miércoles, 6 de enero de 2016

120- La señora Styles desaparece


Aly y Melanie se abrazaron de nuevo, y, agarradas del brazo, salieron de Central Park y se dirigieron a una cafetería cercano. Pidieron un par de cafés y se sentaron en una mesa para dos.
Aly tenía el rostro lleno de ilusión ante el regreso de su vieja amiga. Melanie, por su parte, parecía tan tranquila, calmada y pensativa cómo siempre, pero su sonrisa cerrada se mantenía. Estaba mucho más guapa de lo que Aly recordaba. Se notaba que estaba feliz de haber vuelto al hogar de sus amigos.

-Bueno, ¿qué tal todo por aquí? Ha pasado un año, en realidad casi dos, y... Me gustaría saber cómo han ido las cosas durante todo éste tiempo. Aunque me he mantenido en contacto con Liam, pero tú sueles contarme los detalles mucho mejor.- habló Melanie removiendo su café con la cuchara.

-Las cosas han sido... Raras últimamente.- Aly bajó la mirada y se rascó la cabeza con suavidad.

-Vi la boda de Harry y Brianna por las noticias. Y de hecho intenté venir por todos los medios, pero no me concedieron el permiso para dejar París.- suspiró la morena, visiblemente decepcionada.

-De hecho, acabo de salir de casa de Harry... Ha habido mucha movida.- repuso Aly.

-¿Qué ha pasado?- Melanie frunció el ceño levemente, mostrando su interés y su preocupación.

-No sé si lo sabes, pero desde hace unos días, han surgido muchos rumores de que Harry tiene una amante. Una joven que conoció y de la que se hizo amigo. Se filtraban muchas fotos de ellos dos abrazándose, y luego una supuesta foto de ellos dos besándose, aunque no se veía la cara de Harry, pero su pelo era el mismo. No obstante, Harry juraba que le era fiel a Brianna. Brianna y Harry tuvieron una discusión muy fuerte. Entonces, Brianna le dijo a Harry que ella también tenía un amante. Y hoy mismo le ha mandado la petición de divorcio. Lleva horas desaparecida y no coge el teléfono.- informó Aly de un tirón, haciendo pausas de breves segundos para pensar y mantener la calma.

Melanie asintió levemente, mirando su café, y parpadeó muy seria tratando de procesar toda aquella información. Aly sonrió por dentro. No se acordaba de que hablar con Melanie era igual que hablar con Liam. Las reacciones de Liam y Melanie ante cualquier tipo de situación eran muy similares. Ambos eran casi la misma persona, sólo que en masculino y femenino. Por éso hacían tan buena pareja, pese a todas las dificultades que habían tenido.

-Harry no le ha sido infiel a Brianna. Yo sé que él nunca le haría éso. Ha cambiado mucho desde que la conoció, ¿no?- dijo al cabo de varios segundos en silencio.

-Exacto, éso es lo que pensamos todos... Pero... Es todo tan confuso.- suspiró Aly.

Melanie dio un sorbo de su café.

-Siendo sincera, tampoco creo que Brianna le haya sido infiel a Harry.- añadió.

-Harry dice que pudo notar la sinceridad en las palabras de Brianna. Él la conoce lo suficiente cómo para saber cuándo miente y cuándo no... Éso es lo que me temo. Brianna le ha dicho la verdad.- contestó Aly,

-¿Y dices que hoy mismo le ha dado los papeles del divorcio cuándo todo ésto empezó hace apenas unos días? Éso significa...- empezó a decir Melanie.

-Sí, lo sé. Significa que Brianna ya tenía los papeles del divorcio preparados hace tiempo. Los chicos de One Direction y yo también lo hemos pensado. Éso sólo refuerza el hecho de que lo que ella dice sea verdad... Y de que realmente le haya sido infiel a Harry con un amante.- Aly bajó la mirada, cogió su taza de café y le dio un sorbo.

-Todo ésto es muy extraño.- concluyó Melanie volviendo a remover su café usando la cuchara.

-Sí... Y me siento mal por Harry.- dijo Aly mientras se apartaba el flequillo rubio de la frente.

-Harry... Me pregunto cómo estará ahora mismo.- suspiró Melanie.




~~~


-Me habíais prometido que nadie se interpondría entre mi matrimonio y el de Brianna.- susurró Harry.

Sus palabras significaban que no culpaba a sus amigos de lo ocurrido ni muchísimo menos. Simplemente que había recordado el día que los otros cuatro chicos le hicieron aquella promesa.

-Lo sabemos, Harry.- suspiró Niall.

-Pero... no hay nada que podamos hacer. Brianna no coge el teléfono.- repuso Zayn con su móvil en su mano y sentándose junto a Harry.

Los cinco seguían en la casa de Harry y Brianna... Bueno, ahora sólo de Harry, al parecer. Había pasado un rato desde que habían llegado y habían encontrado la demanda de divorcio, a Brianna desaparecida, y la ropa de ésta también. Aly se había ido momentos atrás.

-Harry, ¿necesitas hablar?- quiso saber Liam.

Harry, sentado en el sofá, seguía mirando los papeles del divorcio con el rostro impasible. Negó con la cabeza de forma muy sutil, sin apartar la mirada de los papeles.

-No. No necesito hablar.- murmuró en respuesta.

-Y... ¿necesitas compañía?- trató de hablar Louis con delicadeza.

Ésta vez, Harry asintió.

-Sí.- volvió a murmurar.

Los otros cuatro jóvenes se miraron entre ellos y asintieron, suspirando. Se sentaron en los sofás, y en el mismo en el que estaba Harry. Zayn, sin saber qué hacer, encendió la televisión. Los cinco estuvieron el resto de la tarde en silencio. Cuatro de ellos mirando la televisión, uno mirando los papeles del divorcio que su esposa acababa de dejarle.
De repente, el móvil de Liam sonó. El joven se levantó y se fue a la cocina, descolgando.

-¿Hola?- dijo.

-Hola Liam, soy Aly.- dijo ella al otro lado.

-Hola Aly, ¿qué pasa? ¿Hay noticias sobre Brianna?- quiso saber Liam, aunque supuso que no, porque de haber sido así, Aly habría llamado a Harry, y no a él.

-No, pero debo hablar contigo sobre algo. Sólo contigo. Necesito que vengas a Central Park. Y ven tú sólo, por favor. No le digas nada a los demás chicos.- respondió Aly en tono misterioso.

-¿Ha pasado algo malo?- se preocupó Liam.

-No, en absoluto. Confía en mí.- añadió Aly.

Liam suspiró, se despidió de ella y colgó. Acto seguido volvió al salón.

-Chicos, debo irme un momento. ¿Estarás bien, Harry?- quiso saber.

El cantante de pelo rizado no contestó. Los demás miraron a Liam.

-No te preocupes, nosotros nos quedaremos con él.- le dijo Zayn afectuosamente.

-De acuerdo. Lo siento... Volveré pronto. Espero.- parloteaba Liam, intrigado sobre lo de Aly, mientras salía de la casa de Harry y cerraba la puerta tras de sí.

Tras varios minutos llegó a Central Park. Aly lo estaba esperando en una de las entradas de éste, de modo que a Liam no le costó encontrarla. Ella lo agarró de la muñeca.

-Vamos, tenemos que llegar al puente blanco.- decía Aly alegremente mientras tiraba de Liam.

-Pero Aly, ¿qué es lo que pasa?- preguntó Liam.

-¡Ya lo verás!- Aly sonrió de nuevo y volvió a tirar de la muñeca de Liam, arrastrándolo.

Finalmente ambos llegaron al puente blanco. Se colocaron en el centro de éste y Aly finalmente soltó la muñeca de Liam. Éste suspiró con suavidad, intrigado y a la vez cansado.

-Dime Aly, ¿de qué teníamos que hablar?- dijo.

-En realidad, de nada.- Aly esbozó una sonrisa emotiva de nuevo y agarró a Liam de los hombros.-Pero quédate aquí, ¿de acuerdo? No te muevas ni un centímetro, estás perfecto aquí. ¡Quédate quieto!- gritó mientras soltaba a Liam y se alejaba corriendo.

Liam iba a preguntarle qué demonios estaba pasando, pero decidió confiar en ella y obedecer, quedándose quieto, algo tenso. Aly corrió hacia detrás de un árbol, dónde Melanie estaba esperando.

-¿Lista?- preguntó Aly cogiendo a su amiga del brazo alegremente.

Melanie asintió con la cabeza, respiró profundamente y echó a caminar. Aly se quedó escondida detrás del árbol. Melanie caminaba a paso tranquilo, resistiendo el impulso de echar a correr hacia Liam. Éste le daba la espalda. Melanie finalmente llegó hasta dónde él estaba y lo observó. Respiró profundamente de nuevo y le dio un suave toque en la espalda con la mano.

-¿Hm?- Liam se giró algo confuso.

Y de repente, sus ojos se abrieron cómo platos al ver a Melanie. Ella sonrió, notando que sus propios ojos se llenaban de lágrimas. Los labios de Liam se entreabrieron.

-Hola... Liam.- saludó Melanie con la voz más dulce que pudo.

-¡Melanie!- gritó el cantante, incrédulo.

Acto seguido la abrazó con todas sus fuerzas. Ella lo abrazó de vuelta, sonrió ampliamente y permitió que las lágrimas de felicidad cayeran de sus ojos. Liam también estaba casi llorando.

-¡¿Pero qué haces aquí?!- gritó el, con la voz cargada de emoción.

-¡He venido porque quería estar contigo, con Aly, con los chicos, con Harumi, con todos mis seres queridos! No aguantaba más tiempo... Tengo a mis amigas en París, sí, pero... Lo más importante de mi vida eres tú y ya hemos estado distanciados demasiado tiempo.- decía Melanie entre sollozos, aferrándose al abrazo de Liam.

-Shhh, tranquila...- Liam le acarició el pelo y le besó la cabeza.

Estuvieron abrazados varios segundos hasta que Melanie dejó de llorar. Acto seguido Liam se apartó un poco de ella, le sostuvo los hombros con ternura y la besó en los labios con afecto y amor. Melanie rodeó el cuello de Liam con sus brazos y le devolvió el beso, notando cómo la felicidad se desbordaba desde su interior.
Y Aly, desde detrás del árbol, lloraba cómo si estuviera viendo un drama romántico. Se sacó un pañuelo de los bolsillos del pantalón (los había colocado antes pues sabía que iba a llorar) y se secó las lágrimas, acto seguido lo colocó sobre su cara y se sonó la nariz ruidosamente varias veces.



~~~

Era por la tarde cuándo el avión despegó. Se dirigía fuera del país, a un lugar bastante lejano. Los pasajeros que viajaban en familia o en grupo hablaban de forma animada y feliz, entusiasmados. De repente, una voz femenina y gentil resonó por todo el avión:

-Señores pasajeros, por favor, vuelvan a sus asientos. Dentro de quince minutos efectuaremos el aterrizaje. Rogamos que se abrochen los cinturones y disfruten de los últimos minutos del vuelo.- repuso con educación la voz femenina. Acto seguido otro pitido.

Los pocos pasajeros que estaban de pie o en el baño obedecieron y regresaron a sus respectivos asientos a toda prisa. Todos se abrocharon los cinturones de seguridad mientras que el avión seguía volando por el cielo. En efecto, tras quince minutos exactos el avión se inclinó de manera muy pronunciada, sacando sus ruedas, y, poco a poco, se fue acercando al suelo hasta posarse sobre éste. Tras varios minutos así, avanzando por la pista, se quedó quieto y todos los pasajeros aplaudieron.

-Hemos llegado a nuestro destino. Esperamos que hayan disfrutado de su viaje. Por favor, recuerden recoger sus maletas directamente del avión, para posteriormente salir con ellas del aeropuerto. Disfruten de su estancia aquí. Gracias por volar con nosotros.- volvió a hablar la voz femenina.

Todos se fueron levantando y saliendo del avión. Recogieron sus maletas y entraron en el aeropuerto. Allí varias personas esperaban para coger vuelos y salir del país, y muchas otras esperaban a los recién llegados. Se producían muchos reencuentros llenos de abrazos y lágrimas de felicidad. Había muchísima gente allí.
Una joven cruzó todo el aeropuerto, arrastrando sus dos maletas de ruedas tras de sí. Llevaba un bolso, iba vestida con un bonito vestido blanco y sobre éste, una larga chaqueta grisácea. Sobre su cabeza llevaba un sombrero del mismo color de la chaqueta. Caminó a paso tranquilo por todo el aeropuerto hasta alcanzar las puertas y salir al exterior, cosa que llevaba esperando hacer desde que aterrizó.
Respiró el aire de aquél lugar. Varios vehículos cruzaban la carretera y la joven se acercó, llevando sus maletas de ruedas consigo. Miró alrededor atentamente, contemplando aquél lugar. Por fin estaba allí. Suspiró, y, arrastrando de nuevo sus dos maletas, pidió un taxi. Lo conducía un hombre mayor. Brianna colocó sus maletas en el maletero, y acto seguido se sentó en la parte de atrás.

-Buenas tardes.- dijo el taxista amablemente.

-Buenas tardes.- respondió ella.

-¿Adónde la llevo, señorita?- preguntó con educación.

-Acabo de mudarme aquí...- respondió ella en tono neutral, impasible, indiferente.-Y quiero llegar a mi nueva casa. Ahora le indicaré la dirección.-

Unos segundos después, el taxi empezó a moverse. Brianna miraba por la ventana todo el rato, con su frente ligeramente apoyada en el cristal de ésta. Veía las calles de aquél lugar, dejándolas atrás una por una. Hacía bastante frío, aunque la temperatura dentro del taxi era agradable. La joven cerró los ojos y suspiró, tratando de relajarse.

-¿Señorita?-

Brianna abrió los ojos.

-Señorita, ya hemos llegado a la dirección que me indicó.- dijo el anciano taxista, girándose para mirarla.

Ella se apartó de la ventana y se frotó los ojos. Se había quedado dormida sin darse cuenta. 

-Oh, claro... Gracias.- murmuró tratando de sonreír.

Pagó al taxista, salió, abrió el maletero y recogió sus maletas. Acto seguido cerró el maletero, se despidió del taxista y éste se puso en marcha de nuevo.

-Gracias, señorita. Que tenga un buen día.- repuso.

-Sí, igualmente.- repuso Brianna.

Acto seguido el taxi se alejó. Agarrando sus maletas, la joven empezó a andar por aquellas calles.  Las casas eran pequeñas pero muy bonitas, y todas tenían cierto parecido entre sí, pero tenían encanto. 
Tras un par de segundos paseando, llegó a su hogar. Lo observó durante unos instantes y acto seguido se acercó al portal. Sacó sus llaves de su bolso y abrió la puerta. Arrastró sus maletas de ruedas al interior y cerró la puerta. Sacó unos papeles de su bolso y los leyó.

-Espero que no tarden en traerme a Fab...-

Fue interrumpida por el sonido del timbre. Se giró hacia la puerta de nuevo y la abrió. Un señor adulto llevaba una pequeña jaula de plástico. Se la entregó a Brianna, ésta la cogió y le pagó más dinero al señor.

-Gracias.- repuso.-Siento no haberlo recogido yo directamente, pero tenía que llegar a mi nueva casa cuánto antes.-

-No se preocupe.- respondió él.-Buen día.-

-Adiós.- Brianna asintió y cerró la puerta de nuevo.

Colocó la jaula en el suelo y la abrió. Fabbie salió de ésta ladrando. Ella cogió al pequeño perro en brazos y le dio un beso en la cabeza.

-Ya está, tranquilo... Sé que no te gusta ir en avión, y lo siento... Pero no quería estar sola aquí, por éso te he traído conmigo.- decía mientras lo acariciaba.

Aún con el perro en brazos, se dirigió al sofá más cercano y se sentó, colocando a Fabbie sobre sus rodillas. La casa estaba amueblada con lo básico, ella debería ir colocando todas sus cosas y también debería comprar más muebles para poder vivir cómoda. El pequeño yorkshire le lamió la nariz a su dueña, y ella soltó una pequeña risita.

-Supongo que tienes hambre y sed. Ha sido un vuelo largo, varias horas en el avión...- repuso Brianna.

Colocó a Fabbie en el suelo, se levantó y abrió sus dos maletas. Sacó el comedero y el bebedero de su perrito, puso uno en el suelo y llevó el otro a la cocina. Echó un poco de agua y lo puso en el suelo, junto al otro. El perro, en seguida, empezó a beber, estaba sediento. Brianna lo miró y sonrió. Acto seguido se dirigió de nuevo al sofá y se sentó tímidamente.

-Bueno...- suspiró.-Éste es nuestro nuevo hogar.-



~~~


Pasaron un par de días, siendo ya marzo. Brianna no era localizada. Al parecer, incluso se había cambiado el número de teléfono. Los padres de Brianna sabían adónde se había mudado, pero cada vez que alguien les preguntaba, sus respuestas eran:

-No tenemos ni idea de lo que está pasando...- el padre de Brianna.

-No sabemos por qué se ha ido.- la madre de Brianna.

Ambos usaban aquellas preguntas para esquivar el "¿Dónde está Brianna?" y de ése modo, consiguieron cumplir lo que su hija les había pedido, manteniendo en secreto el lugar al que se había ido. Y en cierto modo, era cierto; los padres de Brianna sabían adónde se había mudado su hija, sí, pero no por qué. Ella no les había dado ninguna explicación.

Los papeles del divorcio que Brianna le había dado a Harry eran un tanto especiales, pues lo único que hacía falta para ejecutar ése divorcio era que Harry firmara los papeles, sin necesidad de ir a juicio, pues en los papeles Brianna había escrito que no quería nada de Harry, que él podía quedarse con todo. De modo que todo lo que Harry debía hacer para estar divorciado de Brianna era firmar. Pero el cantante no firmaba los papeles. Quería saber qué estaba ocurriendo, pero no había forma de localizar a Brianna. Era cómo si se la hubiese tragado la tierra. No entendía nada de lo que pasaba, y estaba dolido. 
Muy dolido.



~~~

Pasó un mes, llegando abril. 

-¡AAAAAAAAHHHHHHH!- gritó Gemma a voz en cuello, dolorida, sosteniéndose la barriga.

Estaba siendo llevada en una camilla de ruedas por los pasillos del hospital. Tyler, su novio, iba corriendo detrás de la camilla, la cuál era empujada por tres médicos. Harry también, y Anne, la madre de él y de Gemma, los seguía a varios metros, demasiado cansada cómo para correr a la misma velocidad que los dos jóvenes.

-¡Aguanta, Gemma, hermana!- gritó Harry, preocupado. Acto seguido su voz cambió a un tono extremadamente feliz, y dio un gran salto de pura alegría mientras seguía corriendo.-¡¡Voy a ser tío!! ¡¡VOY A SER TÍO!!-

-¡Ya lo sabemos! ¡Y yo voy a ser abuela!- chilló Anne corriendo tras su hijo.

Niall, Liam, Louis, Zayn, Aly y Des Styles (el padre de Harry y Gemma) iban intentando correr junto a los otros tres por el pasillo del hospital, pero en lugar de éso, iban caminando rápido mientras resoplaban de puro cansancio. Llevaban corriendo la última media hora.

-¡¡¡ÉSTO DUELE!!! ¡¡ME DUELE MUCHO!!- gritaba Gemma, tumbada sobre la camilla y abierta de piernas. Sus pantalones estaban totalmente mojados debido a que había roto aguas y la habían llevado al hospital directamente, pues no había tiempo para cambiarse de ropa. Llevaba cuarenta y cinco minutos de parto, pero acababa de llegar al hospital junto a sus seres queridos.

-¡Lo sé! ¡ÉSO ES LO QUE TUVE QUE SUFRIR YO POR TI Y POR TU HERMANO!- gritó Anne, en cierto modo satisfecha de que su hija finalmente supiera lo doloroso que era parir. Supo que a partir de aquél día, la admiraría mucho más, pues por fin entendía el dolor extremo por el que su madre había pasado dos veces durante dos embarazos.

-¡Mamá, no es el momento!- exclamó Harry sin dejar de correr.

Gemma intentaba respirar de forma sonora y acelerada. Su cara estaba totalmente roja. Su rostro se contrajo en una mueca de dolor y volvió a abrir la boca de par en par.

-¡KYAAAAAAAAAAAAAHHH!- gritó cómo una cantante de heavy metal.

-¡Qué voz! Se nota que es hermana de Harry Styles.- dedujo Niall deteniéndose un momento para recuperar el aliento, poniendo sus manos en sus propias caderas.

-Estoy de acuerdo, la voz de Gemma es muy potente y...- asintió Zayn.

-¡Chicos! ¡Si grita así es porque está de parto! ¿Sabéis lo grave que es la situación ahora mismo? ¡De par-to! ¡Va a traer a otro ser humano al mundo, y va a salir de dentro de ella! ¡Sería raro que no gritase!- dijo Louis, cogiendo a ambos amigos suyos por los hombros y sacudiéndolos.

-¡ME DUELE!- volvió a berrear Gemma, mientras que finalmente la camilla entraba en una de las habitaciones del paritorio.

-¡Yo soy el padre del bebé, dejadme entrar con ella!- vociferó Tyler haciéndose hueco por la puerta.

-¡Esperad! ¡¡Esperad!! ¡Y yo soy su hermano! ¡Dejadme entrar también, quiero estar con mi hermana!- chilló Harry tirándose de sus rizos castaños de pura desesperación.

-Lo sentimos, ¡sólo puede entrar el padre!- dijo uno de los doctores.

Tyler y Gemma ya estaban en el paritorio, aunque los gritos de la joven podían seguir siendo escuchados desde fuera.
Los demás tuvieron que dirigirse a la sala de espera.
Pasaron tres horas, tres dolorosas horas para Gemma. Y al cabo de ésas tres horas, una enfermera entró. Los conocidos y familiares de Gemma eran los únicos que había en la sala de espera. La enfermera los miró a todos, uno por uno.

-Buenos días, imagino que ustedes están aquí por la señorita Gemma, ¿verdad?- dijo.

Todos se levantaron a la vez.

-Sí.- dijo Anne asintiendo mucho con la cabeza.-¿Cómo está mi hija? ¿Y mi nieta? ¿Ha nacido ya? ¿Está todo bien?-

La enfermera los miró a todos y luego sonrió.

-Enhorabuena. Madre e hija están perfectamente. La niña está sana. Ha medido cincuenta y dos centímetros, y ha pesado tres kilos. Es preciosa.- dijo tiernamente.

-¡¡¡SOY TÍO!!!- gritó Harry tan de repente que todos se asustaron, y acto seguido abrazó a Niall, que era al que tenía más cerca. El irlandés sonrió y le devolvió el abrazo.

-¡Qué bien! ¡¡Todo ha salido bien!!- gritó Aly, aplaudiendo de felicidad. 

-¡Soy abuela...! ¡Soy abuela!- gritó Anne emocionada.

Aly la abrazó y todos los presentes empezaron a abrazarse entre sí.

-Vengan, les llevaré a ver a la niña. Está descansando junto a otros bebés. La señorita Gemma, y también Tyler, el padre de la niña, ya han podido verla, y ahora nos han dejado llevarla con los demás bebés. Gemma se ha quedado dormida y Tyler la está vigilando.- informó de nuevo la enfermera.

Todos la siguieron fuera de la sala de espera. La enfermera los guió por los pasillos durante unos instantes y finalmente, se detuvo frente a unos cristales que daban a otra sala. A través de los cristales, podía verse a varios bebés recién nacidos envueltos en mantas y durmiendo.

-Miren.- señaló la enfermera.-La hija de Gemma y Tyler es la pequeña que tiene un lacito azul claro en la cabeza. Su madre quería que se lo pusiéramos para que ustedes la pudieran encontrar fácilmente.- añadió.

Los demás buscaron un lacito azul con la mirada y finalmente lo vieron, atado sobre la cabeza llena de pelo oscuro de una pequeña bebé, dormida. Estaba envuelta en una manta rosa pálido y parecía agotada, pero tranquila a la vez.

-Mi sobrina...- murmuró Harry poniendo ambas manos sobre el cristal de la ventana que daba a la sala. Su tono de voz delataba que iba a llorar.

Aly le puso una mano en el hombro. Pero Harry no lloró, sino que dio otro salto y sonrió ampliamente.

-¡¡Qué mona es!! ¡Pero qué mona! ¡¡ES LO MÁS MONO QUE HE VISTO EN MI VIDA!! ¡Mi sobrina es muy mona, enteraos todos!- gritó todo lo alto que pudo.

-¡Harry, calla! Vas a despertarlos aunque haya un cristal por en medio.- lo acalló Liam.

-¡MI NIETA! ¡QUÉ MONA ES! ¡¡ME LA COMO!! ¡ES PRECIOSA! ¡QUÉ MONA ES MI NIETA!- empezó a chillar Anne, adoptando la misma actitud que su hijo.

-Ay Dios...- Liam rodó los ojos.

Des no gritaba, pero se unió a Harry y Anne en los saltos, pues él también pensaba que su nieta era adorable y muy bonita. Los otros cuatro chicos de One Direction y Aly seguían mirándola a través de la ventana, sonrientes. Por fin Harry Styles tenía una sobrina. Era maravilloso verle tan feliz, sobretodo después de lo que había pasado con Brianna. De la cuál, por cierto, seguía sin haber noticias.
Tras media hora, Gemma despertó, acompañada por Tyler, y todos los presentes pudieron entrar a felicitarla y saludarla. Los doctores le dijeron que debía pasar la noche allí para recuperarse, pero que al día siguiente podría salir de allí, y llevarse a su hija.
Harry estaba sentado en la cama del hospital, dónde su hermana estaba tumbada.

-¿Cómo se va a llamar mi sobrina?- quiso saber.

-Nataly.- respondió Gemma.- Lo hablé con Tyler hace unos meses y a los dos nos ha gustado ése nombre.-

-Nataly... Mi sobrinita.- sonrió Harry poniendo sus manos en su cabeza. Suspiró de pura felicidad.

-Oye... ¿Y Brianna? Sigue sin saberse nada de ella, ¿no?- inquirió Gemma.

-Se dice que ha salido del país.- la expresión de Harry cambió radicalmente, poniéndose serio de repente.

-Lo siento.- Gemma puso su mano sobre la de su hermano menor.

-No, no te preocupes. Estoy bien, de verdad. Y más ahora que tengo una preciosa sobrina... Nataly. No puedo esperar para cogerla en brazos y cuidar de ella.- dijo Harry volviendo a sonreír.

Gemma soltó una pequeña risa y se colocó la mano en la frente.

-Ésto ha sido lo más doloroso de mi vida. Ahora respeto y admiro a mamá mucho más que antes.- comentó, refiriéndose al parto.

-Me lo imagino... Era obvio por tus gritos. Pero has sido fuerte. Estoy orgulloso de que seas mi hermana.- asintió Harry.

Se sentó más cerca de Gemma y la abrazó. Ésta le devolvió el abrazo.



Pasaron cuatro días. Nataly había nacido el sábado 4 de abril, y hoy era miércoles 8 de abril. En cuánto había abierto los ojos, se reveló que eran de un tono verde azulado, pues Gemma tenía los ojos verdes y Tyler azules. Nataly tenía sólo cuatro días de vida, pero ya sonreía mucho. 

-Qué bonita es...- dijo Harry embobado, sosteniendo a su sobrina.

Nataly lo miraba fijamente. Gemma sonrió y sacudió la cabeza.

One Direction, Gemma, Tyler, Nataly, Aly, Harumi y Melanie se encontraban en la casa de Harry. 

-Es tan tierna. Sonríe todo el rato, es una monada.- opinó Harumi.

Los demás asintieron. Era cierto. Nataly era un bebé precioso y muy dulce, era adorable.

-Liam, vamos a traer café para todos. Harry está ocupado con su sobrina.- dijo Melanie levantándose del sofá de forma sutil, mirando a su novio.

Liam asintió y la siguió. Ambos recordaron su encuentro el mes pasado, cuándo Aly preparó un plan para que Liam y Melanei se reencontrasen. Desde entonces, Liam se veía cien mil veces más feliz de repente. Y Melanie también.

-Veo que estás muy tranquila aún estando delante de Nataly, un bebé.- dijo Liam en cuánto ambos llegaron a la cocina.-Y me alegro mucho. Éso sólo significa que ya te encuentras mucho mejor de...-

-Lo sé, Liam. Sé que éso te afectó a ti también.- asintió ella mientras ambos preparaban café.

Su novio asintió y suspiró, dándole un suave beso en la mejilla.

-Ambos sabemos que fue un accidente... Todos lo saben. Y aunque nuestro hijo nunca llegase a nacer, estuvo ahí. Aunque no lo supiéramos hasta que fue demasiado tarde... Pero nos hemos mantenido juntos, nos hemos apoyado, y ahora somos más fuertes.- dijo con ternura.

Melanie asintió, mostrando una pequeña sonrisa genuina.

-Es cierto.- dijo.

-Venga, preparemos ésto.- dijo Liam señalando varias tazas más de café.

En el salón, mientras tanto, Harry seguía haciéndole mimos a su pequeña sobrina.

-¿Quién es mi Nataly? ¿Quién es mi sobrina preciosa? ¿Quién?- decía Harry con voz aguda.

Nataly arrugó la nariz, y de repente, estornudó. Varios mocos suyos aterrizaron en la cara de Harry, el cuál cerró los ojos. Louis estalló en carcajadas.

-¡Parece que ya te ha cogido cariño!- exclamó mientras trataba de controlar su risa.

-Louis.- repuso Zayn escondiendo una sonrisa, dándole un golpe en el hombro a su amigo. 

Gemma se levantó y cogió a su hija en brazos.

-Perdón, Harry.- murmuró con una risita.

Harry agarró una servilleta cercana y se limpió la cara.

-No pasa nada, la sigo queriendo.- dijo en tono bajo. Sabía que la intención de su pequeña sobrina no era llenarle la cara de mocos. O al menos éso esperaba.

Todos menos Harry (y Nataly, claro) se reían por lo bajo. Acto seguido Melanie y Liam regresaron de la cocina con tazas de café. Por suerte Liam conocía la cocina de Harry y no habían tardado mucho en encontrar el café para prepararlo. Todos agarraron una taza, menos Gemma, la cuál estaba sosteniendo a su hija Nataly en brazos.

-¿Pensáis bautizarla?- preguntó Niall a Gemma y Tyler, después de dar un sorbo de café.

-Hemos decidido que no.- respondió Gemma acunando a la pequeña bebé de cuatro días en sus brazos.

-Así, cuándo Nataly sea mayor, podrá elegir su propia religión, o no ser religiosa. Pero no queremos obligarla a que forme parte de una religión desde bebé, sin su permiso.- afirmó Tyler, y acto seguido miró a su hija y sonrió tiernamente.

-Es una buena decisión. Así, si Nataly decide empezar una religión en el futuro, será por su propia voluntad.- asintió Aly, de acuerdo con la decisión de los nuevos padres.

-Tengo ganas de que conozca a Lux.- dijo Gemma.-Seguro que se hacen amigas...-

-No creo... Quiero decir, Nataly tiene cuatro días de vida. Deberá crecer un poco antes de empezar a tener conciencia... Y entonces, seguro que sí se hará amiguita de Lux.- repuso Louis con alegría y ternura.

Gemma asintió con la cabeza y besó la suave frente de su hija.



~~~

Pasó otro mes, llegando el mes de mayo, y seguía sin haber ni rastro de Brianna.
Aly se encontraba con Lexi en casa de ésta. Ambas estaban en el salón, sentadas en los sofás, y Feather, el loro verde de Lexi, reposaba sobre la mesa, caminando en círculos alrededor del plato de las galletas, mirándolas con codicia. Las dos chicas acababan de llegar de Yale, la universidad en la que estudiaban juntas.

-Entonces, ¿te ha ido bien el examen de hoy?- preguntó Aly mirando a su amiga.

-Sí. ¿Y a ti?- contestó Lexi.

-También.- Aly chasqueó los dedos, atrayendo la atención de Feather.-Feather, ven aquí. Deja de mirar las galletas.-

-Éso, Feather, sabes que las tienes prohibidas de momento. Necesitas hacer dieta.- lo regañó Lexi.

Feather se quejó con un sonoro alarido. Aly estiró el brazo y volvió a chasquear los dedos.

-Venga, Feather, no te enfades. Ven, ven aquí conmigo.- dijo, mirando al loro de su amiga.

Feather agitó las alas y dio un salto, posándose sobre el brazo de Aly.

-¡Las dietas son para los humanos! ¡Prrrraaaaa! ¡Yo quiero galletas!- se quejó.

-Cada vez habla mejor.- dijo Aly, impresionada, mirando a Lexi.

-Sí, estoy orgullosa de él.- Lexi sonrió y asintió la barbilla.

-No, en serio. Deberías apuntarle a un concurso de talentos. Todos los loros pueden aprender a hablar, pero Feather aprende muy rápido. Es increíble.- añadió Aly mientras acariciaba la emplumada cabeza verde del loro.

-¡Dadme galletas!- gritó éste.

-¡Que no!- gritaron ambas jóvenes a la vez.

Feather bajó la cabeza, deprimido, y bajó del brazo de Aly de un salto. Acto seguido echó a caminar por el sofá. Lexi suspiró sonoramente y rodó los ojos.

-Vaaaaaaale... Pero sólo una.- dijo estirándose hacia adelante, cogiendo una galleta y acercándose a Feather.

-¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias Lexi!- chilló Feather, entusiasmado.

Lexi le ofreció la galleta y Feather la devoró. Aly se echó a reír. Acto seguido suspiró y se rascó la frente.

-¿Qué pasa?- preguntó Lexi.

-Nada, sólo... Estoy algo preocupada.- repuso la rubia.

-¿Sigue sin saberse nada de Brianna?- quiso saber su amiga.

-No, nada en absoluto.- contestó Aly.-Harry se siente muy decaído... Y trata de ocultarlo, pero todos su amigos y seres queridos lo podemos notar. Está sufriendo, y mucho.-

-Me parece muy mal lo que ha hecho Brianna... Quiero decir, tú me contaste todo lo que sabes, y no se ha confirmado si tiene un amante o no. Pero hacer ésto... Desaparecer así, de repente, dejando una petición de divorcio... Me parece un acto muy cobarde.- se indignó Lexi, sacudiendo la cabeza con desaprobación.

-Estoy de acuerdo, aunque tampoco podemos echarle toda la culpa si no sabemos realmente lo que está pasando... Es todo muy raro.- dijo Aly.

-Sí... Lo es. Y también me siento mal por Harry. Él ha afirmado que nunca le fue infiel a Brianna, a pesar de los rumores y fotos. No conozco mucho a Harry, pero sé que es buena persona. Y aunque no lo fuera, no sería lo suficientemente estúpido de serle infiel a su esposa. Harry es una figura pública, un famoso, y se estaría arriesgando su carrera. Sólo por éso, todos deberían saber que él y ésa tal Caroliz nunca fueron amantes.- argumentó Lexi, con la voz llena de determinación.

-Lo sé, ¿verdad? Yo pensé exactamente lo mismo. Pero no sé que Harry le ha sido fiel sólo por éso, sino por puro sentido común. Harry es uno de mis mejores amigos, y tiene un gran corazón, es un buen chico y no hay maldad en él. Serle infiel a Brianna sería algo muy cruel de su parte... Y a pesar de las constantes pruebas, ahora estoy convencida de que él es inocente y de que siempre le ha sido fiel a su mujer.- asintió Aly, totalmente de acuerdo con su amiga.

-Entonces, ¿qué es lo que está pasando? Todos queremos averiguarlo... Y suelo mirar las noticias, por lo que ya mejor ni hablamos de la prensa.-

-La prensa...- dijo Aly con odio.-Están prácticamente acosando a Harry.-

-Todo porque Brianna se niega a dar la cara y presentar explicaciones.- suspiró Lexi.-No la conozco y no puedo juzgarla, pero me parece muy injusto lo que le está haciendo pasar a Harry.-

-Yo sí la conozco, y es buena... Es precisamente por éso que no entiendo el hecho de que le dijera a Harry que tenía, de verdad, un amante y que desapareciera de repente presentándole unos papeles del divorcio que ya tenía preparados desde hace tiempo.- Aly cogió una galleta y la mordió resignada.



~~~

Pasó otro mes, llegando junio y por lo tanto, el verano.
Los chicos de One Direction estaban en uno de los varios parques acuáticos de la ciudad. Harry estaba casi dormido en una de las tumbonas, con gafas de sol tapándole los ojos, y sus cuatro compañeros estaban nadando sin parar en la piscina de al lado.
Louis buceó, se colocó debajo de Liam y lo colocó sobre sus hombros. Liam gritó y se agarró a la cabeza de Louis, entrando en pánico.

-¡Louis! ¡¿Pero qué demonios haces?!- chilló, sentado sobre los hombros de Louis.

-¡Me apetece jugar a ésto! Ahora que Niall se suba en los hombros de Zayn. ¡Y entonces os ponéis a pelear!- gritó Louis, sosteniendo a Liam sobre él.

Zayn, que nadaba cerca de ellos, los vio y se echó a reír. Comprendiendo el juego al que Louis quería jugar, Zayn miró al rededor, buscando a Niall con la mirada.

-¿Niall? ¡Niall, ven! ¡Súbete a mis hombros y pelea con Liam, que está en los hombros de Louis!- gritó.

De repente, el irlandés emergió de las aguas azuladas de la piscina. Cogió una bocanada de aire y se frotó su nariz, totalmente mojada y llena de agua. Miró a Zayn y sonrió.

-¿Me llamabas?- preguntó.

-Niall, ¿ya estabas mirando los culos de las chicas bajo el agua? Se lo podría comentar a Aly...- murmuró Zayn en tono medio serio y medio de broma.

-Que no, idiota. Estaba buscando mis gafas de bucear, se me cayeron antes.- respondió Niall. Alzó una de sus manos y mostró las gafas de buceo que llevaba en éstas.

-Bueno, da igual, el caso es que ahora te vas a subir a mis hombros para que podamos jugar a peleas con Louis y Liam.- repuso Zayn, señalando a los dos últimos.

Niall miró a Louis, y se rió al ver que estaba sosteniendo a Liam en sus hombros. Zayn se acercó a Niall, se sumergió en el agua y se colocó debajo de él. Niall colocó sus piernas en los hombros de Zayn y éste se alzó, levantando a Niall con él. El rubio chilló y rió a la vez, agarrándose a la cabeza de Zayn.

-Bien, ¡empecemos!- gritó Louis echando a caminar con esfuerzo.

-Louis, ¡no quiero jugar a ésto! ¡Tengo miedo!- gritó Liam, sentado sobre los hombros de Louis.

-¡Vamos!- chilló Zayn.

Zayn y Louis se colocaron uno frente al otro, y Niall trató de empujar a Liam. Pero éste se defendió con sus manos, y ambos empezaron a tratar de tirarse mutuamente. Zayn y Louis los miraban desde abajo de ellos, mientras se reían e intentaban sujetarlos fuertemente.

-¡HARRY, MÍRANOS!- vociferó Niall.

Harry se despertó de repente, se levantó las gafas de sol y vio a sus cuatro amigos jugando en la piscina. Sonrió levemente y sacudió la cabeza.

-Están cómo cabras.- dijo para sí mismo. Acto seguido puso sus gafas de sol en lo alto de su cabeza y entrelazó los dedos de sus manos, todavía mirando a sus amigos para saber quién ganaba, si Liam o Niall.

-¡Vamos, Liam, tíralo ya!- gritó Louis.

-¡No! ¡Aguanta, Niall! ¡Debes ganar!- insistió Zayn.

Liam y Niall siguieron forcejeando, y finalmente, Niall consiguió soltarse del agarre de Liam y darle un empujón. Liam se cayó de los hombros de Louis, gritó, y se hundió en el agua.

-¡Noooo!- gritó Louis y acto seguido se echó a reír.

-¡Síííí!- Niall alzó los brazos, aún sobre los hombros de Zayn.

-¡Muy bien, Niall! ¡Hemos ganado!- gritó Zayn.-¡No respires!-

Niall se tapó la nariz con una mano y Zayn se dejó caer hacia atrás, tirando a Niall con él. Ambos emergieron tras un par de segundos y chocaron sus manos, victoriosos. 

-¡Liam!- gritó Louis, ayudando a su amigo a sacar la cabeza del agua.

-¡Maldita sea!- Liam trató de esconder una sonrisa.-¡Niall, has aprovechado que yo estaba temblando para tirarme!- se quejó.

-¡Qué mal perdedor eres!- se burló Niall sacándole la lengua a su amigo.

Harry aplaudió lentamente desde su tumbona.

-¡Buen trabajo, Niall!- exclamó.

-¡Gracias!- Niall sonrió, sacó una mano del agua y saludó a Harry.



No muy lejos de allí, Aly, Harumi, Melanie, Perrie y Eleanor se habían reunido en una pequeña playa cercana a los puertos. Llevaban una hora allí, nadando o tomando el sol. Melanie, Harumi y Eleanor estaban en el agua, mientras que Aly y Perrie se encontraban en la arena, vigilando sus toallas y bolsos. Curiosamente, las dos rubias, mientras que las tres morenas estaban en el agua.

-¿Qué hora es?- preguntó Harumi desde el mar.

-¡Las cuatro y media!- respondió Perrie desde su toalla.

Melanie echó a caminar hacia la orilla hasta que salió del agua totalmente. Se estrujó su cabello castaño, haciendo que varias gotas de agua cayeran de éste. Tras varios instantes, llegó junto a Perrie y Aly.

-¿Ya te has cansado de nadar, Mel?- sonrió Aly.

-Un poco.- repuso Melanie.

-Normal... No has estado quieta en ningún momento.- repuso Perrie alegremente.

-En efecto, se nota que estás mucho más feliz ahora.- agregó Aly amistosamente, sonriendo de nuevo.

-Gracias. Escuchad, ¿no creéis que deberíamos dirigirnos ya al parque acuático? Los chicos deben de estar esperándonos en cualquiera de las piscinas que hay por allí. Dijimos que iríamos a las cinco menos cuarto y son las cuatro y media, deberíamos ir ya para allá.- respondió Melanie en tono cansado, tratando de recuperar su aliento después de tanto nadar.

-Es verdad.- dijo Perrie poniéndose de pie de un salto.

-Sí. ¡Eleanor! ¡Harumi! ¡Venid, nos vamos ya!- gritó Aly.

Ambas obedecieron y salieron fuera del agua. Se estrujaron sus respectivas melenas para intentar que se secaran un poco, justo cómo había hecho Melanie.

-¿Nos vamos ya a reunir con los chicos?- preguntó Eleanor.

-Sí, nos vamos ya para la piscina dónde están ellos.- respondió Aly guardando su toalla en su bolso.

-Seguro que han hecho ya varias peleas de agua a hombros... No sé si sabéis a qué juego me refiero.- dijo Perrie algo pensativa.

-Sí, lo sabemos.- asintió Harumi.

-Y seguro que a Niall le ha tocado pelearse con Liam.- opinó Aly, sin equivocarse.

-Y más seguro aún que Liam ha ganado.- añadió Melanie, apoyando a su novio.

-Qué va. Niall siempre gana en los juegos de fuerza bruta.- rebatió Aly, acertando de nuevo.

-¿Qué más da? Ya les preguntaremos cuándo estemos allí.- sonrió Eleanor rodando los ojos.

-Espero que lleguemos a tiempo.- se estresó Harumi mordiéndose las uñas.

-Sí, tranquila. Y aunque lleguemos diez minutos tarde, no pasa nada. Los chicos no se van a ir de allí.- la trató de tranquilizar Perrie.

Las cinco recogieron sus bolsas, terminaron de guardar sus toallas y se retiraron, dispuestas a reunirse con los chicos de One Direction en el lugar dónde éstos las estaban esperando.



~~~

Los días transcurrían rápidos y calurosos, y pasó otro mes, llegando julio. En la casa de las gemelas Parker había mucho ajetreo, pues Celine estaba intentando preparar galletas para llevarlas a su cita con Kai (que era en veinte minutos) mientras que Faline hacía limpieza de verano, algo tarde, pues el verano ya iba por la mitad siendo pleno julio.

-¡Celiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiine!- vociferó ésta desde su dormitorio.

-¿Quéeeeeeeeeeeeee?- respondió Celine desde la cocina.

-¡¿Dónde demonios está mi camiseta nueva de Metallica?!- preguntó Faline a gritos.

-¿Y me preguntas a mí? ¡No lo sé, Fa! Yo nunca cojo tu ropa.- repuso Celine. Se agachó frente al horno, abrió la puerta de éste, miró las galletas y volvió a cerrar la puerta del horno, mordiéndose el labio inferior. 

-¡Pues no la encuentro!- gritó la mayor. Acto seguido se cruzó de brazos y dio un bufido.

Se encontraba sacando todas sus camisetas de manga corta de las profundidades de su armario y doblándolas con cuidado sobre su cama. Todas ellas eran de grupos, pero por desgracia, no lograba encontrar su camiseta de Metallica por ninguna parte. Y la paciencia de Faline era muy escasa, a decir verdad.

-¿Pero dónde cojones está?- se enfadó.

-¡Fa, deja de decir palabrotas!- la regañó Celine desde la cocina, pues odiaba que su hermana se enfadara tan rápido y con tan pocos motivos.

Faline se dirigió de nuevo a su armario y siguió rebuscando. Pero nada, ni rastro de su camiseta de Metallica. Suspiró, se dirigió a su cama, y le dio un empujón, revelando varias cajas que tenía bajo la cama. Abrió una de ellas y empezó a revolverla. Cogió una bocanada de aire y metió la cabeza en la caja mientras seguía revolviendo el contenido de su interior. Finalmente, sacó su cabeza y un brazo, en cuya mano sostenía su camiseta perdida de Metallica.

-¡Ajá! ¡Te tengo! Así que estabas aquí, ¿eh? Ya vuelves a ser mía, pequeña hija de puta... Me has dado mucho dolor de cabeza, pero te he encontrado, jeje.- murmuró feliz, y acto seguido le dio un beso a su camiseta, contenta de tenerla finalmente. 

Se puso de pie, dobló la camiseta de Metallica y la colocó en la cama junto a todas sus demás camisetas. Agarró su móvil y le hizo una foto a sus camisetas, orgullosa. Luego empezó a abrir las demás cajas para sacar más ropa de verano de éstas.

¡PING!

-¡Coño!- gritó Faline, asustada, dando un salto.

Aquello que había sonado era el horno.

-¡Las galletas están listas! ¡Justo a tiempo! Kai llegará en cualquier momento.- repuso Celine desde la cocina, abriendo la puerta del horno y poniéndose las manoplas en las manos. Sacó la bandeja humeante de galletas y la colocó en la encimera.

-¡El puto horno, que susto me ha dado!- gritó Faline desde su dormitorio.

Celine rodó los ojos mientras que cogía las galletas de la bandeja y las ponía en una pequeña caja de cartón blanco con dibujos de cerezos en flor estampados.
Faline entró en la cocina con su camiseta de Metallica puesta y una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Mira lo que he encontradooooo!- canturreó.

-Ah, ¿la has encontrado? Qué bien... Ya puedes tranquilizarte.- sonrió Celine.

-¿Tranquilizarme? Ni de coña, necesito seguir sacando mis camisetas de verano y guardando la ropa de invierno.- repuso Faline. 

Celine se giró mientras se quitaba las manoplas y las colgaba. Mientras tanto, Faline se acercó a la caja, cogió una galleta y se la metió en la boca de un sólo bocado. Se alejó justo antes de que Celine se girara de nuevo. La joven frunció el ceño.

-Falta una galleta, ¿o es impresión mía?- murmuró Celine en voz baja.

Miró a Faline, la cuál tenía los mofletes hinchados debido a que se había comido una galleta entera de un sólo bocado. Faline miró hacia el techo y se encogió de hombros, al estilo de "Yo no he sido, no sé quién ha podido hacer tal cosa." Celine suspiró y se cruzó de brazos.

-Si querías una galleta podrías haberme preguntado.- dijo algo indignada.

Faline asintió con la cabeza, con la boca demasiado llena cómo para hablar, y acto seguido salió de la cocina corriendo, dirigiéndose a su dormitorio una vez más.
De repente sonó el timbre, sobresaltando a ambas gemelas. Faline se tropezó dándose de bruces con la puerta de su dormitorio y Celine se apresuró a abrir la puerta.
Kai estaba al otro lado de ésta, vestido de forma casual, con el flequillo rubio algo despeinado por el viento de verano que soplaba en el exterior, y sosteniendo un ramo de flores variadas. Celine sonrió.

-¡Kai! Hola.- dijo antes de ponerse de puntillas (pese a que llevaba tacones) y darle un tímido beso en los labios. Él se lo devolvió.

-¿Lista para ir a pasear, luego al cine, y después a cenar?- repuso él con ilusión.

-Claro. Espera un momento, ¿de acuerdo? He horneado galletas para el paseo. Así podemos sentarnos en un barco de Central Park y tomar las galletas allí antes de ir al cine.- respondió ella yendo a la cocina y cogiendo las flores que Kai le entregaba.

Kai pasó y cerró la puerta tras de sí. Celine colocó las flores en la mesa más cercana y entró de nuevo en la cocina mientras que Kai esperaba de pie. Faline se dejó ver desde el pasillo.

-¡Hola Kai! Las galletas que ha hecho mi hermana están perfectas, de modo que no te preocupes.- repuso mientras hacía un saludo militar y se dirigía a su habitación de nuevo.

-¡Hola, Faline! Y... Adiós.- Kai sacudió su mano brevemente debido a que la chica llegaba, saludaba y se iba.

Celine salió de la cocina sosteniendo la cajita en la que había puesto sus galletas recién horneadas. Cogió su bolso y guardó ahí la cajita, luego se colgó el mismo del hombro y agarró el brazo de Kai.

-¿Vamos?- preguntó él sonriendo.

-Vamos.- asintió ella sonriendo de vuelta.

Y ambos salieron del apartamento de las gemelas Parker, dejando a Faline sola.

-¡Por fin!- suspiró ella desde su habitación.

Se dirigió al equipo de música del salón, cogió el mando y pulsó un botón. Empezó a sonar Back in Black de AC/DC a todo volumen y Faline se subió al sofá de un salto, dando botes de pie en éste mientras agitaba su larga melena castaña y lisa.

-Back in black, I hit the sack, it's been too long I'm glad to be back!- cantaba Faline al ritmo de la música.

Continuó así durante varios segundos hasta que pudo escuchar a los vecinos dando golpes en señal de protesta. Acto seguido sonrió y subió el volumen todavía más, notando el pulso en la garganta.



~~~

Los chicos de One Direction habían ido a su gira de tres semanas en Italia, y cuándo regresaron a Nueva York, ya era agosto. Se habían reencontrado con sus familiares y amigos. Aunque sólo habían estado separados de ellos tres semanas, los habían echado mucho de menos.
No obstante, Harry seguía sin poder reencontrarse con su mujer.

El cantante había tratado de mostrarse animado durante sus últimos conciertos, y además, todos le seguían felicitando por el nacimiento de su sobrina Nataly, la cuál ya tenía cuatro meses. Harry tenía muchos motivos para ser feliz, pero el hecho de que Brianna hubiese desaparecido de repente sin dejar ningún rastro le hacía sentirse peor y peor a cada día que pasaba.

Una calurosa tarde, Harry se encontraba en casa de Louis, el cuál lo había invitado allí a comer. Después de la comida, Louis había subido al baño, pues había comido demasiado y dijo que literalmente se "cagaba." Harry, por su parte, recogió la mesa, lavó los platos y acto seguido cogió la botella de vodka más cercana, se echó un poco en una copa diminuta y bebió. Lo hizo de nuevo unas dos veces, hasta que finalmente dejó la copa a un lado y empezó a beber directamente de la botella. No tenía ni idea de por qué lo hacía. Supuso que quizá, con un poco de alcohol, lograría olvidar a Brianna por unas horas. En todos ésos meses nunca la había olvidado. Cómo mucho, el nacimiento de Nataly lo había ayudado a llenar ése vacío y sentirse feliz. Pero poco a poco volvía a la realidad de que su esposa estaba totalmente desaparecida y que quería divorciarse de él.
Suspiró, salió de la cocina y se detuvo en el pasillo. Se sentó en el suelo y apoyó su espalda en la pared, mientras seguía bebiendo directamente de la botella. Pasó media hora. Finalmente, Louis salió del baño, muy pálido y con una mano sobre su barriga. Entró en la cocina, dónde había dejado a Harry.

-Dios mío... Me estaba cagando... Qué dolor. Acabo de perder diez kilos con sólo un viaje al baño. Seguro que tengo el culo cómo la bandera de...- se interrumpió a sí mismo al ver la cocina vacía.

Alzó una ceja extrañado al escuchar un pequeño gemido. Fue al pasillo y se encontró a Harry sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y la cabeza baja, sobre las rodillas. Sostenía la botella medio vacía en la mano derecha y sus hombros temblaban. Estaba cantando una parte de One Thing, una de las canciones de su grupo.

-So get out get out get out of my head... And fall into my arms instead...- murmuraba Harry, de una forma tan débil y recta que apenas parecía estar cantando. Estaba llorando. Levantó la botella y dio otro gran sorbo.

-Harry, ¿qué haces?- se asustó Louis.

Harry se colocó su mano libre sobre su cabeza y tiró de sus rizos castaños mientras dejaba escapar un sollozo. Su rostro empapado de lágrimas denotaba desesperación y agotamiento.

-Sal, sal, sal de mi cabeza...- volvió a repetir la letra Harry, aunque ésta vez ni siquiera la cantó.

Louis agrandó los ojos y se acercó un par de pasos.

-Harry.- murmuró.

Su amigo dejó la botella a un lado, decidiendo que ya se había emborrachado lo suficiente, y ésta vez tiró de su propio pelo rizado con ambas manos. Más sollozos salían de su garganta y más lágrimas de sus ojos.

-¡Sal de mi cabeza!- gritó.

-Harry, oye, hermano.- Louis, cada vez más preocupado, se acercó del todo y se agachó junto a Harry.

Éste temblaba. Parpadeó desconcertado y miró a Louis.

-Oye, Harry, eh, tranquilo. Tranquilo. ¿Qué te pasa? ¿Por qué has bebido tanto alcohol en tan pocos minutos? ¿Y con quién hablas?- preguntó Louis, poniendo su mano en el hombro de Harry.

-Con Brianna...- murmuró el otro con los ojos llenos de lágrimas.-No... No sale de mi cabeza... Pienso en ella todo el día, y yo... yo... pensaba que si me emborrachaba la podría olvidar durante unos instantes.-

-Estás borracho.- afirmó Louis.

-Sí... Pero ella no se va de mi cabeza. ¡No se va! Si se ha ido del país, ¡¿por qué no puede irse de mi cabeza?!- exclamó Harry enterrando su cara entre sus manos.

-Harry, escúchame. Estás mal. Voy a llevarte a una de las camas para que duermas, y en cuánto te despiertes y se te pase la borrachera, te voy a llevar al psicólogo. ¡Mírate! Tienes depresión. Te lo digo yo, y ni siquiera soy psicólogo. Dios, ¿cómo es que no me he dado cuenta antes?- Louis suspiró y se frotó la frente.

-Porque yo lo oculto... No quiero que nadie se preocupe por mí.- Harry fue a coger la botella.

Pero Louis fue más rápido y agarró la botella antes de que Harry pudiera tocarla de nuevo.

-Para éso tienes seres queridos, para que se preocupen por ti.- dijo poniéndose de pie y colocando la botella en lo alto de una mesa.

-Pero yo no quiero ir al psicólogo... No me va a servir de nada. Yo quiero que mi esposa vuelva conmigo... ¿Por qué me fue infiel? ¿Por qué se buscó un amante? ¿Por qué no me quiere?- decía mientras elevaba la voz.

-Shhh, tranquilo...- dijo Louis. Se agachó de nuevo junto a Harry y lo abrazó.-Mira, si no quieres ir al psicólogo, podemos ir a ver a Aly, ¿de acuerdo? Ella estudia psicología, ¿te acuerdas? El mes que viene, en septiembre, empieza su último año en la universidad de Yale. Ella puede ayudarte sin que te sientas incómodo, porque ella no es ninguna desconocida, es nuestra mejor amiga. Puedes contarle lo que sientes con naturalidad, seguro que ella también te diagnostica depresión. Y podremos tratarte entre todos y ayudarte, Harry...- decía en tono suave y calmado, sin dejar de abrazar a su amigo.

Harry había dejado de sollozar, pero las lágrimas seguían cayendo de sus ojos.

-Sólo quiero saber qué está pasando... Que todo sea mentira, que Brianna no me haya sido infiel, que vuelva a casa, que esté conmigo... No pido tanto... Es que me siento tan abandonado por ella... Sólo quiero ser feliz.- murmuraba débilmente.

-Tranquilo. Cálmate.- Louis le frotó la espalda, lo soltó del abrazo y lo ayudó a levantarse.

Harry apenas podía mantenerse en pie. Había ingerido bastante alcohol en muy poco tiempo.

-Vas a estar bien, ¿de acuerdo? Seguro que todo se soluciona.- habló de nuevo el mayor.

Con esfuerzo, llevó a Harry a una de las habitaciones de invitados, ayudándolo a caminar, y lo tumbó en la cama. El cantante de rizos castaños se quedó dormido en un instante. Louis suspiró. Era agosto, de modo que no necesitaba taparle, pues hacía calor. De repente, el timbre sonó.
Louis se dirigió a la entrada de nuevo y abrió la puerta. Caroliz estaba allí.

-Caroliz.- murmuró.-¿Qué haces en mi casa?-

-He ido a la de Harry y no estaba allí. Tú eres su mejor amigo, así que he venido aquí. No coge el teléfono y necesito hablar con él.- repuso ella.

-Harry no está aquí.- mintió Louis. No sabía cómo sentirse respecto a Caroliz. No le parecía una mala chica, pero todos los problemas matrimoniales de Harry se originaron a causa de los rumores sobre que Caroliz era su amante. No era justo echarle toda la culpa a ella, pero Louis prefería desconfiar.

-¿No...? Bueno... Está bien.- la rubia bajó ambas cejas.

-Supongo que sabes todo lo que ha pasado desde la última vez que lo viste.- dijo Louis.

-Sí. Lo sé.- asintió Caroliz.

Hubo un largo momento de silencio.

-Oye... No tengo nada en contra tuya, Caroliz. De hecho, cuándo te conocí me pareciste genial. Pero ahora mismo sería mejor que no buscases a Harry. No es por ti, sino porque él ya está teniendo bastante. Espera a que la situación mejore y entonces habla con él.- trató de decir Louis con delicadeza.

Caroliz bajó la mirada y acto seguido soltó un pequeño suspiro. Parecía resignada, cansada, agotada emocionalmente, cómo si necesitara acabar con algo urgentemente para volver a dormir tranquila.

-Entiendo. Gracias, Louis. Y por favor, disculpa las molestias. Siento todo el daño que puede haber causado al hacerme amiga de Harry.- dijo, y lo decía de verdad.

Louis se sorprendió ante el tono apenado de la chica. No fingía. Realmente tenía buen corazón, pero entonces, ¿qué estaba pasando? Sintió deseos de decirle que pasara y que Harry estaba durmiendo, de decirle que podía hablar con él en cuánto se despertara. Pero ya le había mentido diciéndole que Harry no estaba allí.

-No... No hay problema.- musitó en voz baja, aunque Caroliz ya se marchaba y no lo llegó a escuchar.

Louis entró de nuevo en su hogar y cerró la puerta. No sabía qué hacer. Pensó en decirle a Harry que Caroliz quería verle en cuánto se despertara, pero decidió que sería mejor no decirle nada. Al menos no de momento. Harry estaba depresivo, éso era evidente. Decidió que esperaría hasta que su amigo se encontrara mejor emocionalmente, y entonces, le diría que Caroliz lo estaba buscando. Pero, ¿para qué?

-Qué raro.- Louis se pasó una mano por el pelo y acto seguido se frotó la nuca.

Suspiró mientras bajaba la cabeza. Acto seguido se encogió de hombros. Y entonces se dirigió a la cocina. Quería prepararle a Harry una infusión, pues sabía que una vez que éste despertara, le iba a doler la cabeza debido a la resaca. Y además, quizá la infusión lograría hacer que se sintiera relajado, calmado y un poco mejor de ánimos. Odiaba ver a su mejor amigo así.



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Llegó el mes de septiembre y todos los alumnos debían regresar a sus respectivos estudios.
Brianna se encontraba en su hogar en el que vivía desde hacía meses, habiéndose mudado junto a su perro Fabbie. Brianna acababa de salir del baño y llegó a la sala de estar. Encendió la televisión y la miró, aunque sin sentarse en el sofá. Se encontró un programa de noticias sobre celebridades.

-Y por último, tenemos la noticia de que uno de los integrantes de One Direction, el joven y atractivo Harry Styles, sufre depresión desde que su esposa, Brianna, desapareció misteriosamente sin despedirse, dejando solamente unos papeles del divorcio. Han pasado ya varios meses desde la ausencia de la modelo, y según nuestras fuentes, el cantante se niega a firmar la petición de divorcio.- decía una mujer, la presentadora del programa.

-Además.- añadió un hombre, apareciendo junto a la presentadora.-La noticia de que el joven Harry Styles tenga depresión no es lo único que traemos. Corren rumores de que se sabe el lugar dónde su esposa se está escondiendo.-

Brianna se llevó las manos a la cabeza y aguantó la respiración. No, no podían saberlo. No había salido de su nueva casa, sólo había salido para lo indispensable. Y siempre que salía, lo hacía con gafas de sol, mucho maquillaje y una peluca rubia. Nadie podía saber que se había mudado allí.

-Dichos rumores afirman que la joven Brianna se encuentra en Suecia. Pero no hay pruebas y, cómo hemos dicho, ésto sólo son rumores que corren por internet.- añadió el presentador. La presentadora asintió en acuerdo.

Brianna dejó caer sus manos y respiró, aliviada. No habían acertado. Los rumores estaban equivocados, pues ella no se había mudado a Suecia, sino a otra parte. Sintió que su alivio era inmenso, pues si ése rumor llegaba a más, todos irían a buscarla a Suecia, y allí no estaba así que no la encontrarían. Por un momento se había asustado mucho al pensar que habían descubierto su verdadero nuevo lugar de residencia.

-Menos mal. Nadie sabe nada...- dijo con un hilo de voz, hablando consigo misma.

Fabbie salió de la cocina en aquél momento. Brianna lo miró. El perro le devolvió la mirada.

-Nadie sabe nada.- repitió mirando a su mascota, tratando de tranquilizarse a sí misma.

Fabbie sólo ladeó la cabeza, sin comprender nada de lo que estaba pasando.

-Menos mal.- volvió a decir Brianna con la voz cargada de alivio y calma. Bajó la mirada y suspiró. Cambió de canal antes de oír más. Se detuvo en una cadena en la que hablaban del tiempo.

La culpa la invadía por dentro ahora que sabía que Harry tenía depresión. Todo era culpa suya. ¿Había hecho la decisión equivocada? De todas formas, ya estaba allí, lo había hecho, se había mudado, y no había vuelta atrás.



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Llegó el mes de octubre. Pasó rápidamente, Halloween incluido. Harry había estado desde agosto acudiendo a casa de Aly una vez a la semana, y ella trataba de ayudarle, a pesar de que no tenía el título de psicóloga todavía. En efecto, el cantante de rizos castaños tenía depresión, y era normal. Aunque poco a poco, Aly le estaba enseñando a controlar sus emociones y a intentar ser fuerte y mantenerse firme. Harry siempre le decía "Serás una gran psicóloga" cada vez que se iba de su casa.

Finalmente llegó el mes de noviembre, domingo día 1, más concretamente. Llovía muchísimo y eran las doce de la mañana cuándo el timbre de la casa de Harry sonó.
El cantante se levantó del sofá en el que estaba sentado leyendo el periódico y se dirigió a la puerta. La abrió y se encontró a Caroliz, la cuál sostenía un paraguas sobre su cabeza. Tras ella podía verse el jardín empapado a causa de la lluvia de la mansión de Harry. Ambos jóvenes se miraron a los ojos unos instantes, muy tensos, sin decir ni una palabra.

-Caroliz.- murmuró finalmente el chico.

-Hola, Harry. ¿Puedo pasar?- preguntó ella.

-Claro... Por supuesto.- Harry se hizo a un lado.

Caroliz cerró su paraguas, lo sacudió y entró en la lujosa casa de Harry y Brianna, aunque ahora mismo era sólo de Harry. Harry señaló el paragüero cerca de la entrada y Caroliz colocó su mojado paraguas dentro de éste.
Louis no había llegado a comentarle a Harry nada de lo de Caroliz, por lo que éste no sabía que la chica quería verle.

-Verás, he venido a hablar contigo.- repuso la rubia mirando al cantante de rizos castaños.

-¿Sobre qué?- preguntó él.

-Sobre... todo.- ella se encogió de hombros.

Harry esperó unos momentos.

-Sé lo mucho que estás sufriendo. Llevas así mucho tiempo y no es algo justo para ti. Creo que es hora de que recibas la explicación que te mereces. Eres una buena persona, Harry. Mereces saber qué es lo que está pasando.- añadió Caroliz.