viernes, 30 de enero de 2015

108- Nunca te rindas

El teléfono de Louis sonó. Él seguía en casa de Harry, y en aquél momento, Harry, Zayn y él esperaban a Niall y Liam, los cuáles habían ido a un Starbucks a por bebidas deliciosas para relajarse un poco. Hacía rato que Aly se había marchado para regresar a su hogar.
Louis cogió su teléfono y miró la pantalla; Celine lo estaba llamando. Extrañado, alzó una ceja y descolgó.

-Hola, Louis. ¿Podríais hacerme un pequeño favor?- inquirió la chica.

La llamada duró varios minutos. Celine le dio la dirección del hospital dónde se encontraba ella con Kai y los padres de éste. No dio mucha información, simplemente se limitó a decir que era voluntaria allí y que One Direction debían ir para ayudarla con algo. Louis tapó el móvil un momento y se lo comunicó a los demás, junto con Liam y Niall, que ya habían llegado del Starbucks, mientras bebían sus cafés rápidamente y con gusto. Salieron de casa de Harry para subir a la limusina y dirigirse al hospital correspondiente mientras que Lousi seguía hablando con Celine por teléfono.

-Pero, ¿puedes decirme de qué se trata?- insistió el cantante mientras los cinco chicos dejaban atrás el portal de la mansión de Harry y su familia.

-Es algo importante.- replicó Celine, con su vocecita dulce de siempre, desde el otro lado del teléfono.-No puedo contaros mucho, porque es sobre alguien a quién acabo de conocer. Pero se trata de una fan vuestra. Y todos sabemos que las Directioners son muy importantes para vosotros.-

Louis asintió con la cabeza aunque Celine no pudiera verle. La chica tenía muchísima razón. Louis se despidió de ella con un "Nos vemos ahora" y colgó antes de entrar en la limusina.

-¿Que pasa? ¿Por qué debemos ir al hospital?- preguntó Harry algo preocupado. Supo que no se trataba de algo de Brianna, porque de ser así, Celine lo habría llamado a él, en caso de que la hubieran llevado al hospital dónde ella estaba cuidando de Kai, quién a su vez, cuidaba de sus padres en coma.

-Es algo relacionado con una fan.- sentenció Louis.-No ha podido contarme más. Pero Celine nunca llama para tonterías. Debemos ir y punto. Ya veremos de qué se trata el asunto de la fan.-

Mientras tanto, en el hospital, Celine se frotó los ojos para secarse las lágrimas. Después de su breve visita a Kai, había decidido que no se iba a marchar aún, y visitó a un par de pacientes ingresados de los que las enfermeras no podían ocuparse por lo ocupadas que estaban. El tercer paciente, o más bien la tercera, era una chica. A Celine le llamó la atención su mirada triste y le preguntó si podía contarle lo que le había pasado. La chica le habló de su vida, y de One Direction. Una vez que acabó, Celine se limpió las mejillas húmedas por las lágrimas y le dijo "La vida puede prepararte una sorpresa muy agradable." para acto seguido irse de la habitación y llamar a Louis al teléfono.

Diez minutos después los chicos ya habían llegado al hospital. Celine los saludó abrazándolos suavemente uno a uno, pues desde que acabó el instituto un año atrás, se veían menos que de costumbre. Luego les sonrió con dulzura.

-Seguidme.- dijo en voz baja antes de echar a andar por los pasillos.

Los cinco cantantes la siguieron hasta una habitación concreta. Celine se asomó primero a la puerta y luego se escondió tras ella de nuevo.

-No sabéis lo feliz que se va a poner.- comentó, emocionada.-Dejadle que os cuente su historia, pero no le preguntéis su nombre, no me lo ha querido decir ni a mí. Prefiere que no lo sepa. Es raro que haya accedido a contarme su vida pero no su nombre, supongo que necesitaba desahogarse pero sin querer saber cómo se llama.-

Liam asintió y los cinco chicos entraron silenciosamente en la habitación, seguidos de la tímida Celine.

-Hola, soy yo otra vez.- murmuró Celine colocándose delante de los cantantes.-Mira quiénes han venido...- se apartó sutilmente dejando que la joven viera a los cinco ídolos.

En la camilla de hospital había tendida una joven muy guapa. Daba igual su edad, su altura, su peso, la forma de sus dientes, el color de su piel, de sus ojos, de su pelo... Era una chica guapa y ya. Su mirada se iluminó al ver a One Direction. Parpadeó varias veces. ¿Era un sueño? Se frotó los ojos con fuerza. Luego se pellizcó en el brazo izquierdo y soltó un gemido. No por el dolor del pellizco, sino porque no era un sueño. Eran reales. Estaban allí, frente a ella...

-O-On-One... D-Di-re-e-ction...- murmuró, tartamudeando de la emoción.

Los cinco sonrieron a la vez, cómo si lo hubieran tenido ensayado. Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas que a los pocos segundos cayeron por sus mejillas con delicadeza. Dejó escapar un ligero sollozo de sus labios a pesar de que había tratado de reprimirlo. Luego se echó a llorar con más necesidad y miró a Celine.

-G-Gracias...- dijo entre sollozos de emoción e incredibilidad, demasiado sorprendida cómo para sonreír.

Celine sonrió a pesar de sus ojos humedecidos y se sonrojó, conmovida por la felicidad de la chica.

-No hay de qué. Puedes hablar con ellos si quieres.- dijo en voz tranquila y suave.

Acto seguido se retiró de la habitación. Le daría demasiada pena escuchar la misma historia dos veces. Prefería dirigirse de nuevo a la habitación dónde estaba Kai con sus padres y pasar otro rato más con él, apoyándole.

-Hola.- saludó Harry gentilmente, feliz ante la emoción de la chica.

La joven se levantó de la camilla con esfuerzo. Llevaba un camisón blanco de manga larga y hasta las rodillas, y estaba descalza. Llorando cómo una niña asustada que siente alivio al ver a sus padres tras creer que la habían perdido, corrió hacia Harry y lo abrazó. Durante el abrazo, tiró de los otros cuatro chicos hacia sí y trató de abrazarlos a todos a la vez, mientras seguía sollozando sin control.

-Calma, calma.- decía Liam acariciando el pelo de la chica.-¿Qué sucede?-

Las piernas de la joven temblaban. Louis y Niall la cogieron cada uno de una mano y la ayudaron a ir de nuevo hacia la camilla. Harry la ayudó a tumbarse y Liam la tapó con la sábana blanca y de paso le dio un beso e la frente, cómo buen Daddy Direction que era. Ella se trató de calmar y se secó las lágrimas. Los chicos recordaban que era mejor no preguntarle su nombre, y seguramente nada, sino dejarla hablar, cómo les había dicho Celine.

-Me... Me siento muy feliz de conoceros.- pronunció ella con voz temblorosa.

-Igualmente.- repuso Louis asintiendo educadamente con la cabeza, y ofreciéndole a la joven una sonrisa amable para que supiera que podía confiar en ellos.

-Estamos aquí para escucharte.- dijo Niall con tacto, cogiendo la mano izquierda de la chica.

Ahora que estaba calmada y quieta, los cinco chicos pudieron verla mejor; aunque era muy guapa, sus ojos se alzaban sobre dos ojeras profundas y oscuras, las llamadas "bolsas" bajo los ojos. Aquello le otorgaba un aspecto cansado, enfermizo, deprimido, pero seguía siendo una chica guapa. Bonita pero demacrada. Parecía una flor marchita.

-Sí, si hay algo que quieras contarnos, no lo dudes. Estamos aquí para ti.- dijo Zayn amistosamente.

La chica cerró los ojos y respiró profundamente.

-Veréis...- murmuró.

Empezó a relatarle su historia a sus cinco ídolos. Una historia llena de dolor, aunque algo difícil de conocer. Podría haberle pasado cualquier cosa; podría ser huérfana, podría haber sufrido abuso psicológico, físico o incluso sexual, podría haber sido una víctima del bullying, podría tener una enfermedad grave, podría haber pasado por accidentes, podría haberse mutilado a sí misma, podría haberse provocado el vómito para adelgazar, podría haber visto morir a sus seres queridos, podría haber cometido errores graves, podría haberle pasado cualquier cosa, lo único sabido era que ella había pasado por su propio infierno personal. Había tenido momentos de sufrimiento, desesperación y depresión. Era una historia que sólo ella, Celine y One Direction conocerían. Entonces les contó lo más importante; en su momento de más necesidad, en su peor segundo, en el instante en el que tocó fondo, los descubrió a ellos y sus canciones. Empezó a ver los vídeos de ellos y descubrió ahí un retiro para su dolor. Ellos la hacían reír con sus chistes y llorar con sus canciones. La hacían sentirse hermosa, valiosa, perfecta.

-One Direction... Gracias.- suspiró ella.-Me ayudasteis a que mi día a día fuera más llevadero. Me hicisteis sonreír cuándo nadie más lo hizo. Lograsteis que volviese a cantar en la ducha después de años sin hacerlo. Pudisteis devolverme las ganas de ser feliz y de luchar para seguir adelante.-

-Éso es... fantástico. De verdad.- añadió Louis con una pequeña sonrisa y tratando de disimular sus ojos cargados de lágrimas debido a la emoción de la historia.

-Siempre tratamos de hacer sonreír a nuestras fans.- repuso Zayn.

-Sí, las Directioners nos trajeron apoyo y fama. No seríamos nada de no haber sido así.- repuso Harry.

-Siempre os lo agradeceremos.- añadió Liam felizmente.

-De hecho, siempre procuramos que las letras de la canción sirvan para animar a la gente.- habló Niall.

-No sólo me animasteis...- repuso la chica agachando la cabeza.

Los cinco jóvenes esperaron, mirándose entre ellos.

-Me salvasteis la vida.- añadió ella alzando la cabeza y revelando sus ojos llenos de lágrimas.

Ellos guardaron silencio, conmocionados por aquellas palabras. Sabían que sus canciones habían salvado las vidas de Directioners con problemas de depresión o tendencias suicidas, pero que se lo dijeran directamente, a la cara y en persona era muy distinto. ¿Salvaban vidas? Salvaban vidas. Se sintieron cómo súper héroes. Sus canciones, sus voces y sus sonrisas eran sus poderes. Y habían salvado a miles de adolescentes con sus poderes.

-Éso es...- tartamudeó Liam mirando de reojo a sus amigos.-Éso es algo fantástico.-

-Sí.- sonrió Niall, emocionado.

-Sois mis ídolos.- repuso la chica limpiándose los ojos.-Mis mayores ídolos. Me cambiasteis... Y os debo la vida.-

Zayn salió de la habitación inesperadamente rápido. Harry sorbió por la nariz y se frotó los ojos con disimulo. La Directioner en cuestión miró a los demás.

-Discúlpalo, se emociona mucho con éste tipo de historias.- repuso Louis.-Iré a buscarlo.-

Liam, Niall y Harry se quedaron con la joven en la habitación del hospital mientras que Louis fue a buscar a Zayn. Tras cinco minutos dando vueltas por aquél piso, lo encontró en una de las terrazas del pasillo principal de aquella planta del hotel. Salió por la puerta que daba a la terraza y se acercó a su amigo.

-Zayn, ¿estás bien?- preguntó.

-Ésto es flipante.- repuso Zayn tras frotarse los ojos para no llorar, mientras miraba a Louis.-Muy flipante, tío.-

-Lo sé, es genial saber que ayudamos tanto a nuestras fans.- dijo Louis asintiendo con la cabeza.

-La sensación de saber que hemos salvado vidas, por decirlo de alguna manera... Dios, flipante, muy flipante.- volvió a decir Zayn, muy emocionado y tocado por la historia de aquella Directioner en cuestión.

-Ya está, tranquilo.- sonrió el mayor dando unas suaves palmadas en el hombro de su amigo para calmarlo.-Sé que es algo conmovedor. A ti te emociona el hecho de que evitemos suicidios, pero no tienes que llorar. Venga, respira profundamente y volvamos a la habitación.-

Zayn asintió con la cabeza y se dirigió al interior de nuevo, junto a Louis. Pensaba llamar a Perrie una vez que salieran del hospital para ir al cine o a simplemente tomar algo juntos, desconociendo la situación en la que se encontraba Perrie. Louis, que caminaba junto a él, también desconocía la situación en la que estaba Eleanor. Ambos llegaron a la habitación de nuevo.

-Ya estamos de vuelta.- habló Louis mientras abría la puerta de la habitación.

Se sorprendió al ver que Harry, Liam y Niall estaban cantándole Little Things a la joven chica, la cuál escuchaba emocionada desde su camilla. Zayn y Louis se unieron a la canción y los cinco terminaron de cantarle Little Things a su querida fan. Ésta aplaudió, conmovida, y se limpió las lágrimas de los ojos.

-Todavía no nos has dicho cómo te llamas, pero Celine nos dijo que era mejor no preguntarte. No tienes por qué decírnoslo si no quieres.- dijo Harry.

-Aunque nos gustaría conocer el nombre de ésta chica tan guapa, dulce y cariñosa.- añadió Louis acercándose a la camilla y rodeando los hombros de la joven con los brazos.

-Está bien...- sonrió ella, cediendo.

En voz baja, les dijo su nombre. Los cinco chicos asintieron con la cabeza, felices de haberla conocido. En aquél momento miraron el reloj de la habitación del hospital y decidieron que debían ir marchándose, pues cada uno de ellos tenía algo qué hacer.

-Gracias por evitar, con vuestras canciones, que me rindiese.- añadió ella finalmente.

Los cinco chicos se despidieron de la chica con otro abrazo y se fueron. Ella, por su lado, se tumbó de nuevo en su camilla y esbozó una sonrisa. Había conocido a sus ídolos, a One Direction. Su mayor sueño se había hecho realidad. Los cinco chicos, por su parte, salieron del hospital calmadamente. Harry suspiró, de nuevo volviendo al estado de agitación en el que se encontraba debido a la repentina desaparición de su novia. Zayn sacó su móvil y llamó a Perrie. Repitió el proceso tres veces, pero la rubia no lo cogía.

-Perrie no coge el teléfono, qué raro.- dijo frunciendo levemente el ceño.

-Posiblemente esté durmiendo la siesta y lo haya silenciado.- opinó Niall.

-No todo el mundo es tan dormilón cómo tú, Nialler.- respondió Zayn en broma.

-Te recuerdo que cuándo tienes fiebre te pasas tres o cuatro horas durmiendo la siesta.- habló el alegre irlandés con una sonrisa burlona en el rostro y sacándole la lengua a su amigo moreno.

-Es distinto.- contestó Zayn.

-Bueeeno, chicos.- repuso Liam estirando los brazos cómo si se acabase de levantar.-¿Nos vamos o no? Los hospitales me ponen algo triste después de todo.-

-Sí, vamos.- asintió Harry algo desanimado.

Louis detectó la sombra en los ojos de Harry y le puso una mano en el hombro, mientras que los otros tres iban entrando en la limusina.

-Brianna aparecerá, ya verás.- dijo en tono suave.

Harry miró el suelo por unos segundos y luego miró a su mejor amigo.

-Gracias.- suspiró al fin.

~~~

Aly y Talia se dirigieron, cogidas de la mano, al dormitorio de Cindy. Ella, cómo no, había cerrado la puerta de par en par. Aly se puso de cuclillas para estar más o menos a la misma altura que Talia.

-Llama tú a la puerta y háblale, a ti nunca te rechazaría.- le dijo en tono dulce.

-Chí, vale.- asintió la niña.

Dando pasitos cortos, se acercó a la puerta del dormitorio de su hermana.

-¿Cindy?- preguntó con su vocecita aguda y tierna, acto seguido llamó con su puño cerrado a la puerta formando una famosa melodía.-Do you want to build a snowman?- cantó.

Aly soltó una pequeña risita. A Talia le encantaba Frozen y todas las canciones de la famosa película. Ambas hermanas esperaron unos segundos. Nada sucedió.

-No contesta.- dijo Talia desilusionada mirando de nuevo a Aly.-Es cómo si ella fuera Elsa y yo Anna. Pero Cindy no tiene poderes de hielo y nieve, entonces, ¿por qué se mete en su cuarto?-

-Porque se ha peleado con mamá y papá.- repuso Aly sin querer darle muchos detalles a su hermana menor.-Pero pronto se arreglará todo, no te preocupes.-

-Vale.- Talia pareció algo triste por un segundo, miró de nuevo la puerta de Cindy y acto seguido se marchó de allí, caminando por el pasillo.-Me voy a ver Shin Chan.- comentó despidiéndose de Aly con la mano.

-Vale, baja con cuidado las escaleras.- advirtió Cindy.

Talia asintió enérgicamente con la cabeza y continuó su rumbo. Aly suspiró y miró de nuevo la puerta de Cindy. Llamó de nuevo, esperando que su hermana se encontrase en un mejor estado de humor.

-Cin, ¿puedo entrar?- preguntó.

No recibió respuesta. Decidió abrir la puerta y entrar. Cindy estaba tumbada sobre la cama, dándole la espalda, abrazando una almohada y tapada hasta la cintura con las sábanas. Aly la observó unos instantes antes de acercarse y sentarse en el borde de la cama.

-Mamá...- murmuró Cindy sin darse la vuelta.

-No soy mamá.- repuso Aly.

-Oh, Aly.- suspiró la menor, algo más tranquila.-De todas formas... Mamá y papá están enfadadísimos conmigo, ¿verdad?-

-La verdad es que sí...- dijo Aly colocándose un mechón de pelo detrás de la oreja.-Pero es comprensible. Has cambiado mucho. Te ven y no pueden reconocer a su propia hija. Hasta yo estoy decepcionada con tu cambio de actitud.-

Aly hablaba en tono neutro, suave, sin reñir a Cindy, pero ésta se sentía mal igualmente, invadida por la culpabilidad y el remordimiento, pero por otro lado, las ganas de encajar entre la gente de su edad.

-Siento que todo el mundo me odia.- suspiró Cindy abrazando la almohada con más fuerza aún.

-Éso no es cierto, Cindy.- repuso Aly algo molesta, frunciendo el ceño.-Papá, mamá, Talia, Kai, nuestra familia entera, todos nosotros te queremos. Harumi te quiere. One Direction también te quieren. ¡Y son famosos! Puedes decir con orgullo que eres amiga de One Direction, y que ellos te aprecian mucho. Además, los amigos que tenías en el colegio también te quieren mucho, y ya ni hablemos de Wen...- dijo éstas últimas palabras en un tono levemente juguetón, tratando de animar a su hermana.

-No, la familia no me quiere. Ahora que quiero actuar más adulta me riñen y me odian. Talia no sabe nada porque es una niña. Kai seguramente me diría lo mismo que me han dicho mamá y papá, y el resto de la familia igual. Harumi sólo me aprecia porque soy la hermana de su mejor amiga, seguro que ve a Talia igual que me ve a mí. Y lo mismo con One Direction. Ellos te quieren a ti, no a mí. Tú eres la novia de Niall Horan, y yo sólo soy la hermana de pacotilla. A mis amigos del colegio ya no los veo más. Y Wen... En cuánto se entere de todo ésto dejará de hablarme.- las mejillas de Cindy se pusieron rojas y apretó su cara contra la almohada.

-Cin, te equivocas en todo.- rebatió Aly negando con la cabeza.-Claro que nuestra familia te quiere. Te adoran. Si papá y mamá se han enfadado tanto es, precisamente, porque te quieren y no quieren que vayas por el mal camino de dejarte influenciar. Kai es nuestro primo favorito y lo sabes, he crecido con él y recuerdo que cuándo naciste tú a él se le caía la baba con su nueva prima recién nacida, y éso que tanto él cómo yo éramos unos niños de cinco años por aquél entonces, pero te adorábamos. Lo mismo se aplica a Harumi y a One Direction; no te tienen aprecio porque seas mi hermana, te tienen aprecio por ser quién eres. La gente no ve a "la hermana de Alyson Willson," sino que ven a "Cindy Willson" directamente.-

Cindy se frotó los ojos y miró de reojo a su hermana mayor.

-¿T-tú crees?- preguntó con un hilo de voz.

-¡Claro que sí! A la gente le gustas por ser quién eres, no por ser hermana mía. Siempre has sido simpática y alegre con los demás. Si mi novio y mis amigos te aceptan no es sólo porque seas mi hermana, es porque eres una gran persona.- alegó Aly con una sonrisa.

Suspirando, Cindy apartó la mirada, tratando de procesar las palabras de su hermana mayor. Le encantaba conocer ésos datos, y a la vez, le sentaba terriblemente mal, más que nada por saber que había hecho la decisión incorrecta al cambiar su personalidad y su forma de actuar. Soltó otro suspiro mientras decía en voz baja:

-Yo sólo quiero encajar entre la gente de mi edad...-

-Hay gente de tu edad con los mismos gustos que tú. No tienes por qué cambiar para encajar...-

-Pero quiero ser cómo mis compañeros de clase. Necesito gustarles a todos ellos para poder sentirme bien...- repuso la menor.

-No puedes gustarle a todo el mundo, y tampoco te va a querer todo el mundo. Tu familia y tus amigos de verdad jamás te exigirán que cumplas una serie de características concretas para sentirse orgullosos de ti. Debes ser tú misma, debes celebrar quién eres.- explicaba Aly pacientemente.

Cindy se frotó los ojos y le lanzó una mirada de reojo a Aly.

-Cin, escúchame. Tu no has nacido para gustarle a los demás, has nacido para ser feliz.- aclaró Aly.-Tu vida es sólo tuya y no puedes cambiarla sólo para ser del agrado de otras personas. La felicidad se basa en aceptar a todo el mundo tal y cómo es, así cómo permitir que los demás te acepten tal y cómo eres.-

-Tú eres mi hermana.- comentó Cindy con los ojos llenos de lágrimas.-De modo que sí, para ti soy una persona genial. Y para el resto de la familia también. Pero porque sois mi familia. Si no lo fuerais, no me veríais así, porque empiezo a ser odiosa.-

-Tú estás eligiendo cómo ser.- repuso Aly, pasándose una mano por su cabello rubio para luego revolver el cabello rubio de Cindy, comparando la suavidad de ambos.-Nunca fuiste odiosa, siempre me hacías reír a pesar de nuestras discusiones, y cuándo nació Talia estabas muy contenta.-

-Lo sé, pero...-

-Pero nada. No necesitas cambiar de actitud para ser fantástica, ya lo eres. Todos los amigos que te has ganado hasta ahora se han acercado a ti por tu simpatía y tu humor natural. No pretendías gustarle nunca a nadie, y quizás por éso le gustabas a todo el mundo. Todos te queremos tal y cómo eres. no tienes por qué cambiar para que la gente de tu clase te acepte, ¿comprendes?- habló la mayor.

-Sí...- Cindy asintió con la cabeza, algo insegura. Su hermana siempre la ayudaba a sentirse mejor, cosa que agradecía.

-Entonces, deja de actuar de ésta manera, por favor. Mamá, papá, todos queremos lo mejor para ti. Precisamente por éso se han enfadado; saben que lo que haces no será bueno para ti, y tratan de pararte. Pero todo depende de ti.- dijo Aly.

Cindy suspiró por enésima vez y bajó la mirada. Aly la observaba con paciencia, esperando que sus palabras resonasen en la conciencia de la menor. Cindy se palpó un mechón de pelo y paseó su mirada por toda la habitación, nerviosa y decepcionada consigo misma.

-¿Puedes dejarme sola, por favor?- preguntó en voz baja y humilde.

-¿Seguro que quieres estar sola?-

-Sí, espero que no te importe...- suspiró Cindy.

-Está bien.- Aly se levantó de la cama, resignada, y salió del dormitorio de Cindy.

Bajó hasta el salón, dónde Talia miraba Shin Chan sentada en el sofá. Aly se sentó junto a la pequeña niña y dejó escapar un largo suspiro. Talia la miró curiosa.

-¿Va a salir Cindy de su cuarto ya?- preguntó con su vocecita dulce.

-No, cosita.- repuso Aly rodeando a Talia con un brazo.

Ambas hermanas pusieron la misma expresión triste en sus rostros. Acto seguido, Aly tuvo una idea. Buscó el móvil de Cindy, el cuál lo había colocado Lara en un escondite para tener a su hija mediana castigada. Buscó en la agenda el número de Wen.

-Supongo que ésto podría ayudar.- repuso suspirando.

Y, sin más preámbulos, llamó por teléfono a Wen usando el teléfono de su hermana.

~~~

Los chicos de One Direction se dirigieron a sus respectivas casas, de modo que Harry volvió a su mansión. Gemma cruzó el salón seguida de los nueve gatitos que Harry había adoptado casi un año atrás, hasta que reparó en que su hermano menor acababa de entrar.

-¡Harryyyy!- saludó feliz, yendo a abrazar a su hermano.

-Hola Gemma.- él la abrazó de vuelta y sonrió.

-¡A ver si dejas de irte a la hora de comer de éstos mininos!- lo reprendió ella separándose del abrazo y retrocediendo para colocarse entre los gatos.-Siempre soy yo la que debe llenar nueve boles de comida. Se hace estresante.-

-Trata de ser una cantante en la banda más famosa del momento y entonces háblame de estrés.- la picó Harry en tono irónico.

-De todas formas, tú decidiste adoptarlos. Podrías cuidar de ellos un poquito.- objetó Gemma.

-Les doy caricias y hablo con ellos.- repuso Harry quitándose la chaqueta y colgándola del perchero.

-Sí, vaya, qué responsable...- Gemma rodó los ojos y se rió ante su desastroso hermano menor.

-En realidad, tenía buenos motivos para irme. Y cuándo me fui ni siquiera estabas aquí.- habló Harry.

-Acabo de llegar.- dijo ella encogiéndose de hombros.-Y dime, ¿qué motivos eran ésos?-

-Los chicos y Aly estaban aquí antes. Cuándo Aly se fue, Celine llamó a Louis por teléfono y los cinco nos fuimos al hospital en el que ella está de voluntaria. Estuvimos hablando con una Directioner que quería conocernos para olvidar sus malos momentos.- explicó Harry tiernamente.

-Ohhh, ¡uy qué monos que sois!- chilló ella pellizcando las mejillas de su hermano.

Harry se rió y le revolvió el pelo a Gemma. Acto seguido suspiró.

-¿Has traído las galletas que te pedí?- quiso saber.

-Claro que sí, hermano.- ella guiñó un ojo y señaló con el dedo pulgar la mesa del salón.

Harry miró hacia la mesa y se relamió los labios al divisar las galletas que reposaban sobre ésta, colocadas cuidadosamente en un plato. Se dirigió hacia el sofá, dejándose caer en éste, y agarró una de las galletas.

-Deliciosas.- dijo tras darle un bocado.

Gemma rió y se sentó en el otro sofá.

-Mola éso de que los chicos y tú vayáis a conocer a Directioners. Seguro que le habéis dado una alegría enorme a ésa chica.- alegó en tono amistoso.

-Éso espero. Ella lloraba de la emoción, y Zayn casi seguro que también. Se salió de la habitación y tuvo que ir Louis a buscarlo. Estábamos todos muy felices.- se expresó Harry.

-He averiguado unas cuántas cosas que podrían interesarte acerca de la desaparición de Brianna que ha sucedido hoy mismo.- dijo Gemma tan tranquila, mordiendo una galleta.

Los ojos verdes de Harry se abrieron de par en par y el cantante se levantó del sofá.

-¡¿Y por qué no me lo has dicho antes?!- exclamó.

-Tranquilo, tranquilo.- la joven propinó un pequeño saltito ante las voces que daba su hermano y masticó otra vez la galleta para calmarse.-Se me había olvidado, lo siento. Pero te lo puedo contar ahora.-

Harry respiró profundamente y se sentó en el sofá de nuevo. A veces lo despistada que era su hermana lo ponía de los nervios, sobretodo si se trataba de algo importante cómo era el caso.

-¿De qué se trata?- quiso saber.

-¿Recuerdas a mi ex novio policía?- inquirió Gemma.-Pues ha conseguido una grabación de dos hombres sospechosos en un bar. Estaban hablando de secuestrar a las novias de los cantantes One Direction, básicamente.-

-¿Qué?- Harry agrandó los ojos de nuevo.

-¿Sabes si Aly, Perrie, Eleanor y Melanie están a salvo?- preguntó su hermana.

-Sí... Bueno... Aly ha estado aquí antes, cómo te comenté. Melanie sigue en París, y Liam habla con ella por teléfono cada día, de modo que si le hubiera pasado algo ya lo sabríamos. Y Perrie y Eleanor... Están bien, que yo sepa. Louis y Zayn no las han echado en falta de momento.-

-Deberíamos llamarlas y...-

-Espera.- la interrumpió Harry.-Creo que estás en lo cierto. Acabo de recordarlo; antes, cuándo hemos salido del hospital, Zayn llamó a Perrie varias veces y ella no cogió el teléfono, aunque Niall supuso que estaba durmiendo...-

Gemma mordió otra galleta, y acto seguido, la sostuvo con la boca y usó sus dos manos para recogerse el pelo en una coleta alta. Sostuvo de nuevo la galleta y dio un mordisco.

-En ése caso mi ex tiene razón. Trató de seguir a los dos hombres sospechosos, pero se metieron en un tráfico enorme y él no pudo hacer nada. Cuándo el tráfico pasó, había perdido de vista su coche, aunque apuntó la matrícula, claramente.- explicó calmadamente, tratando de infundirle calma a su hermano.

-Entonces me voy a comisaría. Si pueden darme la más mínima información, que lo hagan. No puedo permitir que Brianna, ni ninguna de las novias de mis mejores amigos, estén en peligro.- dijo Harry.

Se levantó del sofá, se dirigió a la entrada y cogió su chaqueta del perchero, la cuál había colgado allí mismo minutos antes. Se la puso y abrió la puerta, cogiendo sus llaves de la mesita más cercana.

-Voy contigo.- repuso Gemma levantándose del sofá también.

-No, no es necesario.- habló el cantante.

-Harry, por favor, quiero ayudar. La seguridad de mi cuñada está en juego.- insistió de nuevo Gemma.

El chico de rizos castaños se sonrojó. Gemma llamando "cuñada" a Brianna sonaba bien. De hecho, sonaba más que bien.

-De acuerdo.- dijo al final, sonriendo levemente ante la determinación y seguridad de su hermana mayor. Muy en el fondo, apreciaba y agradecía su apoyo. Era una gran hermana mayor.

-Vamos a ver de una vez qué está pasando aquí.- asintió ella.

-¿Seguro que cogieron la matrícula del coche? No quiero llevarme decepciones. Debo encontrar a Brianna hoy, no dejaré qué pase un día entero ni más secuestrada.- afirmó Harry.

-Confía en mí, entre tu enorme partida de búsqueda enviada y los servicios de mi ex al investigar, recuperaremos a tu novia en menos que canta un gallo.- sentenció Gemma, segura de lo que decía.

Aquellas palabras tranquilizaron momentáneamente a Harry. Deseaba que su hermana tuviera razón y que Brianna apareciese sana y salva muy pronto. 

-Gracias por decir tal cosa.- dijo él con honestidad, sonriendo ante el optimismo de Gemma.

Sin más que hablar, los dos hermanos se aseguraron de que los nueve gatitos tenían agua y comida, acto seguido salieron de la casa y cogieron el coche de Gemma hasta la comisaría dónde trabajaba el ex novio de Gemma. Una vez allí, hablaron con él y éste les ofreció la matrícula del coche en concreto.

-La partida de búsqueda que enviaste me comunican que van tras el posible rastro, pues ella claramente fue secuestrada en el centro comercial en el que estabais.- aclaró el policía.

-¿Alguien más vio el coche con ésta matrícula?- quiso saber Harry, preocupado.

-No, pero vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para recuperar a Brianna antes de que anochezca.- repuso él.

-Me gustaría saber si os han comunicado algo relacionado con Perrie Edwards y Eleanor Calder.- añadió Harry mirando al ex novio de su hermana.

-No, no. A pesar de lo que grabé acerca de secuestrar a las novias de los cantantes de tu grupo, nadie ha denunciado la desaparición de ninguna de ellas dos.- respondió el joven hombre.

-Hmmm... Por saberlo.- suspiró el cantante.

-Tenemos que averiguar qué están planeando ésos dos indeseables.- habló Gemma cruzándose de brazos y desviando la mirada, resoplando.

-Y lo haremos, no te preocupes.- la reconfortó su ex. Revisó unos documentos y se los entregó a Harry.-Podéis ir a hablar con el resto de policías de ésta comisaría si queréis más información. Yo ando bastante ocupado ahora mismo, lo siento.-

-No te preocupes. Gracias.- Harry asintió una sola vez con la cabeza y se alejó junto a su hermana.

Tratarían de hablar con el mayor número de policías posible. Cuánto más supieran acerca del caso en concreto, mejor. Harry sólo llevaba en su mente el pensamiento insistente de recuperar a su chica. No pensaba rendirse.

~~~


Lexi dejó a Feather en su casa y regresó a la universidad. Miraba alrededor desconfiada. No se fiaba de nadie ahora que su loro había sido repentinamente envenenado. Se preguntaba quién lo habría hecho. Compartía cuarto con Elma, pero era nunca haría éso, era su amiga y además también apreciaba mucho a Feather. Pensó en que quizás Yvana y Eric la habían tratado de distraer con el tema de la boda mientras Feather era envenenado, pero retiró ésa idea de su mente. Ambos hablaban acerca de su boda en serio y además, eran demasiado tontos cómo para encontrar a alguien que supiera envenenar animales pequeños cómo el caso de un loro. Entonces, ¿quién? Lexi estaba bastante preocupada y sólo quería que aquél día tan terrible y lleno de situaciones extravagantes terminase de una vez. 

"No te rindas, pequeño" le había dicho antes de irse de su casa, pues el animal aún estaba algo aturdido debido a los restos del veneno. Lexi suspiró al recordar que ya no podría pasar el rato con Lexi entre clase y clase, pero en cierto modo le aliviaba saber que su loro ahora estaba protegido. Su madre cuidaría de él y allí, por lo menos, estaría a salvo.

~~~

-Gracias por venir.- le dijo Aly a Wen.-Voy a buscar a Cindy. Espera aquí, por favor. Y siéntete cómo en casa.- añadió con una sonrisa amable.

-Vale, gracias.- asintió él. A pesar de tener 15 años, su voz aún no se había desarrollado del todo, y a veces le salía el pequeño tono infantil. Carraspeó, algo avergonzado por su repentina voz, y trató de poner un tono de voz más profundo.-Gracias.- repitió.

Aly rodó los ojos, soltando una risita silenciosa, y subió las escaleras para dirigirse al dormitorio de Cindy, dejando a Wen en el salón. El chico se acercó a los enormes ventanales y observó la ciudad, admirado. Luego miró alrededor, repasando con cuidado los muebles de aquélla preciosa vivienda.

-Vaya pedazo de apartamento de lujo...- murmuró en voz baja, impresionado.

Aly, por su parte, entró en el dormitorio de su hermana menor tras llamar a la puerta.

-¿Cin? Ha venido alguien a verte.- dijo acercándose a la cama.

-Dile que se vaya.- suspiró ésta, todavía tirada en su cama.

-Te gustará verle.- repuso ésta.-Mamá y papá te han castigado sin salir de casa, por éso le he dicho que venga aquí.-

-Me da igual, quiero estar sola, por favor...- murmuró la menor.

Aly cruzó los brazos y formó una media sonrisa.

-Se trata de Wen.-

Cindy se incorporó en la cama a la velocidad de un rayo y acto seguido se levantó de un salto de ésta. Sus mejillas se tornaron de un tono rojizo mientras se pasaba las manos por el cabello, tratando de arreglarlo y colocarlo. Miró directamente a los ojos de su hermana mayor.

-¿Qué hace aquí? ¿Lo sabe todo? ¿Qué quiere?- empezó a decir.

-Lo he llamado yo para que venga. Sí, le he contado la verdad mientras bajaba para acompañarle desde la entrada del edificio hasta la puerta de casa. Quiere hablar contigo y aclarar las cosas.- respondió Aly pacientemente.

-Pero estoy horrible... Se nota mucho que he llorado y fíjate en mi pelo, llevo tantas horas tirada en la cama que me he despeinado. Necesito arreglarme antes de hablar con él y...- se desesperó Cindy.

-Cin, escucha.- la interrumpió Aly.-A Wen nunca le ha importado tu aspecto. Y aunque le importase, no te preocupes, estás guapa igualmente.-

Cindy suspiró y miró hacia el suelo.

-Vamos, no le hagas esperar.- repuso Aly moviendo la cabeza hacia la puerta del dormitorio.

Las dos hermanas bajaron las escaleras y divisaron a Wen sentado en el sofá algo nervioso. Se puso de pie en cuánto vio a Cindy y trató de sonreír. Aly señaló un pasillo cercano.

-Bueeeeeeno, yo voy a acostar a Talia y a leerle varios cuentos... Es decir, a leerle cuentos primero y luego a acostarla. Y quizá ella saque sus muñecas de Anna y Elsa y seguro que me pedirá que le cante Let It Go, pero... En fin, que estaré con ella en su dormitorio. Os dejo a solas.- dijo en tono algo divertido aunque tratando de disimularlo.

Se alejó de la estancia dejando a los dos jóvenes a solas. Cindy se tiró de las mangas de su chaqueta, haciendo que éstas le cubriesen las manos, y miró el suelo. Wen sonrió a medias, algo decepcionado por lo que Aly le había contado sobre Cindy.

-Hola.- dijo al final, para que Cindy se calmara.

-Hola...- respondió Cindy.

Tras unos segundos, empezó a caminar, adentrándose en el salón, y una vez que llegó a Wen, lo abrazó. Él, sorprendido, parpadeó un par de veces, pero luego le devolvió el abrazo sin dudar. Cindy hacía esfuerzos para no echarse a llorar. Se apartó de Wen y lo miró a los ojos.

-Me odias ahora mismo, ¿verdad?- preguntó.

-No, no, para nada es así.- repuso él.

Cindy se sentó en el sofá y Wen se sentó junto a ella. La joven se frotó los ojos con los puños cubiertos por las mangas de su chaqueta y emitió un largo y agotado suspiro. Miró a Wen de reojo.

-¿Seguro?-

-Seguro, claro que no te odio, tonta.- bromeó él dándole un suave codazo.

-¡Tonto!- devolvió ella la broma colocando su mano en la mejilla de Wen y empujando su cara con suavidad. Acto seguido se cruzó de brazos y volvió a colocar una expresión seria en su rostro, dirigiendo su mirada hacia el suelo.

-Es más, nunca podría odiarte.- añadió él.-Ni loco.-

Cindy se sonrojó ligeramente y trató de ocultarlo mirando a otro lado.

-Entonces... ¿De qué querías hablar?- inquirió.

-De que me dolió mucho que me mintieras. Y que le mintieras también a tu familia. Te quieren mucho, Cindy. ¿Lo sabías?- dijo él.

-Claro que lo sé.- suspiró Cindy.-Y yo les quiero a ellos.-

-Entonces ¿por qué les has dicho a tus padres que los odias?-

Cindy enmudeció. Maldijo mentalmente a Aly por contarle a Wen los detalles. Aunque éso demostraba que se llevaban bien y confiaban el uno en el otro. Increíble, su propia hermana tenía más confianza con el chico que le gustaba a Cindy que la propia Cindy. Suspiró otra vez y sus las comisuras de sus labios cayeron hacia abajo.

-No... No lo sé. Lo dije sin pensar. Pero no es lo que siento. Claro que quiero a mis padres, y a mis dos hermanas también. Todo el mundo dice tonterías cuándo se enfada...- trató de excusarse.

-Tú eres una buena persona, y muy simpática. ¿Por qué ibas a cambiar tu actitud?- se intrigó Wen.

-Porque quiero ser cómo la gente de mi nuevo instituto. Son guays y populares...- dijo ella en tono de anhelo.

-No, Cindy.- Wen apartó la mirada un momento. Se veía la notable decepción en sus ojos.-No puedes hacer éso. Nadie te reconoce. Ésta no es la Cindy que me gusta.-

-Pero Wen... Ser adolescente es tan difícil...-

-¿Se te ha olvidado que yo también soy un adolescente?- inquirió él.

-No, pero quiero decir... Una chica cómo yo, a ésta edad, rodeada de personas distintas... Y sólo quiero ser cómo esas personas, porque si no lo soy, se empezarán a burlar de mí.- explicó Cindy.

-¿Y de verdad quieres ser cómo alguien que se burla de los demás por no compartir maneras de ser?- preguntó el chico en tono inquisitivo.

Cindy miró el suelo. La pregunta le había pillado desprevenida y Wen tenía razón.

-No.- dijo al cabo de unos momentos, volviendo a mirar a Wen. Él sólo la observaba.

-Entonces.- añadió Wen.-¿Por qué quieres ser cómo ellos? No te haría ningún bien. Su aceptación no cuenta. Lo que cuenta es la aceptación de tu familia y amigos de verdad, no amigas populares y falsas.-

-No lo sé...- Cindy se rascó la frente. Wen estaba desmontando todos sus argumentos para querer encajar, pero no la convencía del todo.-Sólo quiero hacer lo que ellos hacen.-

-¿Aunque éso implique perder a tu familia y a todos los que te quieren de verdad?- soltó él, muy serio.

La pregunta golpeó el cerebro y el corazón de Cindy, haciendo que éste último aumentase la velocidad y fuerza de sus latidos. Notó el pulso en el pecho y en el cuello mientras palidecía. Nunca antes se había planteado en serio la cuestión de poder perder a su familia.

-No, pero... Éso nunca podría pasar.- dijo en voz baja, mirando a Wen.-Son mi familia... Me querrán pase lo que pase, haga lo que haga...-

-Sí, pero por otro lado, si intentan hacer que hagas lo correcto y los apartas de ti, los perderás igual. No es que ellos vayan a abandonarte, es que tú los estás apartando lejos de ti.- explicó Wen con seriedad y algo de tristeza en la mirada.

-No, yo no quiero apartarlos de mi lado...- se apresuró a decir ella, asustada.

-Entonces vuelve a ser cómo eras. No pretendas cambiar para gustarle a los demás. Hay mucha gente que te quiere tal y cómo eres, sin necesidad de forzar tu personalidad.-

-¿Tú... qué opinas?- quiso saber ella.

-Yo quiero que seas feliz siendo tú misma.- repuso Wen.-Me encantaba cómo procurabas hacer que todos se sintieran orgullosos de ti.-

-¿De verdad?-

-Sí...- Wen se sonrojó y apartó la mirada.

Cindy también se ruborizó y se deslizó ligeramente en el sofá, sentándose un poco más cerca de Wen. Ésta la miró de nuevo y sonrió. Ambos acercaron sus rostros, cerraron los ojos, y... Sus narices se chocaron. Ambos abrieron los ojos, sorprendidos por el choque que había evitado el beso.

-¡PPPFFFFFFFR!- se oyó desde el pasillo. Sonaba cómo alguien que contenía la risa y se le había escapado una pedorreta con los labios sin querer.

-¡Sssshhh!- se oyó a Talia, siseando cómo para mandarle a alguien que se callase.

-¿Qué...?- Cindy se levantó del sofá y se dirigió hacia el pasillo que daba al dormitorio de Cindy.

Tras la esquina de éste, descubrió a Aly y Talia corriendo hacia el dormitorio de Talia, mientras Aly murmuraba "corre, corre" por lo bajo. Cindy se cruzó de brazos, enfadada.

-¡Nos estabais espiando!- gritó.

-¿Qué? ¡No, no! No no no no...- dijo Aly deteniéndose en seco.

-¡No era una pregunta! ¡Nos estabais espiando de verdad!- Cindy frunció el ceño aunque se le escapó una ligera sonrisa, que procuró borrar curvando sus labios hacia abajo.

-¡Que no!- dijo Aly.

-Os habéis chocado con la nariz.- rió Talia escondida tras las piernas de Aly.

-Pero cállate, por favor, Talia...- gruñó Aly por lo bajo.

Cindy suspiró y rodó los ojos. Talia soltó una risita, cubriéndose la boca con ambas manos.

-Wen debería irse ya. Mamá y papá llegarán pronto y será mejor que no sepan que lo he llamado para que te dé la charla él.- dijo Aly.

-Tú también me has dado una charla antes.- repuso Cindy.

-Da igual, debe irse ya.- repuso la mayor.

-De acuerdo.- suspiró Cindy.

Se despidió de Wen con un beso en la mejilla y éste se marchó. Cindy volvió a su dormitorio y diez minutos después, Lra y Richard regresaron. De modo que Aly aprovechó para ir a la universidad a ver si Lexi seguía allí y de paso, dar una vuelta con ella.

Empezó a caminar por la calle felizmente, esperando que más tarde o más temprano, Cindy bajase a hablar con sus padres y le comunicase que había entrado en razón. También esperaba que éstos pudieran perdonarla pronto en vez de castigarla durante demasiado tiempo. Parecía que todo iba a mejorar, pensó, mientras seguía andando.
Pero de repente, cuándo empezó a andar por un alargado callejón, oyó unos pasos corriendo.
Notó un golpe en la cabeza, un golpe seco, fuerte, doloroso.
Sintió su cuerpo entero impactando contra el suelo.
Y todo se volvió negro.

~~~

Brianna, Eleanor y Perrie seguían tratando de encontrar una salida de aquél lúgubre sitio, pero no había manera. Parecía un laberinto. Uno muy viejo, oscuro y estropeado. Habían ido con sumo cuidado para no ser encontradas y ya llevaban cómo media hora caminando, pero no habían dado con ninguna salida, de momento. Las tres tenían muchísimo miedo y estaban muy tensas.

-Todo ésto está muy cerrado. Debe de haber ventanas por aquí.- susurró Perrie.

-Las hay. Pero nos son inútiles.- advirtió Brianna señalando hacia un punto.

En aquél punto señalado por Brianna había una pequeña y estrecha ventana, pero estaba tapada con ladrillos y cemento, de modo que era imposible salir por ella. Perrie soltó un largo suspiro al verla, mientras que Eleanor, nerviosa, se abrazaba a sí misma, rodeando sus codos con sus propias manos.

-¿Qué hacemos?- preguntó algo insegura.-Llevamos una media hora dando vueltas. Y no encontramos ninguna salida...-

-Teneos que seguir buscando. Éste edificio es viejo, quizá haya alguna apertura en paredes rotas por la que podamos escapar.- habló de nuevo Brianna, mirando alrededor sin parar.

-Conseguiremos salir de aquí, no te preocupes.- dijo Perrie, tratando de calmar a la asustada Eleanor.

De repente se oyó una puerta abriéndose a lo lejos, y acto seguido, cerrando de un portazo seco y fuerte que resonó por casi todo el edificio. Las tres muchachas se cogieron de las manos, aterrorizadas, y con sus miradas barrieron la estancia en busca de un lugar para esconderse. Se oyeron unas voces masculinas hablando, aunque hablaban en voz baja y estaban lejos de ellas, con lo que no oyeron del todo bien lo que decían. Con cuidado, las tres corrieron en dirección contraria a las que se oían las voces para alejarse aún más. Oyeron que otra puerta se abría y pudieron escuchar el sonido del aire del exterior entrando. ¡Una salida! Esperanzadas, trataron de acercarse a escondidas.

-¿Qué demonios?- habló de nuevo una voz masculina y profunda.-No... La última a la que trajimos ha escapado. ¿Cómo es posible?-

Brianna abrió los ojos cómo platos. ¿Se refería a ella?

-Iré a ver si las otras dos siguen ahí.- sonó la otra voz, también masculina.

Sí, se refería a ella. Y aquél último comentario, a Perrie y Eleanor, las cuales se miraron entre ellas, nerviosas. Unos pasos se alejaron mientras que el primer hombre que había hablado resoplaba con ira. Eleanor se agarró a Brianna y a Perrie.

-Tenemos que irnos de aquí.- murmuró asustada.

De repente oyeron algo pesado que aterrizaba en el suelo y una puerta que se cerraba. Se escuchó un chillido femenino. Las tres jóvenes abrieron sus ojos de par en par.

-¿Ésa era Aly?- preguntó Perrie.

-Sí... Creo que sí.- asintió Eleanor.

-Sí. ¡Sí, era ella! ¡La han secuestrado también!- exclamó Brianna.

Oyeron que alguien daba golpes en la puerta cerrada y enseguida supieron que se trataba de Aly que quería salir. Enseguida oyeron los pasos de la chica corriendo, una puerta cercana abriéndose y Aly apareciendo por ésta. Ella abrió los ojos de par en par.

-¡Brianna! ¡Estabas aquí!- gritó, sorprendida.-Y... ¿Eleanor? ¿Perrie?-

-¡Aly, tú también!- exclamó Eleanor corriendo hacia Aly, y abrazándola por instinto.

De repente otra puerta de metal se abrió y apareció uno de los dos secuestradores, aunque ahora sin máscara. Divisó a las cuatro chicas y gritó:

-¡Están aquí! ¡Las cuatro están aquí!-

Ellas retrocedieron, colocándose juntas. El hombre en cuestión corrió hacia ellas.

-¡Fuera!- gritó Perrie adelantándose y tratando de darle un puñetazo al hombre.

Éste fue más rápido y la agarró de los brazos para luego tirarla al suelo. Ella aterrizó con un quejido. Aly apretó los puños y se dirigió hacia el hombre con más rapidez de la que Perrie usó. Él trató de cogerla por los brazos también a ella, pero Aly golpeó la entrepierna del hombre con su rodilla mientras que Perrie se arrastraba por el suelo hacia él y le agarraba las dos piernas. El hombre cayó al suelo dolorido y Aly ayudó a Perrie a levantarse.
Por la misma puerta por la que apareció el primer hombre, llegó el segundo, también sin máscara. Era aún más corpulento y fuerte que el primero.

-¿Adónde creéis que vais?- exclamó en tono amenazante.

-¡A tomar un café! ¡¿A ti que te parece?!- gritó Aly mientras corría hacia él.

Pero éste tuvo buenos reflejos y, agarrando a Aly de un brazo, la lanzó con fuerza, haciendo que golpease la pared más cercana antes de caer al suelo. Eleanor soltó un pequeño gritito.

-¡Aly!- se preocupó Brianna.

El hombre que estaba en el suelo se puso de pie ayudado por su amigo. Ambos se apresuraron hacia Brianna, Perrie y Eleanor. Brianna se adelantó y le pegó un puñetazo en la cara a uno de ellos. Por respuesta, éste le hizo lo mismo que Aly. Cuándo Aly trató de levantarse, Brianna prácticamente le cayó encima. Por otro lado, Perrie se acercó a los dos hombres y dio una patada en al barriga de uno de ellos, para luego girarse y darle un fuerte puñetazo al otro en la nariz, haciendo que ésta empezase a sangrar. Éste la empujó al suelo y se acercó a Eleanor.

-No, por favor...- Eleanor empezó a llorar en silencio.-¡Por favor, no nos hagáis más daño!-

Justo cuándo el hombre se dispuso a tomarla de los hombros, Eleanor frunció el ceño, se agachó para esquivar las manos del hombre, y dio una fuerte patada en la espinilla de éste, es decir, la parte baja de su pierna. Él se agarró la espinilla, dolorido, antes de coger a Eleanor del pelo. Ella gritó, y con fuerza, clavó sus uñas en la mano del hombre que tiraba de su pelo, arañando su piel.

-¡Aaaaaagh!- gritó el hombre, soltando el pelo de Eleanor y mirando su mano. Sus arañazos sangraban debido a la fuerza que Eleanor había empleado en sus uñas.

Aly, Brianna y Perrie ya se habían puesto de pie y acorralaban al hombre cuya nariz sangraba gracias al puñetazo de Perrie. Aly se dispuso a darle un fuerte puñetazo en la barriga, pero éste la detuvo y la empujó con fuerza hacia atrás. Pero Eleanor pudo sostenerla antes de que cayera al suelo. Perrie se giró al notar que el hombre de mano arañada por Eleanor la cogía del hombro. Brianna se adelantó a Perrie y plantó un puñetazo en la mandíbula del hombre. Éste se sujetó la mandíbula con su mano, sangrando a causa de los arañazos.

-No os rendís, ¿eh?- dijo en tono siseante.

-Ni de coña.- repuso Perrie antes de saltar sobre él de nuevo y propinarle una patada en la entrepierna, y, a su vez, un puñetazo en la garganta.

Brianna le dio otro puñetazo al hombre de nariz sangrante, pero éste la empujó violentamente al suelo y le dio una fuerte patada en el estómago. Eleanor saltó sobre su espalda antes de que pudiera seguir y comenzó a darle puñetazos en la nuca. El otro secuestrador, después de tirar a Perrie al suelo, se dispuso a coger a Eleanor para que dejase a su compañero en paz, pero Aly se interpuso y pateó la entrepierna del hombre dos o tres veces, a la vez que le sostenía la cabeza con ambas manos, para acto seguido propinarle un cabezazo terriblemente doloroso.

-¡Dejadnos marchar de una vez!- gritó Brianna levantándose del suelo.

El hombre que tenía a Eleanor en la espalda pegándole, cogió a Eleanor de los brazos y la voló por encima de él, haciéndole una "llave." Brianna se colocó enfrente para frenar la caída y Eleanor cayó sobre ella. Aly cogió del hombro al señor que acababa de tirar a Eleanor y le dio dos puñetazos en la mejilla. Pero él la tiró al suelo dándole una fuerte patada en el estómago.
En aquél momento un sonido lejano les hizo parar la pelea a todos. Se oía algo acercándose, un pitido.
Las sirenas de los coches de policía.



domingo, 11 de enero de 2015

107- Esperanza... ¿o desesperación?

Aly releyó el documento de Harry y abrió los ojos cómo platos.

-¿De verdad has mandado quince partidas de búsqueda?- preguntó.

Los chicos de One Direction y Aly se encontraban en casa de Harry. Después de que éste les comunicara lo ocurrido por el chat del teléfono, todos enseguida fueron a su casa para apoyar y calmar a Harry.

-Sí. Quince grupos de agentes para que la busquen. En cada grupo hay cinco.- repuso Harry sentado en el sofá, muy serio y apoyando la barbilla en una de sus manos.-Sigo pensando que no son suficientes.-

-¿Que no son suficientes?- Aly hizo un cálculo mental. Quince grupos y cinco agentes en cada uno era igual a...-¡Hay 75 personas buscándola!-

-Lo sé.- repuso Harry-Lo que he dicho. No son suficientes. No la han encontrado todavía.-

-Harry, han salido a buscarla hace media hora, por supuesto que no la han encontrado todavía. Tranquilízate.- le dijo Niall con serenidad.

-¡No puedo! Necesito saber dónde está. Qué le ha pasado. Si está sana y salva.- se impacientó el chico de cabello rizado, mirando a todos los presentes, muy inquieto.

-La encontrarán, no te preocupes.- lo alentó Liam con una pequeña sonrisa calmada.

-Sí, ¿pero cuándo?- repuso Harry, desesperado.

-Pronto.- intervino Zayn.-Y ten paciencia, ¿de acuerdo? Seguro que en seguida volvéis a estar juntos.-

Harry miró de reojo a Zayn y suspiró, cansado. Deseaba que su amigo tuviera razón.

-Sí, no te preocupes, Harry.- habló Aly de nuevo.-Con 75 profesionales buscándola, es imposible que no aparezca, ¿no crees?-

Harry suspiró otra vez y se pasó una mano por el cabello.

-Supongo que no tengo otra opción que esperar...- murmuró por lo bajo.

Liam le dio una palmada en el hombro para tranquilizarlo.

-Éso es.- dijo calmadamente.-Espera y verás cómo aparece pronto, muy pronto.-

~~~


Brianna empezó a respirar aceleradamente, cogiendo sonoras bocanadas de aire. Trató, una vez más, de soltarse las cuerdas que le ataban las manos, pero no era posible. Cerró los ojos con fuerza a medida que los pasos se acercaban. Cuándo parecía que alguien iba a entrar en la habitación, los pasos se detuvieron en seco y segundos después, retrocedieron, dando marcha atrás. Brianna abrió los ojos despacio, algo temerosa, y oyó un portazo lejano que la hizo sobresaltarse.
Suspiró con fuerza, descargando la tensión de aquellos últimos segundos en los que pensaba que le iban a hacer algo. De nuevo, empezó a agitar las manos atadas a su espalda, a intentar separarlas, a frotar las cuerdas de ésta con la madera vieja de la silla... De repente, las cuerdas se quedaron enganchadas en algo. Brianna abrió mucho los ojos y trató de mirar hacia atrás lo máximo que pudo. En uno de los dos palos de madera vieja que unían el respaldo de la silla con el asiento, había un clavo atravesado, y las cuerdas se le habían enganchado en la parte más afilada de éste.

-Bien.- murmuró para sí misma, sonriendo al ver que podía usarlo para liberarse.

Trató de frotar con más fuerza todavía las cuerdas que ataban sus muñecas contra la parte afilada del clavo para que las cuerdas se rompiesen. Lo hizo tan rápido y con tanta desesperación que, por accidente, se hizo un rasguño en el dorso de la mano izquierda.

-¡Ay!- exclamó, aunque acto seguido apretó los labios. No podía permitirse el lujo de que la oyeran.

Enganchó de nuevo las cuerdas al clavo y sacudió sus manos, tirando de las cuerdas. Éstas se rasgaron tras un par de minutos. Brianna sonrió eufóricamente y con un golpe de muñecas hacia los lados, terminó de romper las cuerdas, ahora finas debido al clavo que las había ido rompiendo. Se miró las manos y se frotó las muñecas. Luego miró el dorso de su mano izquierda. El rasguño sangraba un poco, pero daba igual. ¡Al fin tenía las manos libres! Se levantó de la silla cautelosamente. Miró alrededor y se acercó a la puerta de la estancia. Pegó la oreja a ésta, no se oía nada. Trató de abrirla, pero claramente estaba cerrada con llave. Se giró. Había otro pasillo en ésa habitación. Suspiró para luego respirar profundamente. Luego se adentró en el pasillo.

~~~

Celine se dirigió al hospital. Ya que le había comentado a Faline y Aly su decisión de hacerse voluntaria y había obtenido la aprobación de ambas, decidió que empezaría aquél mismo día. Cuánto antes comenzase a ayudar a las personas, mejor. Entró y presentó el documento que había imprimido de la web oficial del hospital para presentarse oficialmente cómo voluntaria. La mujer que la atendió le ofreció una lista con actividades del hospital en las cuáles podría participar. La primera de la lista se trataba de leerle cuentos a los niños pequeños que estaban ingresados. Celine asintió, agradeció a la mujer y se dirigió al lugar correspondiente. Tras unos pocos minutos caminando por los pasillos del hospital, había llegado.
El sitio en cuestión era una bonita y colorida sala, con asientos de tonos alegres y una televisión enorme, en la cuál se estaba reproduciendo una producción de Disney y Pixar, la famosa película Buscando a Nemo. Sentados en los sillones multicolor y sofás amarillentos, había niños de entre 4 y 9 años, algunos de ellos vestidos con camisón blanco y pantuflas, y otros con ropa estándar. En cuánto Celine entró en la sala, los niños más mayores la miraron, mientras que los más pequeños seguían absortos en la película.

-Hola. Oye, ¿no eres un poco mayor para venir a ésta sala?- preguntó una niña de unos ocho años, examinando a Celine y extrañándose ante su físico de adolescente.

-Hola.- saludó Celine tímidamente, aunque sonrió.-En realidad, venía a leeros unos cuentos.-

-¡Sí, cuentos!- chilló un niño pequeño, bajito, de probablemente séis años o menos.

-Menos mal, Nemo está a punto de acabar y no sabía qué íbamos a hacer después.- habló otro niño.

Celine se dirigió tranquilamente a la esquina de la sala dónde reposaban todos los cuentos ilustrados sobre una pequeña mesa y cogió varios cuentos clásicos. Caperucita Roja, los Tres Cerditos, la Bella Durmiente, Hansel y Gretel, los Siete Cabritillos... Sabía que los niños ya conocían ésas historias, pero también sabía que lo clásico nunca pasaba de moda.
Una vez que Buscando a Nemo finalizó y la pantalla se puso en negro, un aviso salió en ésta, informando que en media hora pondrían Cómo Entrenar a tu Dragón, de Dreamworks. Los niños se apartaron de la televisión y rodearon a Celine, la cuál se colocó en una pequeña silla.

-Bien, hasta que empiece Cómo Entrenar a tu Dragón y la podáis ver, voy a leeros algunos cuentos. Éstos son los que he elegido.- dijo antes de colocar los cinco cuentos que escogió en el suelo.

Los niños se situaron en pequeñas sillas alrededor de Celine y observaron los cinco libros colocados en el suelo. Celine hizo una votación entre los niños y el cuento más votado fue el de Caperucita Roja, el primero que eligió. Sin más preámbulos, lo cogió y empezó a leer en voz alta y clara:

-Érase una vez, en un pequeño pueblecito, vivía una alegre aunque desobediente niña, conocida por todos cómo Caperucita Roja, debido a que siempre vestía una capucha y una capa roja. Un día, su madre le comunicó que su abuela estaba enferma, y le ofreció una cesta de comida para que se la llevara...-

La media hora transcurrió, durante la cuál, Celine pudo leer otros dos libros más. Después empezó Cómo Entrenar a tu Dragón y Celine pudo retirarse de la sala, feliz por haber entretenido a los niños con los cuentos. La niña más pequeña incluso le había dado un abrazo. Aquella sensación le hizo sonreír: acababa de empezar cómo voluntaria y ya se sentía genial.
Estuvo otra media hora dando vueltas por el hospital, pues ya se había estudiado el mapa de éste desde que decidió presentarse cómo voluntaria. Ayudaba a las enfermeras a transportar bandejas a las correspondientes y daba indicaciones a la gente que estaba perdida y debía encontrar una ubicación urgente, sin tiempo a mirar un mapa. De momento sólo tenía tiempo para presentarse quizás una hora o dos al día, de modo que debía irse temprano.

-Muchas gracias por haberte presentado.- le dijo una amable enfermera en uno de los pasillos.-Éste ha sido tu primer día, pero ya verás cómo a medida que vienes más, te irás sintiendo mejor y más cómoda.-

-No hay de qué, gracias a ustedes por ésta oportunidad. Siempre me ha encantado la idea de ayudar a los demás, pero quizás era demasiado tímida cómo para hacerlo...- repuso Celine inclinando un poco la cabeza en señal de respeto.

-Bueno, no pasa nada, mejor tarde que nunca.- la tranquilizó la enfermera.

-Antes de irme haré una pequeña visita a Kai, viene aquí cada día desde hace un año para estar con sus padres.-

-Ah, sí, Kai... Pobrecito. Sus padres llevan casi un año en coma, sí. No se separa de ellos más que para ir al baño y volver a casa por la noche. Pero por la mañana bien temprano está aquí de vuelta. Es un cielo de chico.- se expresó la mujer.

-Lo sé... Es mi...- Celine tragó saliva y se sonrojó.- ... Nos gustamos.-

-Oh, qué dulces.- la enfermera sonrió.-En ése caso verte le hará bien.-

Celine se sonrojó de nuevo y se despidió de la enfermera. Se dirigió a la habitación de los padres de Kai, llamó a la puerta suavemente y entró.
Los padres de Kai reposaban cada uno en su camilla con los ojos cerrados. A Celine le dolía verlos así, aunque ya estaba más o menos acostumbrada. Kai se encontraba mirando por la ventana, sentado en el umbral de ésta. Celine no podía verle la cara, pero sabía que Kai tenía la mirada perdida. Miraba la ciudad, pero sin observarla, pues en sus pensamientos sólo reinaba el ansia de que sus padres despertasen pronto. Celine carraspeó y habló con voz suave y baja:

-Hola, Kai...-

Él giró la cabeza rápidamente y su rostro se iluminó al ver a Celine. Se levantó del umbral de la ventana y sonrió, mientras un ligero rubor se formaba en sus mejillas.

-Celine... Hola. Gracias por venir.- dijo tímidamente.

-Siempre me lo agradeces, y no tienes por qué hacerlo.- repuso ella con una sonrisa dulce.

-Lo sé... Pero gracias igualmente, tu apoyo significa mucho para mí.- se expresó él con sinceridad.

Celine amplió su sonrisa.

-Me alegra saberlo.- dijo mientras trataba de evitar sonrojarse.-Verás, yo... He decidido hacerme voluntaria en éste hospital.- le comunicó en voz baja y tranquila.

-¿De verdad?- preguntó Kai abriendo mucho los ojos en señal de sorpresa.

-Sí.- repuso Celine con timidez.-Así puedo ayudar y de paso, estar más tiempo contigo. Sé que no puedo hacer mucho, pero así al menos...-

Kai la abrazó antes de que pudiera seguir hablando, interrumpiéndola de la manera más dulce posible. Celine se ruborizó y le devolvió el abrazo con cautela. Acto seguido Kai apartó su cabeza del hombro de Celine y la miró a los ojos. Se inclinó ligeramente hacia ella y la besó en los labios con ternura, cerrando los ojos. Celine por su parte, abrió mucho los suyos, mirando sorprendida al chico. Ambos estaban bastante sonrojados, y al cabo de unos pocos segundos, Kai se separó, rompiendo el beso, abriendo los ojos y sonriendo mientras se mordía el labio inferior suavemente. Celine se palpó sus propias manos y bajó la mirada hacia éstas. Aquél era posiblemente su segundo beso real.

-Bu-bueno... Eh... Me alegra ver que estás de acuerdo.- tartamudeó por lo bajo.

-Gracias.- dijo Kai con sencillez y suavidad. De repente, parecía más feliz.

-¿Eh?- Celine se sorprendió ligeramente.-No... no hay por qué darlas. Hago ésto por voluntad propia. Es algo que siempre quise hacer. Sólo tenía que superar mi timidez y decidirme.-

-Es una gran noticia.- dijo Kai sonriendo de nuevo.-De verdad.-

Celine volvió a sonreír.

-Trataré de venir cada día. Tengo la universidad, muchos deberes y luego está mi trabajo en la pastelería, pero en cuánto tenga un rato libre vendré y cumpliré cómo voluntaria. Lo haré lo mejor que pueda.- dijo decidida y con la mirada firme.

-Te lo agradezco mucho.- Kai sonrió de nuevo y volvió a abrazarla.

Ella sonrió tímidamente y lo abrazó de vuelta una vez más.

-¿Sabes?- Kai se despegó del abrazo lentamente y miró a sus padres.-Ahora que vas a venir aquí más frecuentemente cómo voluntaria, confío más que nunca en que despertarán. De algún modo, sabrás que están por aquí, y querrán despertar para conocer a la novia de su hijo.-

-¿L-la n-n-novia?- Celine se puso roja mientras se colocaba un mechón de pelo tras la oreja.

-Sí, bueno... Eh...- Kai soltó una risita nerviosa mientras se rascaba la nuca con suavidad.

-De... de acuerdo.- la joven sonrió, cohibida, y besó la mejilla de Kai.

Éste sonrió. Celine miró el suelo, sonriendo disimuladamente. Era la primera vez que Kai la mencionaba cómo su "novia." Y sinceramente, le encantaba cómo sonaba.

~~~

En Yale, Lexi se encontraba caminando por los pasillos, dirigiéndose al comedor para merendar. De repente, de una esquina salió repentinamente Yvana, la capitana de las animadoras de Yale. Lexi pegó un pequeño brinco al verla. Si a alguien no quería ver, era a ella.

-¡Lexiii!- gritó con un tono de alegría.

-Yvana.- siseó Lexi.-¿Qué quieres?-

-¡Ven, corre, corre, corre!- gritó la feliz animadora, dando saltitos y haciendo ondear su melena rubia. 

Sin más preámbulos, agarró a Lexi de la muñeca y echó a correr, arrastrando a la morena tras de sí.

-¡Eh! ¡Para, para, para!- se quejó Lexi. La chica con la que su novio le había sido infiel estaba tirando de ella por los pasillos de la universidad, tan tranquilamente. ¿En serio?

-¡No puedo, corre, corre!- exclamaba la animadora alegremente.

Tras unos segundos, la llevó a un sitio familiar: el dormitorio de Eric y sus compañeros de habitación. Abrió la puerta y prácticamente empujó a Lexi dentro. Ésta miró alrededor confundida.

-¿Por qué me has traído aquí?- gritó frunciendo el ceño.-¿Acaso quieres restregarme por la cara que aquí es dónde Eric me fue infiel contigo?-

-Lexi, te juro que yo no sabía nada.- se excusó Yvana inocentemente.

De detrás del sofá de la estancia asomó la cabeza de Eric. Se estaba poniendo la camiseta. Aparentemente, Yvana y el acababan de darle al tema detrás del sofá. La mandíbula de Lexi prácticamente cayó al suelo. ¿Yvana la había llevado allí para presenciar su escena post-sexo?

-Hola, Lexi.- se atrevió a saludarla Eric. Se terminó de poner la camiseta y se levantó, abrochándose la bragueta del pantalón.

-Pero, pero...- Lexi no cabía en sí del estupor y la incredulidad.

-Verás...- Yvana juntó las palmas de sus dos manos mientras daba saltitos alrededor de Lexi.-Te he traído por un motivo muy especial.-

-¿Qué motivo? No quiero saber nada de vosotros dos.- dijo Lexi, prácticamente escupiendo las palabras.

-Bueno, el caso es que...- dijo Eric acercándose a ambas chicas.-He estado hablando con Yvana y hemos decidido que, una vez que acabemos la universidad...-

-¡Vamos a casarnos!- terminó Yvana la frase, con su voz chillona cargada de alegría y felicidad.

Lexi se quedó a cuadros. Pensó que no había oído bien, pero sí, sin duda, había oído bien. La sorpresa la invadió por dentro, aunque de mala manera. ¿Que se casaban? ¿Cómo que se casaban? Debía ser una broma... Lexi abrió la boca para hablar, pero enseguida volvió a cerrarla. Miró a Eric, luego a Yvana y luego de nuevo a Eric. Finalmente fue capaz de articular palabra:

-¿Qué?-

-Que nos casaremos cuándo acabe la universidad.- vocalizó Yvana, hablando lentamente, por si Lexi no la había entendido.

-¿Y para qué demonios me traéis aquí? No, mejor aún: ¡¿para qué me lo contáis?!-

-Para invitarte.- soltó Eric tan campante encogiéndose de hombros.-Vamos a traer aquí a todos a los que vayamos a invitar, uno por uno, para comunicarlo de manera ordenada...-

-¡¿Invitarme?!- gritó Lexi apretando los puños.-¡¿POR QUÉ?!-

-Eres mi ex.- repuso Eric con tranquilidad.-De modo que te podemos invitar.-

-Sííí.- asintió Yvana alegremente.

Lexi sintió que le estallaba un trozo de cerebro debido a la escena tan surrealista, estúpida y poco lógica que estaba presenciando. Es decir, Eric le fue infiel a ella con Yvana, y ahora de repente planeaban casarse una vez que finalizasen la universidad, pese a que Yvana sabía que Eric era un infiel. ¿Y encima, tenían el descaro de invitarla a la boda? O se trataba de una broma pesada, o ambos eran, efectivamente, estúpidos a rabiar. Lexi prefería lo primero antes que lo segundo.

-Estáis de broma.- afirmó con una sonrisa forzada en su rostro.

-No.- Yvana negó con la cabeza. Su mirada mostraba inocencia.

Lexi entreabrió los labios y acto seguido los cerró, frunciendo el ceño de manera marcada.

-¡¿Cómo tenéis la poca vergüenza de invitarme?!- gritó, molesta.-¡¿Cómo carajos voy a acudir a una boda dónde el novio es mi ex que me fue infiel y la novia es la chica con la que me fue infiel?! ¡¡Estáis mal de la cabeza!!-

-Lexi, Eric te pidió perdón unas mil veces.- suspiró Yvana.

-Sí, lo hice.- se excusó él.

-¿No sería bonito enterrar vuestra hacha de guerra?- Yvana sonaba dulce, sincera. Y a la vez, tonta debido a la situación.

-¡Si él no la hubiera usado para cortarme el corazón en dos, quizás ni siquiera habría un hacha de guerra!- chilló Lexi, enfadadísima.

Eric e Yvana intercambiaron una mirada confusa. No entendían el enfado de Lexi. Bueno, sí, lo entendían. Pero pensaron de manera genuina en invitarla a su boda. Sí, eran estúpidos.

-¡Jamás iría a vuestra boda! ¿Me oís? ¡JAMÁS!- gritó la morena.

Dio media vuelta apretando los puños aún más y mordiéndose el labio inferior para no llorar. La situación habría sido graciosa para cualquiera menos para ella. Subió a su dormitorio, olvidándose de merendar. Llegó y cerró de un portazo. Se dirigió a la jaula de Feather para hablar con él, buscando apoyo en su mascota. Pero cuál fue su sorpresa que el loro estaba tumbado en el suelo de la jaula. Lexi agrandó los ojos y dejó caer su mochila, corrió hacia la jaula y abrió la puerta velozmente. Cogió al pequeño animal con cuidado, entrando en pánico.

-Feather. ¡Feather! ¡¡Feather, despierta!! ¿Qué ha pasado?- gritó, asustada.

El loro no emitió ninguna palabra. Sus ojos estaban cerrados. Lexi le examinó el pecho: subía y bajaba lentamente. ¡Estaba vivo! Lexi se apresuró a llamar a los servicios veterinarios antes de que el estado de Feather empeorara. ¿Qué le había pasado? Era un loro joven y con una salud excelente...

~~~


Corinne asomó la cabeza desde el coche de su familia. Miró el bar Starbucks que había frente a ella. Suspiró. Esperó pacientemente dentro del coche. El chófer estaba sentado al volante sin decir nada.

-Espero que Aly no me mintiera por mensajes cuándo me dijo que Liam y Niall estaban comprando cafés aquí.- dijo hablando en voz alta.

-Claro, señorita von Connor.- se limitó a asentir el chófer.

-Qué buena es, a pesar de todo lo que le hice me ha contado dónde estaban Liam y Niall sin pedirme explicaciones. Ha bastado conque le dijera que era urgente.- sonrió dulcemente la joven, alegre por tener a Aly cómo amiga.-Es tan buena persona, ¿no crees?-

-Sí, señorita von Connor.- habló de nuevo el chófer con tono autómata.

Corinne asomó de nuevo la cabeza y suspiró.

-Las calles están llenísimas de gente...- se quejó.

-Desde luego, señorita von Connor.-

-Si salen del Starbucks, no podré verlos.- suspiró Corinne.

Se desató el cinturón de seguridad y abrió la puerta del coche, pisando la carretera con cuidado.

-Por favor, espérame aquí, ¿de acuerdo?- dijo mientras le sonreía al chófer y cerraba la puerta.

-De acuerdo, señorita von Connor.- dijo el chófer, aunque la puerta ya estaba cerrada, pero ella podía oírle a través de la ventana abierta.

Corinne se aferró al bolsito de mano que sostenía en su puño derecho y empezó a caminar.

-No sabía que en las calles podía haber tanta gente...- murmuró para sí misma.

Esquivó a varias personas mientras se dirigía a la puerta del Starbucks. Se asomó a la ventana y observó a Niall y Liam haciendo cola. Sonrió levemente al comprobar que Aly le había sido sincera. Se separó de la ventana y cruzó la carretera para esperarlos al otro lado. Mientras tanto, empezó a observar los vestidos de una tienda de ropa cercana, mirándolos a través del escaparate con aire soñador y deseoso. Tras varios minutos se giró de nuevo hacia el Starbucks y esperó pacientemente. Al cabo de un pequeño rato, vio a Liam y a Niall salir del Starbucks, ambos con una bandeja repleta de vasitos con cafés del Starbucks.

-Anda, vamos a llevarlas a casa de Harry, que Aly, Louis, Zayn y él siguen allí.- habló Niall.

-Claro, a no ser que Harry se haya impacientado y se haya unido a la búsqueda.- dijo Liam.

Corinne los miró mientras salían del Starbucks y acto seguido, trató de elegir las palabras con las que iba a hablarles cuidadosamente. No había hablado con ellos, sólo con Aly, y no sabía cómo reaccionarían. Sólo sabía que ella estaba nerviosa por hablarles, no sólo por todo lo que les había hecho, aunque no lo recordase, sino también porque, al fin y al cabo, eran famosos, aunque ella no lo hubiese sabido de no haber sido informada. Salió de sus pensamientos con rapidez y cruzó la calle de nuevo.

-¡Liam! ¡Niall! ¡Esperad, por favor!- exclamó suavemente, con la voz insegura, algo temblorosa.

Los dos cantantes se giraron y abrieron mucho los ojos al verla. Niall por poco no dejó caer la bandeja con los cafés. Ella sólo los miró, preguntándose qué les habría hecho tiempo atrás para que ambos estuvieran tan sorprendidos e incluso algo asustados.

-C-Corinder.- dijo Liam. Acto seguido carraspeó y forzó una sonrisa.-Hola...-

-Hola.- repuso la chica tímidamente, aunque también sonrió para transmitir confianza.

-¿Qué...? ¿En qué podemos ayudarte?- trató de hablar Niall lo más educadamente posible. Jamás olvidaría la paliza que los dos aliados de Corinne le dieron años atrás. Aunque también, gracias a éso, Aly le besó por primera vez. Niall sonrió al recordar aquello.

Corinne tomó las sonrisas de Liam y Niall cómo una invitación para seguir hablando.

-Veréis, antes que nada quiero pediros perdón por todo lo malo que os haya podido hacer.- dijo bajando la cabeza con suavidad.-Aly me contó varias cosas. De verdad que no recuerdo nada, pero sea lo que sea, siento mucho los daños que causé.- se inclinó un poco para dar más énfasis a su disculpa.

Liam y Niall intercambiaron una mirada. Luego miraron a Corinne de nuevo, la cuál seguía inclinada y mirando al suelo. Liam carraspeó otra vez y sonrió calmadamente.

-No pasa nada, todos hemos decidido perdonarte.- le comunicó con voz amable.

Corinne se puso recta y sonrió brillantemente.

-¿De verdad?- exclamó feliz.

-Sí.- asintió Liam. Miró a su amigo.-¿Verdad, Niall?-

-¿Qué?- el irlandés había sido el menos convencido del discurso de Aly sobre perdonar a Corinne.

Liam le pegó un codazo en la tripa disimuladamente mientras le seguía sonriendo a Corinne.

-¡Ogh! Digo... Verdad, verdad. Sí, te hemos perdonado.- repuso, dolorido por el repentino golpe.

-¡Bien! ¡Gracias! Gracias, gracias, muchas gracias, de verdad.- empezó a agradecer Corinne dando saltitos.

-No hay de qué.- repuso Liam, tranquilo.-Bueno, ¿éso era todo? Tenemos un poco de prisa, van a enfriarse los cafés.-

-No, esperad, hay algo más.- Corinne se acercó aún más a ellos y abrió su bolso. Sacó de él la piedra con la nota y se la ofreció a los chicos.

-¿Una piedra?- Niall alzó ambas cejas, confundido.

-No, mirad. Ésta piedra me la lanzaron a la ventana de mi dormitorio seguida de una nota.- Corinne cogió la nota con cuidado y la desdobló delante de los dos cantantes.-Leedla, mirad lo que pone.-

Ambos cantantes leyeron el papelito que la chica sostenía.

-"Ahora que estás fuera del manicomio, pagarás por lo que le hiciste a One Direction."- leyó Liam en voz alta. Abrió mucho los ojos, preso de la sorpresa.

-Sí. Rompió la ventana de mi dormitorio. Antes de éso me llamaron por teléfono de un número desconocido. Decían ser Directioners enfadadas y que iban a venir a por mí.- explicó Corinne muy nerviosa.

Liam y Niall se miraron entre ellos de nuevo antes de mirar a Corinne de nuevo.

-No lo entiendo.- dijo Corinne.-Sé que hice cosas malas, pero...-

-No te preocupes.- la calmó Liam.-Nosotros haremos una llamada pública a las Directioners para que todas sepan que ya puedes estar en paz, de modo que las que te mandaron el mensaje lo oirán.-

-Las que te han llamado y tirado la piedra no son Directioners.- repuso Niall.-Sino Directionators.-

-¿Directionators?- parpadeó Corinne confundida.

-Son la versión malvada de las Directioners.- explicó Niall en tono chismoso, cómo si estuvieran en una película de fantasía y él le estuviera hablando de los guerreros enemigos.-Normalmente sólo aman a uno del grupo de One Direction y a los demás los dejan de lado. Son perversas, pueden hacer sentir mal a cualquiera. Nuestras Directioners de verdad nunca serían tan obsesivas y retorcidas cómo para hacerte éso, ni a ti ni a nadie.-

-Oh... Entiendo.- Corinne asentía con la cabeza, prestando atención.

Liam soltó una pequeña risa y miró a Niall.

-Bueno, vayámonos ya.- dijo calmadamente.

-Gracias por vuestra ayuda.- sonrió Corinne, quedándose mucho más tranquila.

~~~

Más tarde, Cindy regresó a casa, encontrándose con sus padres, los cuáles acababan de volver de trabajar. Lara acababa de contarle todo sobre Cindy a Richard, para que ambos pudieran pensar un castigo para ella sin que ella lo supiese. Ambos miraron a Cindy con aire reprochable.

-Hola.- saludó ella.

-Cindy...- habló Richard, mirando severamente a su hija.-¿Qué opinas de los mentirosos?-

La joven enrojeció y tragó saliva ruidosamente.

-Eh...- trató de decir.

-¿Cómo has podido hacer ésto, Cindy?- soltó Lara, dolida.-Mentirme aún cuándo ya sabía la verdad...-

-¿Qué?- Cindy achicó los ojos, tratando de hacer cómo que no comprendía la situación.

-Deja de hacerte la loca.- dijo su padre.

-Fui al médico a informarme. Nunca fuiste. Fingí creerte para ver si ibas a decir la verdad o no.- se exasperó Lara, poniéndose de pie.

-Yo... Ésto...- Cindy miró alrededor en busca de excusas.

-No, Cindy.- sacudió Richard la cabeza.-Ésta vez has mentido demasiado.-

-Yo sólo quería integrarme, llevarme bien con los demás alumnos de mi nuevo instituto.- se apresuró a decir Cindy, con sus ojos azules suplicando que la comprendieran.

-¿Y prefieres integrarte antes de serte fiel a ti misma?- interrogó Lara.-Me has decepcionado, Cindy.-

La joven se mordió el labio inferior con fuerza y acto seguido seguido empezó a llorar inevitablemente.

-Mamá, ¿de verdad crees que es fácil sobrevivir en mi instituto? Si no eres guay, todos se meten contigo. Yo necesito ser y actuar igual que los demás alumnos. ¿Crees que puedo portarme bien y que todo siga correctamente?- se quejó en tono infantil, cómo si les pidiera a sus padres una muñeca nueva.

Richard cruzó los brazos. Lara entreabrió los labios. Les costaba reconocer a su propia hija.

-¿Pero tú te estás oyendo?- exclamó Lara.-Estás hablando cómo las niñatas superficiales que acuden a tu instituto. ¿Cómo que no puedes portarte bien?-

-Necesito seguir sus pasos.- dijo Cindy.-¡Necesito que me acepten! Y si para éso debo beber alcohol, ir de fiesta y mentir, lo siento, pero lo haré. No tengo otra opción.-

-Cindy Cloe Anne-Marie Willson, castigada a tu cuarto. ¡Ahora!- dijo Richard, empleando el nombre completo de su hija mediana.

-¡No!-

-¿Cómo dices?- habló de nuevo el hombre.

-Cindy, no te atrevas a ponerte contestona.- la avisó Lara.-Ya has hecho bastante. ¡A tu cuarto!-

-¡No, mamá!- la voz se le quebraba debido al llanto.-¡No me entendéis! ¡No me apoyáis! ¡¡No me queréis!!-

-¡Cindy!- amonestó Lara alzando la voz.-¡¿Cómo puedes decir que no te queremos?! Si nos enfadamos es precisamente porque te queremos. No podemos consentir que vayas por el camino incorrecto. ¡Queremos lo mejor para ti!-

-La pregunta es, ¿nos quieres tú a nosotros?- la retó Richard, aunque conocía la respuesta; sí. Claro que sí. Era su hija. Los amaba y ellos la amaban a ella. Entonces, ¿por qué hacía éso?

-No lo sé. Yo quiero a unos padres que me apoyen.- dijo Cindy.

Mientras la discusión seguía, Aly entró en el apartamento. Acababa de llegar de casa de Harry. Nada más entrar oyó los gritos y llantos de su hermana mediana, y dedujo que el problema había llegado a su punto más alto. Abrió mucho los ojos y se acercó al salón.

-¡Te apoyamos, Cindy, pero no podemos apoyarte en las malas decisiones!- gritó Lara, aguantándose las ganas de llorar.

-¡Entonces no me queréis!- gritó la chica.

-¿Qué está pasando aquí?- preguntó Aly en tono cansado y frustrado, acercándose a su familia y colocando sus manos en sus caderas. Miró a sus padres, luego a Cindy, y finalmente se frotó la frente con la mano derecha, suspirando en silencio.

-¡Papá y mamá me están riñendo!-

-¿Cómo se te ocurre decirles que no te quieren?- dijo Aly en tono calmado aunque dolido, mirando a su hermana con decepción.

-¡Porque no me apoyan! Por otro lado, ¡Wen siempre me apoya en todo! ¡Aunque se enterase de la verdad, él me seguiría apoyando!- gritó Cindy.-¡De hecho, me ha dolido más mentirle a él que a vosotros!-

-¡Ah, claro, es que Wen te ha traído a éste mundo y te mantiene! ¡¿Verdad?!- ironizó Lara.

-¡Lo mismo se aplica para vosotros! ¡Estáis dónde estáis por Aly! ¡Si ella nunca hubiera ganado el concurso, nunca habríamos llegado hasta aquí, a papá nunca le habrían ascendido y seguiríamos con cargas económicas! ¡Aly os ha mantenido, vuestra propia hija!- atacó Cindy apretando los puños.

-¡Cindy, para!- Aly se alarmó y elevó la voz.

-¡¡A tu cuarto!!- gritó Lara señalando hacia el pasillo.-¡Y no me hagas repetírtelo!-

Cindy dio un pisotón en el suelo mientras las lágrimas seguían cayendo de sus ojos.

-¡¡¡Os odio!!!- chilló antes de darse media vuelta y correr hacia su dormitorio.

Aquellas palabras llegaron hacia el interior de Lara y Richard. Dolían. Dolían de verdad, sobretodo si eran de una de sus hijas. Ambos se sentaron en el sofá al mismo tiempo. Aly no supo si las palabras iban también dirigidas hacia ella, pero igualmente sintió el dolor de sus padres.

-No os preocupéis.- dijo con voz suave una vez que se hizo el silencio.-Las adolescentes de hoy en día son muy influenciables y tienen la necesidad obsesiva de encajar entre la gente de su misma edad. Se le pasará pronto.- añadió en tono profesional, recordando lo último que había estudiado sobre el tema de las necesidades psicológicas.

Ambos miraron a su primogénita y le sonrieron. Las palabras de Aly iban con buena intención, pero a ellos dos no les tranquilizó en absoluto. Estaban muy decepcionados con su hija mediana.

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Lexi suspiró nerviosa, mordiéndose las uñas. Se encontraba en la clínica veterinaria más cercana a la universidad de Yale, pues no quería ir a ninguna lejana para que su mascota no se pusiera peor. Un par de veterinarios estaban echándole un vistazo a Feather. Aquél día se había llevado dos pequeños disgustos con la noticia de la boda, y ahora su loro se había desmayado sin motivo aparente.

-Lexi.- dijo uno de los dos veterinarios que habían revisado a Feather, saliendo de la pequeña sala consulta.

-¿Qué le pasaba?- inquirió preocupada la chica.-¿Se va a poner bien?-

-Sí, sí, no te preocupes.- la tranquilizó él.

Lexi suspiró, algo más calmada.

-Lo que le pasaba era un poco raro. Hemos encontrado un poco de veneno en su aparato digestivo, aunque le hemos hecho defecar de inmediato antes de que le afecte. ¿Qué le has dado últimamente? No sé si lo sabes, pero dar productos tóxicos o venenosos a las mascotas es tan denunciable cómo dárselos a otra persona.- dijo el doctor.

-¿Eh? ¿Ve-veneno?- preguntó Lexi abriendo mucho sus ojos verdosos.-No, no, debe ser un error. Yo nunca envenenaría a mi loro, lo quiero mucho.-

-¿Entonces qué ha pasado? Alguien había intentado envenenar a tu loro. Por suerte lo hemos pillado a tiempo, de lo contrario habría muerto.- repuso el hombre.

-No... No lo sé... Revisé su comida y su agua, no había nada raro ni colores extraños en éstas. No lo entiendo...- Lexi miró el suelo y se rascó la cabeza ligeramente.-Deberé llevarlo a casa para que se quede ahí en vez de dejarlo en la universidad. No quiero que le vuelva a pasar nada similar.-

El doctor asintió y volvió a revisar a Feather junto al otro veterinario, para asegurarse de que iba a estar bien y de que ya no quedaban restos de veneno en él. Lexi por su parte se cruzó de brazos, muy preocupada. ¿Quién habría envenenado a Feather, y por qué...?

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Brianna llevaba unos diez minutos dando vueltas por aquél lugar, asustadísima. De repente, escuchó lloriqueos cercanos. Se estremeció, agrandando los ojos; aquellos parecía una película de terror. Siguió caminando, guiándose por el sonido de los suaves llantos, que al parecer, procedían de una mujer. Abrió una puerta de metal gastado y se encontró, en aquella habitación, a Perrie Edwards y Eleanor Calder. Estaban bastante lejos la una de la otra: Eleanor estaba sentada en el centro de la sala, llorando, de modo que el llanto provenía de ella. Y Perrie, un poco más alejada, también estaba sentada en el suelo y tenía la cabeza apoyada en la pared. Ambas tenían sus manos atadas tras la espalda.

-¿Pero qué...?- murmuró Brianna.

-¡Brianna!- gritó Eleanor tras alzar la cabeza y ver a la joven.-¡Gracias a Dios! ¡Sácanos de aquí!-

-¡Shhh, Eleanor! No grites. No podemos dejar que nos oigan.- la reprendió Perrie, la cuál no lloraba, sino que más bien parecía tranquila debido a que Brianna acababa de entrar y se disponía a ayudarlas.

-¿Qué os ha pasado? ¿Qué hacéis aquí?- preguntó Brianna mientras corría hacia Eleanor, le limpiaba las lágrimas y se agachaba tras ella para desatar sus cuerdas.

-No lo sabemos.- habló Perrie de nuevo.-Yo iba pasando por un callejón vacío para atajar y de repente me golpearon en la nuca, perdí el conocimiento y desperté aquí.-

-Lo mismo me pasó a mí.- repuso Eleanor.-Pero en mi caso acababa de salir del garaje de mi casa. Dos hombres me metieron en un saco y me trajeron hasta aquí. Me metieron en ésta habitación, y cuándo llegué, Perrie ya estaba aquí.-

Brianna terminó de desatar las cuerdas de Eleanor y le cogió la mano para ayudarla a ponerse de pie. Acto seguido se dirigió hacia Perrie. Ésta apartó su espalda de la pared para que Brianna pudiera desatarle las manos. Eleanor fue a ayudarla.

-A mí me metieron en un saco mientras iba por el parking del centro comercial. Harry y yo estábamos allí, pero él había ido a firmar discos y yo estaba esperando en su camerino. Cuándo quise salir para mirar las tiendas del centro comercial y pasé entre los coches del parking, me metieron en un saco, me desmayé y desperté atada a una silla. He podido liberarme rasgando las cuerdas con un clavo mal puesto que había.- explicó en voz baja para no ser oída por nadie de otras habitaciones, aunque parecía que estaban ellas tres solas.

Brianna y Eleanor terminaron de desatar a Perrie y cada una la cogió de una mano para impulsarla hacia arriba y levantarla. Perrie se alisó el pantalón, pasándose las manos sobre éste, y se retiró su liso y largo pelo rubio del hombro.

-Bien. Ahora, ¿qué hacemos?- preguntó con voz suave e inquisitiva.

-Debemos salir de aquí. ¿Cuánto hace que os han traído?- quiso saber Brianna.

-A mí me trajeron hace unos veinte minutos y Eleanor unos diez.- habló Perrie. Rodeó con un brazo los hombros de Eleanor. Ésta ya no lloraba, pero seguía temblando y mirando alrededor, aterrada.

-Puede que estemos solas en éste lugar.- repuso Brianna.

-Éso espero.- dijo Eleanor, insegura.

-Tenemos que salir de aquí. Vamos a ir con cuidado y muy juntas.- planeó Brianna, feliz de estar con dos aliadas en aquella situación tan siniestra y peligrosa.

-Y si vuelven y tratan de hacernos algo, a pelear.- afirmó Perrie.-Ésta vez estamos tres chicas juntas y tenemos la guardia alta. No van a capturarnos otra vez.-

-¿Conseguiremos escapar?- quiso saber Eleanor mirando a ambas chicas.

-No sé cómo, pero sí.- afirmó Brianna.

-Desde luego. No vamos a quedarnos aquí encerradas cómo damiselas en apuros.- sentenció Perrie, muy decidida y cruzándose de brazos.

Brianna asintió decidida y ellas dos, seguidas por Eleanor, empezaron a caminar por aquella lúgubre, oscura y vieja estancia, decididas a encontrar una salida y ser libres de aquél secuestro.