.

-Vale, un momento.- el irlandés volvió a respirar profundamente para calmarse.

Aly rodó los ojos, aunque sabía que Niall no podía verla. Pasaron otros dos segundos en los que Aly procuró no tirar el móvil al suelo, ir adónde estaba su novio, y darle una patada en el trasero por tenerla en ascuas durante tanto rato.

-¡Otro embarazo! ¡Otro chico de One Direction va a ser padre!- chilló Niall finalmente.

-¿Qué? ¡¿Quién?!- se sobresaltó Aly.

-No te lo puedo decir.- la voz de Niall se volvió neutral de repente.

-¿Cómo que no? ¡¿Y entonces para qué me avisas de ésto?!- se indignó ella.

-Para que te comas la cabeza pensando en quién podría ser.- se rió el irlandés.

-Niall, ¡habla!- insistió Aly.

-No.-

-¡¿Quién?!-

-No.-

-¡Niall!-

-¡Que no!- el cantante volvió a elevar la voz.

-¿Sabes que no voy a dejar de insistir hasta que me lo digas, verdad?- repuso ella colocando una de sus manos en su cadera y alzando una ceja.

-No te lo puedo decir.- gimoteó Niall, dividido.-Se supone que es un secreto.-

-¡Pero si me lo acabas de contar!- se exasperó su novia.

-Sí, pero no te he contado los detalles ni la identidad de...-

-Niall.- lo interrumpió Aly.-Uno.-

El irlandés se silenció antes de hablar de nuevo.

-No, éso no, Aly.- murmuró.

-Dos.- añadió ella.

-¡Noooo!-

-Y.... Tr...-

-¡Vale, vale!- la interrumpió Niall.-¡Te lo diré! Pero por Dios, deja de contar. Das mucho miedo cuándo haces éso, y ni siquiera sé que es lo que harás si llegas al "tres."-

-Y no quieres saberlo.- sonrió Aly, victoriosa.

-Chantajista.- bufó Niall.-De acuerdo, escucha...-




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Al día siguiente, Kai y Celine habían quedado en Central Park para pasear. Celine no le había dicho nada a Kai sobre la reunión con su jefe en aquél café, pues creía que solamente serviría para ponerle celoso y provocar conflictos. Y tampoco pensaba decirle que el jefe se pasaba por la tienda en la que ella trabajaba al menos una vez por semana para "revisar personalmente el estado de los pasteles," mirándola a ella mientras pronunciaba la última palabra. Celine sacudió la cabeza para alejar aquellos pensamientos y se acercó a su novio.

-Hola, Celine.- saludó Kai, sonriendo al verla llegar.-Me alegro mucho de verte.-

-Hola. Y yo a ti.- respondió ella, esbozando también una tímida sonrisa.

Kai la agarró suavemente de las manos y le dio un pequeño beso en los labios, haciendo que la joven se sonrojara.

-¿Cómo estás?- preguntó él.

-Muy bien, ¿y tú?-

-Estupendamente ahora que estás delante de mí.- repuso Kai, abrazando a su bajita novia.

Ella soltó una pequeña risa y le devolvió el abrazo dulcemente. Acto seguido ambos se separaron, se tomaron de la mano y empezaron a caminar por Central Park, el cuál estaba lleno de gente de todas las edades que paseaban de un lado a otro o que simplemente estaban sentados sobre el césped o los bancos. Kai y Celine hablaron de varios temas mientras seguían paseando.

-¿Qué tal los estudios?- preguntó el joven rubio.

-Muy bien, ¿y tú?- repuso ella.

-También bien. Aunque ya sabes, me cuesta aprobar en ocasiones debido a que me distraigo fácilmente, pero lo intento lo mejor que puedo.- respondió Kai.

-Te esfuerzas mucho con los estudios, igual que tu prima Aly.- sonrió Celine acariciando la mano de Kai a medida que paseaban agarrados.

-Sí, ambos somos muy aplicados. Supongo que irá en los genes.- Kai también sonrió.-Y dime, tu trabajo en la tienda de repostería, ¿cómo va?-

-Bien.- Celine bajó la mirada.-Cada vez se venden menos pasteles, porque ahora se acerca el verano y la gente prefiere los helados. Pero por suerte tenemos una clientela diaria, cómo siempre.-

-Me alegro. Ésa marca de pastelería es muy famosa. Una de las empresas de repostería más conocidas. El hombre que las dirige debe de ser extremadamente rico.- reflexionó Kai.

-Supongo que sí, aunque también debe de ser muy creído y déspota.- se quejó Celine.

-Qué raro es oírte hablar mal de alguien.- Kai la miró, extrañado.

-Lo sé, es solamente una suposición. Pensaba en voz alta. Ya sabes, por lo general, los empresarios son muy creídos debido a su gran fortuna, aunque no todos, claro.- se apresuró a replicar Celine, encogiéndose de hombros para quitarle importancia al asunto.

Ambos llegaron a la fuente de Bethesda, uno de los lugares más bonitos de todo el lugar. La rodearon, paseando, sin dejar de hablar de sus asuntos, riendo y bromeando. Celine trató de salpicarle un poco de agua a Kai, pero éste la esquivó, agarró a Celine, la cargó en su espalda, y la llevó a caballito durante unos segundos. Los dos se reían, hasta que Kai, algo cansado de correr, se detuvo y Celine desmontó de su espalda con cuidado.

-¡Éso ha sido muy divertido!- exclamó ilusionada la joven, dando alegres saltitos.

-Lo habrá sido para ti.- rió Kai.-Por suerte pesas poco, pero me sigue costando correr mientras cargo a una persona en mi espalda. Debería practicar más, o de lo contrario no alcanzaré a correr ni diez metros contigo a cuestas. Cómo cansa ésto.- añadió.

-Lo sé. Pero gracias por el breve paseo a caballito.- Celine le dio un beso en la mejilla a Kai y éste sonrió todavía más, agarrando la mano de su novia de nuevo.

-Se suponía que lo de llevarte en mi espalda era una venganza por intentar salpicarme con agua de la fuente, pero al final te lo has pasado bien y todo.- habló Kai, rascándose el cabello rubio.

-Eres tan dulce conmigo que no puedes ni vengarte.- opinó ella, soltando otra pequeña risa de nuevo y apoyando su cabeza en el hombro del chico.

-Tal vez.- Kai se encogió de hombros, sonriendo, y siguió caminando, tirando de la mano de Celine para que retomara la marcha con él.

Ambos siguieron caminando, totalmente ajenos a un hecho escalofriante; el señor Albert Greenlaw, desde una distancia prudente, los había estado observando, más concretamente a Celine. Gracias a sus numerosos contactos, él había conseguido enterarse de que la joven había quedado allí con su novio ése mismo día, y había estado siguiéndolos y espiándolos desde que ambos llegaron.
Se escondió todavía más detrás de un árbol, y observó a Celine del mismo modo que un depredador observa a su presa.
No estaba acostumbrado al rechazo, y definitivamente tampoco estaba dispuesto a rendirse.




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El timbre de casa de Valery sonó. Su adorable perrita, Valerianna, empezó a ladrar cómo si no hubiera un mañana. Valery abrió y se encontró a Brianna en el umbral.

-¡Hola, Bri! ¿Qué tal?- preguntó la rubia alegremente.

-Hola, Val. Bien, simplemente me apetecía verte un rato.- respondió su amiga.

Entró en la casa y Valery cerró la puerta. Brianna se agachó para acariciar a Valerianna, la cuál empezó a lamerle las manos y a dar saltos para saludarla.

-Hola, bonita, hola.- decía ella entre risas.

-¿Qué tal está Barry? Cada vez que lo veo está más grande y más guapo.- habló Valery.

-Barry está bien. Harry se lo ha llevado con él a una tienda de ropa para bebés, le quiere comprar pijamas nuevos de verano. Gracias. por preguntar.- respondió la morena amablemente.

-¿Cómo no voy a preguntar? Al fin y al cabo, ¡soy su madrina! Y lo soy porque tú me elegiste.- repuso Valery con entusiasmo.-Bueno, dime, ¿quieres que te traiga algo? ¿Café, agua, zumo...?-

-Un agua está bien, gracias.- contestó Brianna.

Valery se fue a la cocina mientras que Brianna se agachaba de nuevo y seguía acariciando a la pequeña y amistosa perra. Valerianna ladraba alegremente cada vez que Brianna se reía.

-¿Y qué tal está tu sobrina, Nataly?- preguntó Valery desde la cocina, preguntándose a la hija de Gemma, la hermana de Harry.

-También está estupendamente, aunque hace un par de semanas que no la veo. Harry y yo tenemos que organizar una comida familiar pronto con Gemma y su novio, y con los pequeños, de ése modo Barry podrá jugar de nuevo con su prima Nataly.- respondió Brianna, dejando de acariciar al animal y levantándose, quedándose erguida.

-Hablando de Harry... ¿Cómo va lo vuestro?- quiso saber su amiga, saliendo de la cocina con un vaso de agua. Se lo tendió a Brianna.

-Creo que ya lo hemos arreglado.- dijo Brianna antes de agarrar el vaso y beber un poco de agua.

-¿De verdad?- los ojos azules de Valery se llenaron de esperanza.-¿Cuándo? ¿Cómo?-

-Ayer, Harry me llevó a casa de Aly para que me hiciera terapia. Me propuso la idea hace unas semanas y yo dije que sí, de modo que ayer fuimos y él se marchó. Me quedé a solas con Aly y empecé a hablar con ella, y estuvimos así largo rato.- explicó Brianna en tono calmado, antes de terminarse el agua y dejar el vaso vacío en una mesa cercana.

-¿Y cómo fue?- inquirió Valery.

-Bien, creo que bien. Aly pudo confirmar que he sufrido episodios de histeria, aunque éso yo ya lo suponía porque me pasaba durante mi infancia. Y cuándo me enteré de que estaba embarazada, sufrí otro y por éso tomé la decisión de huir a Londres. Literalmente no sabía lo que hacía, estaba trastornada y no podía pensar bien, de modo que ésa decisión me pareció lógica.- respondió Brianna.

-¿Éso te dijo Aly?-

-Realmente no me lo dijo a mí, se lo dijo a Harry. Se lo había llevado aparte para hablar con él sin que yo los oyera, pero los seguí y lo escuché todo. En su momento no comprendía por qué hice todo éso, pero ahora lo entiendo. Era por mi trastorno. Cuándo escuché a Aly hablando con Harry, no pude evitar echarme a llorar. Quise volver a mi sitio antes de que ellos me vieran, pero me pillaron.- siguió explicando la muchacha, manteniendo la mirada pegada al suelo.

-Y, ¿qué te dijeron?- preguntó Valery con delicadeza.

-Me disculpé por todo, y primero Aly me dijo que no fue mi culpa, que yo no estaba en posesión de mis facultades mentales. Entonces Harry dijo que estaba de acuerdo con ella, y que me perdonaba. Tanto él como yo acordamos arreglar nuestro matrimonio, nos abrazamos y nos dijimos que nos queríamos. Luego abracé a Aly para darle las gracias y Harry nos abrazó a ambas. Fue bonito. Me sentí aliviada... Y feliz. Muy feliz.- añadió Brianna, y sus ojos se iban llenando de lágrimas. Un par de ellas cayeron de sus ojos.

Valery miró a su amiga mientras ésta se limpiaba las lágrimas con las manos. Esperó unos segundos, y entonces se acercó a ella y la abrazó. Brianna le devolvió el abrazo. Ambas permanecieron abrazadas con fuerza, y Valery frotó con afecto la espalda de su amiga para ayudarla a calmarse.

-Todo está bien. Todo irá bien. Estoy muy contenta de que todo se esté arreglando. Mereces ser feliz.- dijo Valery con voz suave, mientras que sentía como las lágrimas de Brianna caían sobre su hombro.-Te quiero muchísimo, eres como mi hermana, lo sabes, y siempre estaré aquí para ti.-

-Yo también te quiero mucho, Val. Gracias.- respondió Brianna con un pequeño sollozo, aunque sonrió de felicidad.

Valery apretó a Brianna con más fuerza, recordando lo destrozada que se sintió cuándo su amiga estaba en teoría muerta, aunque fuese en realidad catalepsia, y lo mucho que la echó de menos durante los meses que estuvo oculta en Londres. Llevaban incontables años siendo amigas, y en efecto, eran como hermanas de distintos padres. Se querían de forma desinteresada e incondicional. El vínculo de las dos muchachas se trataba de una amistad genuina, pura, y ambas se necesitaban mutuamente.

-Bueno.- murmuró Valery, separándose del abrazo. Ella también tenía los ojos llorosos.

-¿Sí?- repuso Brianna, secándose las lágrimas de nuevo.

-Vamos a tranquilizarnos. Creo que ambas necesitamos una buena merienda. Ayúdame a preparar algo. Galletas, tortitas, magdalenas, da igual, lo que sea. Vamos a preparar una merienda espectacular para nosotras mismas. ¿Te parece?- propuso la rubia con renovada alegría.

-Gran idea.- sonrió Brianna, asintiendo con la cabeza. Dejó su bolso en el sofá que tenía al lado.

-Estupendo. Voy a buscar mi libro de recetas, entonces.- repuso Valery con otra sonrisa.

Valerianna volvió a ladrar y ambas jóvenes rieron.

-No, Valerianna.- repuso Valery.-Tú no puedes comer nada de lo que nosotras vayamos a preparar. Eres un perro, el azúcar no es algo bueno para ti.-

-La próxima vez que venga, me aseguraré de pararme antes en una tienda de chuches para mascotas, y compraré unas cuántas chuches de perro para ella.- objetó Brianna agachándose y acariciando una vez más a la mascota de su amiga.

-Ya le compro yo un montón, pero es una impaciente y las quiere todas a la vez.- replicó la rubia rodando los ojos mientras sonreía.

-Motivo de más para que yo también le traiga algunas.- rió Brianna.

Valerianna ladró de nuevo y las dos chicas se volvieron a reír.



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Al día siguiente, domingo 22 de mayo, Harumi caminaba por las calles a paso acelerado. Entró en un pequeño establecimiento, el cuál se trataba de la tienda de pasteles dónde Celine trabajaba. Su amiga estaba tras el mostrador, colocando unas magdalenas de chocolate en fila. Al girarse y ver a Harumi, no pudo evitar sobresaltarse un poco.

-Harumi.- murmuró, y trató de sonreír.-¿Qué haces aquí?-

-¿Tú qué crees?- replicó la japonesa.-Vengo a estar contigo. Hoy tengo el día libre, y no pienso moverme de aquí.-

-¿Por que?- Celine ladeó la cabeza.

-¡Me llamaste anoche llorando, diciéndome que tu jefe te está acosando!- respondió Harumi.

-¿Yo hice éso?- Celine agrandó los ojos.

-¡Claro que lo hiciste! ¿No te acuerdas?-

-No.-

-Me llamaste muy nerviosa, llorando, diciéndome que hace un tiempo tu jefe intentó que salieras con él, y que desde entonces, viene aquí como mínimo una vez a la semana. ¿Cómo es posible que no te acuerdes? ¡Me lo dijiste anoche mismo!- insistió Harumi.

Celine repasó los hechos de la noche anterior.

Celine estaba en su casa con Faline, la cuál no dejaba de beber vino tinto mientras que Celine bebía un zumo de mora del mismo color.

-Necesito ir al baño.- dijo Celine al cabo de un rato.

-Captado. Yo creo que me voy ya a la cama.- repuso Faline.

Mientras su gemela entraba en el baño, Faline se dispuso a coger su vaso de vino, pero en lugar de ello cogió por accidente el vaso de zumo de mora de Celine, ya que ambos vasos eran iguales y ambas bebidas tenían el mismo color. Faline llevó el vaso a la cocina y lo fregó creyendo que era el suyo. Salió y se dirigió a su cuarto mientras hacía un saludo militar, a pesar de que nadie la pudiera ver.

-¡Muy buenas noches, soldado!- gritó antes de meterse en su dormitorio.

-Buenas noches.- respondió Celine al mismo tiempo que salía del baño. 

Se sentó de nuevo en el sofá y siguió viendo la película. Cogió el vaso de vino de la mesa, creyendo que era su vaso de zumo de mora, y se bebió todo lo que quedaba de un trago. Hizo una mueca al notar que el sabor de su bebida había cambiado por completo, pero la película estaba tan interesante que no quería distraerse pensando en aquello. Al cabo de unos minutos, empezó a sentirse mareada. Celine no había tomado alcohol nunca, y por lo tanto, aquella cantidad había bastado para llevarla a un ligero estado de embriaguez. 
Asustada por el repentino mareo, se masajeó la frente mientras notaba que le costaba pensar con claridad. La invadió un profundo miedo y recordó la situación que más estrés le provocaba desde hacía tiempo: lo de su jefe. Necesitaba contárselo a alguien. Jamás se lo habría contado a nadie, pero en aquél momento lo necesitaba de verdad, y no sabía por qué. Ni se imaginaba que se había bebido por accidente el vino de su hermana.
Empezó a llorar ante los nervios, el miedo y los fuertes mareos. Agarró su móvil y empezó a pasar contactos. Reparó en el nombre de Harumi. Era una amiga buena, fiel y leal, pensó Celine. Pulsó "llamar" sin ninguna duda.

-¿Hola?- preguntó la voz medio adormilada de Harumi.

-Harumi.- sollozó Celine.-¿Puedes hablar?-

-Claro. Bueno, estaba quedándome dormida en el sofá, pero me has hecho un favor ya que necesito irme a la cama. Pero antes dime, ¿qué pasa?- respondió Harumi.

-Tengo que contarte algo.- murmuró Celine.-Es sobre mi trabajo... Sobre mi jefe. El jefe de la empresa de la tienda en la que trabajo. Verás...-

Celine iba recuperando poco a poco los fragmentos de aquél momento, aunque le costaba recordar el resto, ya que había estado más o menos borracha debido a que ella no bebía nunca y aquél poco alcohol que bebió por accidente había bastado.

-Oh, Dios.- susurró, llevándose una mano a la frente.-Lo siento mucho.-

-¿Por qué? Hiciste bien en contármelo.- replicó Harumi.

-No, no. Fue sin darme cuenta. Suena estúpido, pero me bebí por accidente el vino de mi hermana creyendo que era mi zumo de mora. Nunca bebo alcohol, así que en seguida me encontré mal. Te llamé sin querer, por eso tampoco me he acordado hasta ahora.- explicó Celine.-De todas formas, lo que te dije no era verdad. Fue una tontería que solté porque había bebido, aunque fuese sin querer.- mintió para proteger a Harumi y evitar que se preocupara.

-Celine, estabas llorando.- rebatió Harumi cruzándose de brazos.

-Supongo que hasta yo misma me creí lo que te estaba contando. Pero no es verdad, en serio.- se apresuró a responder la joven.

-Corre el dicho de que los borrachos siempre dicen la verdad.- insistió Harumi.-Sé que me dijiste la verdad, aunque fuese sin querer. No intentes negarlo ahora para no preocuparme. Me voy a quedar aquí contigo, te guste o no.- sentenció firmemente.

En aquél momento, por la puerta entró el señor Albert Greenlaw. Celine se tapó la boca con ambas manos. Harumi se giró y fingió estar mirando unos pasteles de crema que había tras el cristal de otro mostrador.

-Buenos días.- repuso Albert.

-Buenos días, señor Greenlaw.- respondió Celine, tratando de evitar que le temblara la voz.

-Vengo de nuevo para revisar el local. ¿Todo bien por aquí?-

-Por... Por supuesto.- asintió Celine, y tragó saliva ruidosamente.

-Me alegra ver que todo está en perfectas condiciones, especialmente los pastelitos.- repuso Albert en tono descarado, mirando a Celine de arriba abajo.

Cualquier otra clienta habría interpretado ése comentario de forma literal, pero Harumi, conociendo la situación, captó el doble significado y se giró de golpe, mirando al hombre.

-Disculpe, señor, que maleducada he sido al no presentarme.- intervino.-Por cómo Celine habla con usted, debe de ser el jefe. Mi nombre es Harumi Yuriko. Soy la pareja de la señorita Parker.-

Celine abrió mucho los ojos y miró a Harumi. El señor Greenlaw parpadeó.

-¿Pa... Pareja?- murmuró.

-Sí. ¿No le comentó la señorita Parker que tiene una relación estable?- repuso Harumi, tratando de sonreír.

-Sí, pero... No sabía que...-

-¿En algún momento especificó que su pareja fuese un chico?- Harumi ladeó la cabeza.

-No.- replicó él.

-Pues ahí tiene la respuesta.- Harumi entrecerró los ojos mientras sonreía.-Celine Parker es mi novia. Y ambas somos muy felices juntas.-

-Harumi...- dijo Celine en un hilo de voz, queriendo preguntarle qué estaba haciendo.

Harumi miró a Celine y alzó ambas cejas.

-¿Verdad que sí, mi amor?- preguntó entre dientes.

Celine, comprendiendo, asintió con la cabeza y miró al señor Greenlaw.

-Sí... Sí, sí, somos muy felices juntas. En fin, señor Greenlaw, me alegro de que haya conocido a mi pareja. Ha venido a verme en mi jornada laboral y poco más.- añadió tratando de parecer convincente.

-Y también para asegurarme de que nadie la molesta.- intervino de nuevo Harumi.-Celine es una chica muy guapa, y no me gusta la idea de que nadie trate de conquistarla, sobretodo teniendo en cuenta que no está soltera.- dijo Harumi, desafiante, mirando al señor Greenlaw directamente a los ojos.

El hombre recapacitó y decidió que no se creía ni una sola palabra de aquello. Recordó que había visto a Celine y Kai juntos en el parque, abrazándose, caminando de la mano, besándose, y sabía de sobra que aquél joven rubio era la verdadera pareja de Celine. Por lo que la muchacha japonesa trataba de engañarlo, y Celine colaboraba con ella. Aquello solamente podía significar que Celine le había contado a alguien las intenciones de su jefe. El señor Greenlaw sonrió.

-Desde luego, tiene mucha suerte de estar con alguien como Celine. En efecto, es una joven preciosa y una de mis mejores empleadas.- respondió amistosamente. Si les decía que sabía que mentían, y que sabía la verdad, entonces ellas descubrirían que había estado siguiendo a Celine a sus citas con Kai, acosándola en las sombras. Por lo que les siguió la corriente con mucho gusto, fingiendo que habían conseguido engañarlo cuándo él en realidad sabía la verdad.

-Gracias.- replicó Celine con timidez, notando en su interior una mezcla de miedo y alivio.

-En ése caso, me retiro. Debo seguir revisando las demás tiendas de mi empresa, al fin y al cabo están por toda la ciudad.- se rió Albert.-Tengan un buen día, señoritas.-

Y sin más, salió de la tienda. Celine respiró, aliviada, y Harumi sonrió. Celine soltó un gritito de felicidad y se acercó a Harumi, abrazándola.

-¡Gracias! ¡Gracias! Has tenido una maravillosa idea. Seguro que ahora me deja tranquila. No puede seguir acosándome si se piensa que me gustan las chicas. ¡Muchas gracias!- chillaba mientras abrazaba a su amiga.

La joven oriental le devolvió el abrazo.

-¡Exacto! Éso mismo he pensado yo. Menos mal que nunca le especificaste que tu pareja es un chico. Gracias a éso, hemos podido engañar a tu jefe. Ahora él creerá que te gustan las chicas y que no tiene ninguna oportunidad contigo, porque él es un chico. ¡Ahora te dejará en paz!- asintió.

-Mil gracias. Has tenido la mejor idea del mundo. ¡Seguro que no le vuelvo a ver en mi vida!- decía Celine, separándose del abrazo y aplaudiendo sus pequeñas manos pálidas.

-Que aprenda un poco a dejar de acosar. Menudo estúpido.- Harumi se cruzó de brazos y negó con la cabeza. Miró alrededor de nuevo y añadió:-Oye, que buena pinta tiene todo. Mira, ya que estoy aquí, voy a llevarme algunos postres.-

-Estupendo.- Celine asintió, sonriendo, y se colocó detrás de la caja registradora.-¿Cuál primero?-

Harumi se acercó a otro mostrador y señaló un pequeño bizcocho de chocolate con crema por encima.

-Un trozo de ésto. También quiero dos magdalenas, una normal y otra de chocolate. Y un pastelito relleno de nata. Luego, unas cuatro o cinco galletas glaseadas. Y también...- dictó.

-Vale, vale, más despacio, no me da tiempo a agarrarlo todo a la vez.- rió Celine.

Fuera, en el exterior, el señor Greenlaw se había subido a su lujoso coche, más caro de lo que alguien pudiera imaginar, y repiqueteó sus dedos sobre el volante.

-Tratando de engañar a un empresario...- murmuró.-Tendré que ocuparme de la insolente muchacha japonesa para que aprenda a no mentir. Ya me ocuparé más adelante del niño rubio escuálido. Él es la verdadera pareja de Celine. Y éstas dos jovencitas mintiéndome a la cara. Aunque claro, ¿cómo iban a saber que conozco la verdad? No tienen ni idea. Y no deben tenerla. Discreción ante todo.- siguió diciendo, hablando consigo mismo.

Atándose el cinturón de seguridad, arrancó el coche y empezó a conducir, marchándose de allí.




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Cayó la noche. Brianna se cepillaba el cabello delante del espejo del baño mientras observaba su reflejo para asegurarse de que no se dejaba ningún mechón sin despeinar. En ésos momentos, entró su marido, Harry, y la contempló con dulzura durante un par de segundos antes de hablar:

-Barry se ha dormido. He estado cantándole durante diez minutos pero ha valido la pena.- comentó, apoyándose en la encimera del baño.

-Me alegro mucho de que por fin se encuentre mejor. Ahora podrá volver a descansar bien mientras duerme. Ésa fiebre me tenía muy preocupada.- opinó ella mientras continuaba cepillándose la melena.

-Lo sé, y a mí. Sobretodo teniendo en cuenta que la salud de los bebés es bastante frágil y delicada. Pero por suerte, Barry ya está mucho mejor. 

-Éso es porque lo cuidas mucho.- opinó Brianna, dejando el cepillo a un lado y girándose hacia su marido.-Y yo... En fin, soy un desastre.-

-No digas éso.- rebatió Harry.-Que estés sensible por la terapia de Aly no significa que no cuides a Barry. Yo sé que le prestas toda tu atención. No seas tan dura contigo misma.-

-Lo sé... Simplemente quiero mejorar rápido. Pero ya estoy muy feliz de que todo esté arreglado entre nosotros.- asintió ella, acercándose y apoyando su cabeza en el pecho de su marido.

-Yo también. Todo se ha aclarado y la explicación no te perjudica. No tienes de qué preocuparte. Tomar ésa decisión no fue culpa tuya. Desde que Aly me lo explicó todo, sé que puedo volver a confiar en ti. Sé que no ha cambiado nada, porque tú no hiciste aquello a propósito, no podías pensar de manera normal y no sabías lo que hacías. Lo entiendo y lo acepto. No fue culpa tuya. Por éso tienes todo mi apoyo.- repuso él mientras rodeaba con sus brazos la espalda de su mujer, acercándola más a él y estrechándola entre sus brazos mientras ella se recostaba contra él.

-Gracias, Harry. Estoy muy aliviada, de verdad. Lo siento tanto... Lo siento tanto por todo...- murmuró ella, reprimiendo sus ganas de echarse a llorar de nuevo.

Harry colocó sus manos en las mejillas de su esposa.

-Deja de disculparte.- murmuró el cantante con voz calmada.

Ella parpadeó sin querer, haciendo que las lágrimas cayeran de sus ojos. Harry se las secó con el pulgar, y, acto seguido, plantó un pequeño beso en los labios de Brianna. Ella agrandó los ojos en respuesta, pero en seguida los cerró y le devolvió el beso. Hacía muchísimo tiempo que no se besaban. Tanto, que para ellos era cómo revivir su primer beso. Ambos habían olvidado el tacto de los labios del otro sobre los suyos propios, y aquél contacto hizo que ambos sintieran que flotaban en al aire. Permanecieron así durante unos cuántos segundos, hasta que se separaron y Harry pegó su frente con la de Brianna. Los dos notaban un leve cosquilleo en los labios, en la cabeza y en el estómago. Se sonrojaron debido al largo período de tiempo que habían estado sin besarse. Les resultaba algo vergonzoso, pero a la vez, les hacía enormemente felices.

-Todo está bien ahora, ¿de acuerdo?- susurró él mientras la miraba.

Ella asintió, mirando al suelo. Acto seguido lo miró a él y suspiró de felicidad.

-Te quiero mucho, Harry.- repuso con un breve sollozo.

-Y yo a ti. Te quiero con locura. Barry y tú sois las dos personas más importantes de mi vida. Y estoy muy feliz de que estemos los tres juntos y bien.- respondió Harry, abrazando a su esposa una vez más.

Ella sonrió de pura felicidad y le devolvió el abrazo a su marido.



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Aly caminaba en círculos, muy nerviosa. Hacía dos días que Niall le había contado aquello, y todavía no se lo podía creer. Otro bebé en One Direction. Algo que podría poner en peligro la carrera de los cinco chicos. Aunque trataba calmarse a sí misma, pensando que, si Barry no lo había hecho, un nuevo bebé no tenía por qué hacerlo. Pero no era lo mismo tener a un miembro de la banda el doblemente ocupado con un hijo que a dos. Los chicos ya estaban muy ocupados de por sí, y tener descendencia haría que estuvieran todavía más ocupados. Ésa era una de las desventajas de ser famosos a nivel mundial. En algún momento, quizás tendrían que elegir entre sus carreras o sus familias, lo cuál nunca acababa bien.
Aly le había prometido a Niall no decírselo a nadie, pero solamente habían pasado dos días y ya estaba estresada. Quería tratar el tema, quería saber más. Pero en aquél momento Niall estaba ensayando con los chicos, y ella no podía decírselo a nadie más. De modo que agarró su diario, buscó un bolígrafo, se tumbó en su cama, y empezó a escribir:

"No me lo puedo creer. Antes de ayer, Niall me contó algo increíble. Me llamó por teléfono y mencionó que otro de los chicos de One Direction iba a ser padre, pero no quiso aclararme cuál. Tras varios minutos insistiendo, conseguí que lo dijera, aunque prometí no decírselo a nadie. Pero necesito desahogarme y por éso lo escribo aquí. Estoy preocupada porque no quiero que la carrera de One Direction se vea afectada, aunque por suerte, ése no fue el caso cuándo nació Barry, el bebé de Harry y Brianna. Pero un bebé más entre los cinco chicos podría desagradar a la discográfica que se ocupa de representarlos. De modo que no sé lo que va a pasar, nadie lo sabe... Solamente puedo pensar en una cosa... Y éso es en desearle suerte a los futuros padres del bebé.
Buena suerte, Zayn. Buena suerte, Perrie."


3 comentarios:

  1. ¡Por fin, después de meses, aquí está el capítulo! Me gustaría disculparme una vez más por la tardanza. Lo siento muchísimo. Espero que os haya gustado y también espero que éstos parones tan largos no se vuelvan a repetir, ya que éste fue por causas ajenas a mi voluntad. Ahora empezaré a escribir el siguiente. ¡Muchísimas gracias por leer y por seguir aquí!
    ¡Un abrazo!

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    1. Hola cielo! Te acuerdas de mí? Si, si, soy la loca psicopata que te dejo un comentario de mil páginas en la entrada anterior 😀. Bueno, qué tal estás? En verdad espero que muy bien. Y sobre el capítulo... no se que decirte. Está Tan admirable y maravilloso como recordaba. Lo cierto es que cree que no sentiría lo mismo al leerte, pero me equivoque. Y no es qué no confiara en tu indudablemente enorme capacidad para escribir, sino que más bien fue el tiempo que transcurrió.. pero no, todo sigue igual. Sigues cautivándome cómo el primer día 😍😍😍. Comencemos por partes: primero que todo, me alegra muchísimo que los Stiles estén trabajando en su relación, se les echaba de menos. Luego está Celine, me preocupa mucho la situación con el estúpido de su jefe, más le vale dejarla en paz ☹️. Luego están Niall y nuestra aspirante a psicóloga, son adorables. Me RI dos mucho con ciertas escenas

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    2. ¡Muchas gracias! Me alegro mil de que te haya gustado el capítulo y te agradezco mucho el apoyo ^^ Un abrazo.

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