jueves, 23 de octubre de 2014

104- Un exterior peligroso


Al día siguiente, amaneció una mañana soleada, aunque con las calles repletas de charcos debido a la lluvia del día anterior. Aly salió de su casa felizmente, y nada más poner un pie en la calle, pisó de lleno un charco, haciendo que el agua traspasase su bota y le calase el pie.

-¡Ah!- chilló, sobresaltada y notando un escalofrío al notar el pie húmedo y congelado.-¡Mierda! ¡Puta madre de la lluvia y de su jodida existencia que...!-

Se calló de golpe al notar que las personas la miraban a medida que caminaban. Se sonrojó ligeramente y carraspeó. Aunque llevaba poco más de un año siendo una chica rica, de familia rica, y en la sociedad rica, en ocasiones se le olvidaba y perdía los modales de la manera más banal e impulsiva posible. Pero a la vez, era obvio que se enfadase, pues debía subirse al coche y asistir a Yale con el pie izquierdo empapado al pisar el charco.

-Empezamos el día con el pie izquierdo. Nunca mejor dicho.- masculló para sí misma.

Dirigiéndose hacia la zona dónde estaba aparcado el coche, iba dejando huellas mojadas de la bota de su pie izquierdo. Subió, se ató el cinturón y encendió la radio.

-¡... Hoy estamos a un precioso y soleado día miércoles cuatro de junio!- sonó a todo volumen la voz irritante y masculina de un presentador de radio.

Aly bajó el volumen del todo, sobresaltada de nuevo. Suspiró y arrancó el coche, dirigiéndose a la universidad de Yale para pasar allí otra mañana más, cómo otras muchas desde hacía casi un año.
En Yale, Leo y Elma, amigos de Aly y Lexi (Elma era además compañera de dormitorio de ésta última) se encontraban sentados en el césped, hablando alegremente. Leo era un joven de cabello castaño oscuro, ojos azules y piel pálida, mientras que Elma era una joven medio caucásica y medio africana, de piel bronceada, pelo negro, largo, y bonitos ojos color marrón oscuro. Hablaban animadamente.

-Que te digo que sí, Elma.- insistió el chico.

-Venga ya, Leo, hijo de mi vida. ¿Cómo puedes ser tan tonto cómo para enamorarte de la capitana de las animadoras?- suspiró Elma, aunque su mirada delataba que se aguantaba la risa.

-No lo sé, ¿vale?- el chico se encogió de hombros, confundido.-Simplemente supongo que me parece guapa y talentosa. Además, sabe bailar...-

-Leo, ¡espabila! Le quitó el novio a Lexi, Eric le puso los cuernos con ella. Dejó a Lexi destrozada.- insistió Elma, abriendo mucho los ojos para dar énfasis a sus palabras.

-¡Pero éso fue culpa de Eric, no de ella! Estoy seguro de que Yvana es una buena chica.-

-Buena chica. Ya, claro. Liándose con los tíos que tienen novia cómo era Eric, ¿Verdad?- ironizó Elma alzando una ceja.-Venga ya, Leo...-

-Igual ella no sabía que Eric y Lexi estaban saliendo.- suspiró Leo, cansado.

-Hijo mío, lo sabía la universidad entera.- Elma se cruzó de brazos y alzó una ceja.-Incluso la profesora ésa anciana que tiene tan mala memoria y nunca se entera de nada. Abre los ojos de una vez, ¡Yvana! ¡No! ¡Es! ¡Buena!- gritó vocalizando mucho las últimas cuatro palabras, asegurándose de que su amigo se enteraba.

-¿Quién no es buena? ¿De qué habláis, chicos?- preguntó Aly, recién llegada, mientras caminaba hacia sus dos amigos y se colocaba mechones de pelo rubio tras la oreja.

-¿Eh? Oh, nada, de una profesora que me suspendió por...- empezó a decir Leo,

-Al tonto éste le gusta Yvana.- soltó Elma.

-¿Cómo?- Aly frunció el ceño mientras se sentaba en el césped junto a sus dos amigos. Miró a Elma cómo asegurándose de que no mentía y acto seguido fulminó a Leo con la mirada.-¡Leo!-

-¿Qué?- el joven se encogió de hombros.

-¡Eric, el ex novio de Lexi, le puso los cuernos con Yvana!- exclamó Aly abriendo mucho los ojos para asegurarse de que no estaba dormida, soñando.-¡Y ella sabía que Lexi y Eric estaban saliendo!-

-¿Y qué? A ver, no es mi culpa.- explicó Leo.-Uno no elige quién le gusta y quién no. Pero por favor, ni una sola palabra a Lexi de ésto.-

-No te preocupes.- suspiró Aly rodando los ojos.-No se enterará.-

-Mf, claro que no...- añadió Elma.

Más tarde llegó Lexi y el timbre de mañana resonó por todo Yale. En el exterior, hacía un tiempo bonito, cálido y con un radiante sol, cuyos rayos caían sobre toda la fachada de Yale, iluminándola y dándole el aire antiguo y moderno, sencillo y lujoso a la vez que tanto le caracterizaba. Aly asistió a dos clases antes de subir al dormitorio de Lexi y Elma, pues la primera quería comprobar si Feather se encontraba bien.

-Ey Feather.- saludó Lexi entrando en la estancia junto a Aly.

El loro se encontraba comiendo, pero al escuchar la voz de su dueña alzó la cabeza y la ladeó, mirando de reojo hacia las dos chicas. Agitó sus alas verdosas al igual que el resto de plumas de su cuerpo.

-Hola Lexi.- saludó con su chillona voz.-Hola.- acto seguido silbó.

-Aly también está aquí.- dijo Lexi.

-¡Prrrraaa! Hola Aly.- exclamó el animalillo.

-¿Qué tal, plumoso?- bromeó Aly acercándose a la jaula y abriendo la puerta para que Lexi pudiera coger a su mascota.-Veo que sigues igual de comilón que siempre.-

-Sí.- Feather silbó.-Lexi es mi mamá. Lexi es muy guapa. Hola Aly. Eric es un capullo.- parloteaba el pequeño ave, soltando frases sin ton ni son.

Ambas chicas se rieron ante el gracioso animal y acto seguido se sentaron en la cama de Lexi.

-Queda poco para que llegue el verano y el próximo curso es ya el último. ¿Crees que te darán el diploma?- inquirió Lexi acariciando las plumas verdes de Feather.

-Sí.- dijo el loro.

-No te lo decía a ti, bicho.- bromeó Lexi rascándole suavemente las alas.

-Espero que me lo den. Sabes que he estado estudiando un montón. Tú también. Ambas nos hemos entregado a la carrera de Psicología.- se expresó Aly.

-Nos graduaremos con honores, ya verás.- sonrió Lexi.

Aly sonrió, y se dispuso a responder cuándo agudísimos gritos llegaron del exterior. Ambas chicas se miraron, se levantaron y se acercaron a la ventana, mientras que Lexi se colocaba a Feather en el hombro. Fuera había varias alumnas de Yale corriendo y chillando cómo si no hubiera un mañana. Aly alzó una ceja, confundida, y Lexi, por su parte, se echó a reír a carcajadas.

-¡Jajaja! ¡¿Pero qué les pasa?! ¡Jajajajajaja!- exclamaba Lexi entre risas incontenibles.

-Un momento, no te rías, podría ser algo malo.- repuso Aly abriendo el cristal de la ventana y asomándose.

-No puedo evitarlo.- Lexi se rió de nuevo.-Es que van todas corriendo en masa en plan "¡Corred, correeeeed! ¡Hay un pedófilo suelto! ¡Aaaah!"- acto seguido se desternilló de nuevo ante su propio chiste.

-¿Qué hablas, boba?- Aly le dio un manotazo a Lexi en el brazo.-Primero: Todos aquí somos mayores de edad, con lo que nadie escaparía de un "pedófilo." Y segundo: tienes que dejar ya de mirar tanto los vídeos de Rubios o cómo se diga.-

-Tía, que mi padre es español. Necesito ver vídeos graciosos en español de vez en cuándo, me paso la vida hablando en inglés y escuchando inglés cuándo por parte de padre tengo sangre española. Y Rubius, NO RUBIOS, es genial, en serio.- Lexi se frotó los ojos con ambas manos.-Además, si no me río me deprimo por lo de Eric y...-

Una nueva ráfaga de chillidos agudos interrumpió a Lexi. Aly se asomó aún más y distinguió un rubio corriendo tan rápido cómo podía. No le veía la cara, pero no le hizo falta para reconocerlo.

-¿Niall?- preguntó en voz baja entrecerrando los ojos para ver mejor.

Lexi, al escuchar aquello, abrió mucho los ojos y se asomó también a la ventana, colocando una mano en su hombro para retener a Feather y que éste no saliera volando. Divisó a Niall siendo perseguido por aquella masa de chicas universitarias, que actuaban, en aquél momento, cómo jóvenes de instituto.

-¿Qué cojo...? ¿Pero cómo demoni...? ¿Qué hace aquí?- tartamudeaba Lexi, nerviosa ante la presencia de una celebridad de tal calibre en un lugar público y a plena luz del día.

-¡Éso mismo me pregunto yo!- Aly se apartó de la ventana y se dirigió a toda prisa a la puerta del dormitorio de Lexi y Elma.

Lexi cerró la ventana, colocó a Feather en su jaula y salió también del dormitorio, cerrando la puerta tras de sí, y corriendo tras Aly la cuál ya iba muy adelantada. Bajaron rápidamente a la planta baja y salieron al exterior, cuidando de no ser engullidas por la estampida de Directioners de Yale que corrían tras el irlandés desesperadamente.

-¿Pero qué carajos está pasando aquí?- inquirió Lexi, sin saber si se lo preguntaba a Aly o a ella misma.

Se oyó un chirrido agudo y una voz femenina dijo por megafonía:

-Atención, alumnas que corren, repito, alumnas que corren. Regresen al interior de Yale inmediatamente si no quieren una penalización por escándalo.-

Los gritos y carreras cesaron, se hizo el silencio y todas las fans gritonas entraron ordenadamente en la universidad, dejando el campus prácticamente vacío. Lexi y Aly observaban la escena atónitas. Segundos después, Niall llegó caminando en compañía de un profesor. Las dos amigas se acercaron.

-¡Niall! ¡Hola!- saludó Aly, y acto seguido le dio un beso en los labios.-¿Qué pasaba? ¿Qué haces aquí?-

Niall sudaba y respirada muy agitadamente.

-Dios, menudo palizón de correr.- dijo frotándose la frente y luego el pelo con su mano izquierda.-Venía a traerte ésto cuándo una Directioner me vio, gritó y empezaron a perseguirme por todo el campus.- en su mano derecha, Niall llevaba una pequeña bolsita de fino cartón color arena.

-¿Qué me has traído?- se sorprendió Aly cogiendo la bolsita de cartón que Niall le ofrecía y abriéndola.

-El desayuno. Conociéndote, siempre te preocupas antes de llegar a Yale puntual que de desayunar.- sonrió Niall.

En el interior de la bolsita había algunas magdalenas de chocolate. Lexi asomó su cabeza sobre el hombro de Aly para mirar el contenido de la bolsa, y al ver aquello, se relamió los labios.

-¡Niall, gracias! ¡Qué detalle!- Aly abrazó a su novio y éste le besó la mejilla.

-Sí, ¿puedo coger una luego?- intervino Lexi.

-Claro.- asintió Aly mirando de nuevo en el interior de la bolsita.

-Por cierto, hola, Lexi.- rió Niall ante su propio despiste.-¿Cómo estás?-

-Genial, gracias. Mola verte de nuevo.- sonrió la chica amablemente.

Lexi ya había conocido a Niall en una ocasión cuándo Aly los invitó a ambos al cine a ver una película. Aly invitó a Harumi pero ésta no pudo asistir debido a un encargo de ropa de Anne Cox. De todos modos, Aly, Niall y Lexi pasaron una buena tarde con aquella película de terror tan intensa, y Lexi se llevaba bien con Niall, le emocionaba haber conocido a una celebridad. No era Directioner, pero le caían bien los cinco chicos y reconocía sus buenas voces. Pero por el momento sólo conocía en persona a Niall.

-Ya que estás, ¿te quedas aquí y desayunamos los tres?- dijo Aly alegremente mirando a Niall.

-¿Y qué vuelvan a perseguirme? No, gracias.- rió el rubio.-Además, tengo que preparar una coreografía con los chicos y luego Lou va a probarnos ropa nueva con ayuda de Harumi. Ya sabes, el día siete, concierto en el Upper West Side. Hoy es día cuatro, quedan tres días y hay mucho que preparar.-

-Vale, en ése caso nos vemos luego.- Aly besó otra vez a su novio.

-Adiós.- Niall se despidió con la mano del profesor y de Lexi y salió de los jardines de Yale.

Aly y Lexi entraron de nuevo en la universidad y subieron de nuevo al dormitorio de la segunda joven. Entraron y se encontraron un pequeño charco sospechosamente amarillo en el suelo de la estancia. Ambas abrieron mucho los ojos. Feather estaba encima del armario de Elma, silbando cancioncitas para disimular.

-¿Qué...? ¡Feather! ¡Pero si lo dejé dentro de la jaula!- gritó Lexi.

Ambas dirigieron su mirada a la jaula, la cuál tenía la puerta abierta.

-¿Y la cerraste?- inquirió Aly con una sonrisa burlona y cruzando los brazos.

Lexi hizo memoria de los últimos minutos. No.

-Nop. Con las prisas que llevábamos las dos por bajar y ver qué pasaba con Niall se me olvidó.- dijo algo avergonzada. Miró hacia la parte de arriba del armario de Elma y fulminó al loro con la mirada.

-En ése caso, a limpiar.- Aly dio una sonora palmada.

~~~

-Cindy, ven aquí un momento.- dijo Treisy mientras hacía un gesto con la mano, tratando de atraer a su amiga rubia hacia sí.

Los jóvenes alumnos vestidos de uniforme se encontraban en el patio del instituto, en el tiempo de recreo. La aludida se acercó a su amiga y se sentó a su lado en el banquito de madera con bonitos detalles tallados en el respaldo y los reposabrazos. La miró atentamente para darle a entender que la escuchaba. Treisy se colocó un mechón de cabello castaño tras la oreja y sonrió animadamente.

-Ésta noche hay una fiesta. Es en casa de Mikel. Me gustaría saber si vas a apuntarte.- anunció.

-¿Una fiesta?- Cindy parpadeó, considerando la idea.-¿A qué hora?-

-Empezará a las siete de la tarde y acabará cuándo nosotros queramos.- respondió la morena.

-Mmmm... Se supone que debo estar en casa a las nueve.- repuso Cindy.

-¿A las nueve? Ni que tuvieras diez años.- rió Treisy.-Bueno, si ésa son las normas, no hay problema. Puedes venir igualmente, pero a las nueve te vas a casa. Yo puedo acompañarte.-

-De acuerdo, si no te importa... Está bien, asistiré.- sonrió la rubia alegremente.

-¡Fantástico!- Treisy abrazó a su amiga y se levantó del banco.-¡Voy a decírselo a Mikel!- añadió antes de alejarse corriendo.

~~~

En el hospital, la joven Corinder se encontraba recuperación física y emocional. Los médicos la observaban preocupados, puesto que aunque sus heridas iban mejorando y su salud mental era estable, tenía el ánimo por los suelos. Desde el día anterior, aunque estuviese hambrienta, rechazaba la comida y las visitas, y acto seguido se abrazaba a la almohada blanca de su camilla y rompía a llorar. Seguía sintiendo odio hacia sí misma y un miedo muy razonable al mundo exterior, desconocido, y las personas, todas desconocidas.

-Voy a intentar traerle el desayuno otra vez.- dijo la enfermera regordeta y dulce, pues era la única en la que Corinne confiaba un poco.-Espero que ésta vez no se haga la dormida de nuevo.-

El doctor asintió mientras se quitaba su bata blanca y la colgaba del perchero más cercano. La mujer salió del despacho llevando en las manos una bandejita blanca con un cruasán sobre un plato, galletas con pepitas de chocolate y un gran vaso de zumo de naranja con dos cucharadas de azúcar. Llamó a la puerta de la habitación correspondiente y entró, caminando de una forma encantadoramente patosa.

-Buenos días, Corinne.- saludó con voz cantarina.-Mira lo que te traigo. ¡El desayuno! ¡Un banquete muy dulce para que repongas energías! Mira qué buena pinta tiene todo...-

La joven, de pie junto a la televisión del dormitorio, alzó la mirada para ver a la alegre enfermera. Ésta dejó la bandeja sobre una de las mesitas de noche de la camilla y colocó el vaso de zumo cerca de la cama.

-Oh, muchas gracias. Pero... A decir verdad, no tengo hambre.- dijo Corinne, la cuál seguía de pie junto a la tele, vestida con el camisón blanco de tirantes, las zapatillas de terciopelo azul, y sosteniendo entre sus manos el mando de la televisión. Pulsaba todos los botones distraídamente aunque la televisión seguía mostrando lo mismo, los informativos del tiempo. (Indicando que iba a llover de nuevo pronto.)

-¿Por qué no? Apenas has comido. Además, raramente traemos comida tan rica a nuestros pacientes. Éste es el menú especial para deprimidillas.- bromeó la enfermera alegremente, guiñando un ojo y colocando el cruasán y las galletas junto al zumo de naranja.

-No estoy deprimida.- respondió Corinne en un susurro. Aquello no se lo creía ni ella.

-Querida, recuerda el test de hace dos horas. La doctora psicóloga con la que has estado hablando nos lo ha dejado muy claro; sufres depresión. Así que trata de comer algo y animarte, ¿sí? Lo necesitas.-

Corinne suspiró y regresó a la cama. Se tumbó, aunque con la espalda recta para estar sentada, y se tapó hasta la cintura con las sábanas blancas y suaves. Le entregó el mando a la doctora y ésta lo golpeó con la palma de su mano, extrañada.

-¿Qué pasa? ¿No funciona?-

-No...-

-Vamos a ver.- la enfermera apuntó a la televisión y pulsó los botones del mando, pero no funcionaba.-Vaya por Dios, ya se le han acabado las pilas.- suspiró, frustrada.

Corinne miró el desayuno de reojo mientras jugueteaba con las sábanas entre sus manos. Se rascó la barbilla mientras que la graciosa enfermera seguía peleándose con el mando de la tele.

-Em... ¿Te ayudo con...?- inquirió la chica.

-No, no, está bien, querida.- repuso la enfermera.-No pasa nada, en breve te traigo uno nuevo para que puedas cambiar de canal. No sé dónde habrán puesto las pilas los bobos que se encargan de organizar los suministros. Ahora, desayuna.- añadió cogiendo el vaso de zumo de naranja y ofreciéndoselo a la joven.

Ésta lo cogió y bebió un trago. Lo acababan de exprimir, era zumo de naranja natural y con la pulpa incluida, además de las cucharadas de azúcar. Le encantó el sabor. Sentía que era la primera vez que probaba el zumo de naranja, debido a que sus recuerdos habían borrado también la experiencia con olores, sabores, y más. Corinne sonrió.

-¡Está bueno!- dijo alegremente.

-¿Sí?- sonrió la enfermera.

-¡Está muy bueno!- repuso ella. Bebió más, y ésta vez fue de un modo urgente, cómo si lo necesitara para vivir. Se relamió los labios al tragar.-¡Me encanta!-

-Muy bien.- se alegró la enfermera.-Bébetelo despacio y cómete las galletas y el cruasán. Mientras tanto mira ésto en la tele, porque es imposible cambiar el canal de otro modo, éstas televisiones no tienen botones. En un momento vuelvo con otro mando y el termómetro.- sonrió y se dirigió a la puerta.

-De acuerdo.- asintió Corinne desde la cama. Miró el zumo de naranja con avaricia, sonrió y empezó a beber más, acto seguido cogió una de las galletas con pepitas de chocolate y le dio un buen mordisco.-Dios... Qué bueno está todo,- murmuró para sí misma, con la boca llena.

~~~

Aly se encontraba sentada en el sofá del salón de su casa, usando el portátil que reposaba en la mesita de delante del sofá. Escribía sin parar en el buscador de Google, buscando información acerca de asuntos psicológicos para terminar sus deberes de Yale. Oyó que se abría la puerta del apartamento, y, por la puerta  y el pasillo, apareció Cindy vestida con su bonito uniforme escolar. Cerró la puerta cuidadosamente una vez que entró y dejó la mochila en la entrada.

-Hola, Cin.- saludó Aly.-¿Qué tal te ha ido hoy el insti?-

-Genial. Estoy invitada a una fiesta.- repuso la rubia acercándose al sofá.

-¿Una fiesta? Qué guay. ¿Cuándo?- inquirió Aly apartando la vista del portátil para ver a su hermana.

-Hoy a las siete, en casa de un compañero de clase. Pero no te preocupes, volveré a las nueve. Díselo a mamá y a papá una vez que hayan vuelto.-

-Mañana es jueves y también hay clase. Lo sabes, ¿verdad?- repuso Aly alzando una ceja. 

-Claro que lo sé. Todos lo sabemos. Confía un poco en mí, hermanita, ya sabes que soy responsable.- asintió Cindy con la cabeza.

-Sí, eres una chica madura para tu edad. Lo recuerdo cuándo ambas estábamos mal por los problemas económicos de papá y mamá y tú me hablaste de éso. Te dabas cuenta. Eres realista y madura, me haces sentir orgullosa.- Aly se levantó, le revolvió el pelo a su hermana y le besó la frente. Acto seguido se dirigió a la cocina.-Por éso no quiero que nadie cambie tu manera de ser.-

-Ya... Jejeje, bueno, gracias.- Cindy se colocó un mechón de pelo tras la oreja y miró de reojo hacia el sitio por el que había ido su hermana.

-¿Quieres helado?- preguntó ella desde la cocina.

Cindy oyó cómo Aly abría la puerta del frigorífico. Miró el portátil y supo enseguida que estaba haciendo deberes de Yale. Suspiró y miró sus manos, cruzadas sobre las rodillas.

-No, gracias. Tal vez luego.- respondió.

-Vale. En ése caso, más para mí.- bromeó Aly. 

Colocó un bol sobre la encimera de la cocina, con una cuchara redonda se sirvió unas cuántas bolas de helado y acto seguido sacó el sirope de chocolate, echándolo por encima del dulce. Cogió una cuchara, una servilleta y regresó al salón.

-¿Cómo es que tienes tanta hambre?- se interesó Cindy, riendo al ver la cantidad de bolas de helado de chocolate con sirope por encima que su hermana se había preparado.

-Estudiar en Yale significa convivir con el estrés. El estrés da hambre.- rió Aly.

-Por lo menos no vives allí, no cómo Lexi y Elma. Me caen muy bien, por cierto. Aunque no confío en ellas tanto cómo en Harumi.-

-Éso es porque no las conoces cómo yo. Aunque Harumi siga siendo mi mejor amiga, ya las quiero mucho a las tres. Y Leo también, sólo que el pobre es algo tonto.-

-¿Qué ha hecho Leo ahora?- se interesó Cindy, la cuál adoraba oír hablar de la vida universitaria de su hermana mayor.

-Se ha enamorado de la capitana de las animadoras de la universidad. Y es una tontería porque con ella, Eric le puso los cuernos a Lexi.- susurró Aly con aire chismoso, mostrando una sonrisita pícara.

-Oh. Pues sí, confirmamos que es tonto.- Cindy rompió a reír cómo si le hubieran contado el último chiste más famoso de la ciudad.-Pobre Lexi. ¿Lo superará algún día?-

-Más le vale, o de lo contrario le tendré que dar un sopapo para que espabile.- Aly se comió una cucharada de helado y apretó los labios ante la frialdad de éste. Tragó y tuvo un escalofrío.-Se me ha congelado la lengua. Pero da igual, ¡está delicioso!-

-¿Podré ver a Feather de nuevo algún día?- preguntó Cindy acordándose del adorable loro verde de Lexi.-Me hizo gracia cuándo invitaste a Lexi a casa y se lo trajo. Habla mucho.-

-¿Lexi o Feather?- bromeó Aly.

-Bueno... ambos.- rió Cindy rascándose la cabeza.-Ambos hablan un montón.-

-Y tanto.- Aly engulló otra cucharada de helado y se inclinó sobre el portátil para seguir con sus tareas.

-Voy a subir a mi cuarto y elegiré la ropa para ésta noche.- anunció Cindy levantándose del sofá.

-Vale.- asintió su hermana mayor, mientras hacía deberes usando el portátil mientras comía helado.

Cindy se dirigió a su dormitorio y abrió el gran armario. Empezó a rebuscar entre toda su ropa y sacó una camiseta blanca de manga corta con un poco de escote y una falda del mismo color. Se lo probó, posó ante el espejo y se hizo un moño en el pelo usando las manos. Acto seguido suspiró y dejó caer su pelo de nuevo.

-Supongo que tampoco hará falta que vaya perfecta...- dijo para sí misma mientras confirmaba mentalmente que iba a llevar aquello.

~~~

Celine suspiró tumbada boca arriba en su cama, mientras oía la voz de su gemela mayor resonando por toda la casa. Faline hablaba por el móvil con su novio.

-Sí, Edmond, sé que éste año va a ser una pasada... ¡No me lo recuerdes! Fue mía la idea de ir.- soltó un gemido ahogado de frustración.-¡Si yo sé dónde conseguir las entradas por internet, tú también podrías saberlo! Uy, ¿de verdad? Jooo, qué mono eres.-

Celine miró de reojo el reloj de la pared. Su hermana llevaba ya veinte minutos al móvil. Celine, por su parte, acababa de visitar a Kai, de nuevo, llevándole pastelitos hechos por ella misma al hospital. Luego había regresado a la casa suya y de Faline, porque sí, ahora que ambas gemelas tenían 18 años se habían mudado a un apartamento propio para vivir juntas y no tener que compartir cuarto nunca más, porque a pesar de quererse, tenían estilos y gustos muy diferentes. Lo pagaban entre las dos con el trabajo de Celine en una agradable pastelería, y Faline en una tienda de videojuegos. Claro que, se dedicaban también a estudiar.
Y allí estaba Celine, vestida con su pijama blanco de terciopelo y tirada en su cama. Su dormitorio era adorablemente rosa y con adornos que emanaban dulzura y suavidad, cómo la mantita rosa de pelo sintético que cubría su cama. Suspiró y se giró, quedándose acostada sobre el lado, mientras su gemela parloteaba sin parar por el salón.

-¡¿QUÉ?! ¡¿Perdona?! ¡Sólo supuse que sería una manera guay de celebrar nuestro aniversario!- hizo una pausa, seguramente porque Edmond le estaba respondiendo.-¿Y qué? ¡No me digas que nunca has soñado con ir! ¡Es el festival de música más famoso del mundo!-

Celine escuchaba inconscientemente, pues en el fondo le hacía cierta gracia ver cómo su hermana se enfadaba y se calmaba a tiempos irregulares. Estaba bipolar. Tenía la regla, cómo ella. Por éso estaba tirada en su cama con su pijama blanco de manga larga. Celine se impulsó y se inclinó hacia adelante, quedándose sentada sobre su cama. Cruzó los brazos y miró la puerta de su dormitorio, la cuál estaba entreabierta, pues oía los pasos de Faline acercarse. Era una chica que caminaba mucho y por muchos sitios distintos al hablar por teléfono.

-¡No me digas! ¡Ya sé que van a estar ahí! Venga tío, ¡lo pasaremos genial los dos! ... Eh, ¿qué? ¡Ah, sí! ¡Claro que se puede beber alcohol! Eh, ¿qué? ¡Ah, no! ¡Claro que no me emborracharé! ...Mucho.- la última palabra Faline la murmuró en voz muy baja mientras pasaba por delante de la puerta del dormitorio de su hermana, haciendo que ésta la viera fugazmente.-Venga, venga, venga. Porfa... ¿Qué? ¡A Hugo y Helinette los puede cuidar vuestra madre! ¿No me dijiste que le daban vacaciones pronto? ¡Pues ya está!-

Celine rodó los ojos y se dejó caer hacia atrás de nuevo. Aburrida, empezó a rodar por toda la cama, haciendo la croqueta. Pasaron otros cinco minutos. Faline ya llevaba veinticinco al móvil.

-Mira, te llamo mañana, ¿vale? Creo que llevamos ya cómo diez minutos hablando...- dijo Faline de repente.

Celine dejó de rodar por su cama y se cubrió la boca con ambas manos para reprimir una risotada. Oyó a Faline murmurar un "Yo también. Besos."  y acto seguido colgó. Oyó los pasos acercarse de nuevo a su dormitorio y segundos después Faline entró en el rosado cuarto de su gemela menor.

-Ey.- saludó Celine desde su cama.-¿Y bien?-

-Qué chico más cabezota.- se quejó Faline por lo bajo, dirigiéndose al tocador de su hermana.

-¿Sigues tratando de convencerle de que lo mejor del mundo es ir a Tomorrowland 2014?- inquirió Celine inocentemente aunque mostrando interés, incorporándose en su cama, escondiendo las manos en las mangas largas y blancas de su pijama.

-Claro que sí. Además, pronto será nuestro aniversario. Si vamos a Tomorrowland para celebrarlo, será perfecto. He soñado toda mi vida con ir y sé que él también. A ambos nos flipa la música electrónica y las fiestas. Pero él es tan "macho" que prefiere hacerse el cínico.- explicó Faline sentándose en el taburete del tocador de Celine y cogiendo el peine negro de su hermana.-Necesito ésto.-

-¿Has probado a convencerle con argumentos sólidos en vez de gritar a lo loco?- trató de decir Celine tumbándose boca abajo en su cama y doblando las rodillas, haciendo que sus piernas apuntasen hacia arriba.-Porque igual éso funciona mejor que tu manera de pedir favores.-

-Es que no necesito convencerle. Sé que él también quiere ir. Sólo que no deja de preocuparse por sus hermanos y además le agobia mucho viajar. Pero no puede permitir que éso se interponga entre un sueño del calibre de Tomorrowland y nosotros.- respondió Faline, usando el peina para arreglarse el pelo frente al espejo del tocador del dormitorio de su hermana.

-Entonces, ¿dónde está el problema?- quiso saber la menor, aún acomodada sobre su cama rosada.

-Ya te lo he dicho, le encanta hacerse el cínico y poner excusas. Pero en realidad sé que está igual que yo con el festival de Tomorrowland de éste año.- afirmó Faline colocándose el pelo con las manos tranquilamente.

-¿Crees que me gustaría ése festival? Puedo ir éste año o el que viene e invitar a Kai. Así se animaría un poco con lo de sus padres.- dijo Celine.

-No creo. Tomorrowland no es un sitio al que ir para "animarse." Es más bien un lugar de fiesta loca, baile y atracciones, al que vas si puedes y si estás feliz. Si sus padres están en coma no va a ir a un sitio tan lleno de marcha. Es que vamos, no tiene sentido. Imagina que ahora mamá y papá se quedan en coma, cómo los padres de Kai. Lo último que yo haría sería ir a Tomorrowland. Es un sitio para celebrar cosas.- decía Faline, la cuál, pese a no haber ido nunca, parecía muy bien informada acerca del tema.

-Y si conseguís ir, ¿qué haréis allí?- se interesaba Celine.

-Básicamente fiesta, baile, botellón, noria y dormir muy poco.- dijo Faline despreocupadamente, girándose para mirar a su hermana. Se colocó una mano en la mejilla.-¿Tengo bien el pelo?-

-Sí.- Celine asintió con la cabeza y miró sus manos.-Dime, ¿no crees que es malo beber alcohol? Ya te emborrachaste una vez en París y me dejaste preocupada.-

-Celine.- Faline alzó ambas cejas.-Mamá y papá habrán hecho botellón de jóvenes. Los padres de toda la gente a la que conocemos también. Incluso puede que nuestros abuelos, en su época adolescentes, también. Creo que ir de fiesta es una de las etapas de la juventud. Y éso no me convierte en una alcohólica.-

-Lo sé, pero quiero decir, es malo para el estómago y ésas cosas.- añadía Celine preocupada.

-Sólo la primera vez. Luego náh. Lo peor que puede pasarme es tener un resacón del quince al día siguiente. Lo que sí tengo claro es que a ti no te gustaría demasiado Tomorrowland. Mucho ruido, mucha gente en ropa interior y mucha fiesta. Tú eres más del tipo "película en casa con palomitas y mantita."-

-¿Así me defines?- bromeó Celine haciéndose la ofendida.

-No nos engañemos; fiestera no eres.- rió Faline levantándose, dejando el peine sobre el tocador y saliendo del dormitorio de su hermana gemela.-Y no te preocupes tanto, ¿vale? Al fin y al cabo soy yo la mayor. Sé lo que me hago.- le guiñó un ojo y se retiró de la estancia.

Celine suspiró y volvió a colocarse correctamente en su cama, apoyando la cabeza en la almohada. Tenía unas ganas inhumanas de que Kai se tumbara junto a ella y ambos durmieran abrazados. Sonrió al darse cuenta de que lo echaba de menos. Nunca antes se había enamorado, y a pesar de llevar ya un año enamorada de Kai, y él de ella, sentía que no podían disfrutar de su relación. Él estaba sumido en una profunda depresión debido a lo de sus padres. Celine sólo quería que despertaran para ver a Kai feliz. Si él era feliz, ella también.
Y de momento, ninguno de los dos lo era.

~~~

Se hizo de noche. Había ajetreo y calma a la vez en la ciudad. Eran las ocho y media, acercándose la hora de cenar. Harry y Brianna acababan de salir del cine. Al principio de la película se habían sacado una foto juntos usando el móvil del cantante y en aquél momento la observaban, de pie en la salida del cine.

-Bonito "selfie."- rió Brianna tirando el envase de palomitas, ya vacío, a una papelera cercana. Acto seguido se acerco a Harry de nuevo y miró el móvil con él.-Se te da bien hacer fotos. No salimos nada mal. Por suerte la lograste hacer cuándo apagaron las luces pero antes de que empezara la película.-

-Le pondré algún filtro.- dijo Harry dando unos toques en la pantalla con el dedo y poniéndole a la foto el filtro de blanco y negro a la foto.-Anda, mira, fíjate, incluso en blanco y negro estás guapísima.-

-Cállate.- bromeó Brianna sonrojándose.

-¿Por qué? Es verdad.- sonrió el cantante.

-No lo es.- rió ella.-Tú sales mucho mejor.-

-Mmm, es cierto.- se mofó Harry.

La chica se rió y Harry siguió usando su móvil, subiendo la foto en blanco y negro a Twitter. Diez segundos después la foto ya empezaba a ser retuiteada y comentada por las Directioners que seguían al cantante en Twitter.

-¿Vamos a cenar a mi casa?- preguntó el cantante guardando el móvil y echando un brazo alrededor de los hombros de su novia.-Y de paso vemos algún programa de la tele que nos guste a los dos.-

-Claro.- ésta lo miró.-Pero hamburguesas para cenar otra vez no. Algo más ligero, que nos hemos inflado a palomitas y no tengo nada de hambre.- añadió riendo.

-Éso es verdad.- Harry también rió.-En ése caso, sándwiches para los dos.-

Media hora después ambos entraban en la casa del cantante. Se colocaron sus pijamas para estar cómodos mientras cenaban y Harry se metió en la cocina para ir preparando la cena. Acto seguido sonó el teléfono fijo de la casa.

-¡Brianna! ¿Te importa?- dijo Harry desde la cocina.

-¡Claro que no!- la chica se levantó del sofá alegremente y se dirigió a la mesa dónde reposaba el teléfono fijo, el cuál sonaba estridente y repetidamente.

-Gracias preciosa.- añadió el cantante en tono gracioso.

Brianna rió y descolgó el teléfono fijo.

-¿Sí?-

-Vigila tu espalda.- dijo una voz masculina y rasposa.

A la chica se le cortó la respiración y abrió mucho sus ojos verdosos.

-¿Q-quién es?- preguntó con voz temblorosa.-¡¿Quién demonios es?!-

La misma voz rió y acto seguido suspiró.

-Harry. ¡Harry!- exclamó Brianna presa del pánico.

-¿Qué? ¿Qué es lo que pasa?- dijo el cantante llegando corriendo.

Brianna le pasó el teléfono, pero entonces se oyó el pitido que indicaba que habían colgado. Harry miró el teléfono extrañado y lo colocó en su sitio. Brianna estaba con la boca entreabierta y de su frente caía un sudor frío. Su rostro se veía muy pálido, pues sus mejillas, normalmente rosadas, habían perdido color debido al susto.

-Harry...- la chica abrazó a su novio, asustada.

-¿Sí? ¿Pero qué pasa?- el cantante acarició el pelo de su chica mientras le devolvía el abrazo.-Tranquila, tranquila. ¿Qué es lo que pasa?-

Brianna suspiró, se frotó la nariz y cogió aire para decirle a Harry lo que acababa de ocurrir.

~~~

-Ya son casi las nueve.- suspiró Cindy sentada en el sofá.-Debería volver a casa, ya sabes que a las nueve debo estar allí.-

-¿Hablas en serio?- Treisy, sentada a su lado, señaló con un gesto de la mano la sala de estar de la casa de Mikel. Allí, varias personas bailaban cómo si les fuese la vida en ello, todos moviéndose a un ritmo desenfrenado y fiestero.-¡La fiesta se está empezando a animar justo ahora!-

Sonaba la canción Tik Tok de Ke$ha a todo volumen y los adolescentes bailaban sin parar, agitando las manos por encima de la cabeza. Las bebidas se derramaban de vez en cuándo debido al ajetreo y los saltos de la gente que bailaba. Todos los presentes tenían entre catorce y diecisiete años. La mayoría, cómo Cindy y Treisy, quince. 

-Lo sé. Y es una pasada de fiesta, de verdad.- dijo la rubia.-Pero tengo que respetar mi horario.-

-Ni siquiera has probado el vino. Aunque seamos menores de edad no nos pasará nada por probarlo. Yo he bebido un trago o dos en algunas ocasiones y es una experiencia.- la animó la morena.

-Mmm... La curiosidad es muy grande.- rió Cindy.-Lo pruebo y me voy.-

-Genial. ¡Mikeeeeeeeeeeeel!- gritó Treisy con su voz chillona y estridente.

El anfitrión de la fiesta apareció de entre la multitud bailarina, portando dos vasos de plástico azul y una botella de vino. El chico iba muy rojo y sonriente, al parecer no estaba sobrio. Más bien al contrario. Su risa constante y su cara rojiza delataban que había bebido bastante "vinito suave."

-Tomaaaaaad.- dijo alegremente dándole los dos vasos a las jóvenes amigas.

Treisy rodó los ojos y también cogió la botella. Sirvió un poco a Cindy y acto seguido a ella. Ambas entrechocaron sus vasitos y bebieron un trago. Cindy asintió.

-¡Sabe muy bien!- dijo.

-¡Te lo dije!- rió Treisy.

DON'T STOP, MAKE IT POP, DJ BLOW MY SPEAKERS UP, TONIGHT IMMA FIGHT 'TIL WE SEE THE SUNLIGHT, TIK TOK ON THE CLOCK BUT THE PARTY DON'T STOP NO!!! 
Alguien había subido el volumen de la música todavía más haciendo que retumbaran las paredes de toda la casa. Los presentes notaban el pulso en la garganta debido a la fuerza de la música. Cindy y Treisy bebieron más y al acabar, Treisy agarró de nuevo la botella y se dispuso a echar más vino en ambos vasos.

-Treisy, no.- trató de cortarla Cindy.

-Has dicho que te gusta.- insistió la de pelo castaño.

-Sí, pero un vaso ya ha sido suficiente. Además debo ir a casa.-

-Un poquito, venga.- dijo Treisy.

Un chico aleatorio se acercó al sofá y gritó:

-¡Treisy y Cindy están dándole al vino! ¡¡Vamos a ver quién bebe más!!-

Los demás rompieron en aplausos y gritos de entusiasmo ante el comentario del chico. Treisy se puso de pie e hizo una reverencia. Cindy, por su parte, se sonrojó. No podía, tenía que ir a casa y mostrarle a sus padres que era responsable. Sólo que se lo había estado pasando tan bien...

-¡Voooy!- gritó Treisy. Y se bebió su vaso entero de vino de un trago.-Te toca.- añadió cogiendo la botella y llenando hasta arriba el vaso de Cindy.

-Treisy, que no. Que tengo que ir a casa. No puedo beber más.- insistió la rubia en voz baja.

-Escucha. Me dejaré ganar, ¿vale? Si haces ésto te ganarás una reputación y un respeto de muerte por parte de todos. Ni siquiera tendrás que beber mucho, me dejaré ganar para que lo tengas fácil y te ganes la reputación sin esfuerzo.- propuso Treisy.

-Es un buen plan.- admitió Cindy. Suspiró y se llevó el vaso a los labios.-Pero cumple con tu parte, ¿vale? Y que acabemos a las nueve y cuarto cómo muy tarde.-

-No hay problema.- Treisy le guiñó un ojo.

Cindy empezó a beber y todos los de su alrededor empezaron a gritar:

-¡Traga! ¡Traga! ¡Traga! ¡Traga! ¡Traga!- chillaban a coro y cada vez más rápido.

Cuándo se acabó todo el contenido de su vaso, los adolescentes se liaron a aplaudir.

-¡Me toca!- Treisy, tirando de la goma elástica que le recogía la melena, se soltó el pelo, recogido en una coleta, agarró la botella de vino, se llenó el vaso y empezó a beber. 

Los demás repitieron el proceso de gritar "Traga" hasta que Treisy finalizó, y acto seguido le volvió a tocar a Cindy. Ésta, algo roja, sonrió y le mostró su vaso a Treisy, con una mirada despreocupada. 

-¡Lléname el vaso, nena!- gritó con renovada alegría en su voz.

Al no haber bebido alcohol en su vida, era más fácil que se emborrachara con poca cantidad. 

~~~


Aly, muy preocupada, llevaba a Talia en brazos por toda la casa, tratando de hacer que se durmiera. Miró el reloj de la pared del salón. Faltaban dos minutos para las tres de la madrugada. Lara y Richard habían salido a buscar a Cindy, pues ella aún no había regresado por su cuenta. Talia estaba medio dormida sobre el hombro de Aly, aunque de vez en cuándo murmuraba cosas:

-Cindy... Emanita...- farfullaba Talia con los párpados medio caídos.

-No te preocupes, Cindy estará bien.- repuso Aly acariciando la cabecita de su hermana. Le enfadaba mucho que incluso una niña pequeña tuviera que preocuparse tanto por Cindy.

Un minuto después Talia ya no aguantaba más y cayó rendida ante el sueño. Aly la llevó a su dormitorio y la depositó en su cuna con suavidad. Acto seguido volvió al salón y miró por el amplio ventanal, contemplando las luce de la ciudad resaltar entre la oscuridad de la noche. Oyó la puerta del apartamento abrirse y se giró esperanzada.

-Auuu...- farfulló Cindy.

Aly, sintiendo un profundo alivio, miró de nuevo el reloj. Las tres en punto de la madrugada. ¡Y ahora aparecía Cindy, cuándo debería haber llegado a las nueve de la noche! Lara y Richard entraron junto a su hija mediana, la cuál iba algo roja y tropezándose. Ambos la agarraban de los brazos y sus rostros lucían enfurecidos.

-¡¿Cómo has podido hacer ésto, Cindy?!- gritó Lara.

-¡Que sea la última vez!- añadió Richard.

-¡Castigada hasta septiembre sin salir con tus amigos!- repuso Lara.

Aly corrió hacia su familia y examinó a Cindy, colocando sus manos en los hombros de la chica.

-¿Pero dónde demonios te habías metido?- exclamó, tranquilizándose.

-En la fiesta...- respondió Cindy con una voz más bien tranquila, pese a la alborotada situación.

-¡Tenías que estar en casa a las nueve!- se enfadó Richard.-¡Podrías haberme llamado para que fuese a recogerte con el coche!-

-¡Pero no contestabas el teléfono ni nos mencionaste dónde era la fiesta! ¡Hemos estado desde las diez y media buscándote! ¿Lo ves normal?- chilló Lara, cuyo cabello rubio, normalmente liso y suave, se veía despeinado y desastroso debido al estrés de las últimas horas.

-Se me olvidó...- trató de defenderse la rubia torpemente.

-¡Vete a tu habitación!- ordenó Richard.

La adolescente se encogió de hombros y se retiró. Lara se sentó en el sofá y empezó a llorar.

-Ha sido un susto terrible...- dijo entre sollozos.-Creía que le había sucedido algo...-

-Ya pasó, mamá.- Aly se sentó junto a su madre y la abrazó.-Todos hemos pasado un mal rato.-

Cuándo ellas dos y Richard se tranquilizaron un poco, todos se dirigieron a dormir, acordando que Cindy no iría al instituto mañana debido a que no iba a poder dormir las horas necesarias.


Se hizo de día, llegando la mañana del jueves 5 de junio. En el hospital, Corinne fue comunicada de que le habían dado el alta. Tras varios "No me quiero ir," y "Tengo miedo," por parte de la joven, finalmente accedió a irse con su familia. Entraron en la lujosa mansión y Corinne no dejaba de mirar alrededor.

-¿De... De verdad vivo aquí?- preguntó en voz baja.

-Sí, cariño.- repuso su madre poniéndole una mano en el hombro.

-Si no nos crees pregúntale a Aly, la chica rubia que habló contigo. La traje un día aquí, a nuestra casa, por... Motivos.- repuso Colette, absteniéndose de dar detalles.

-Pero ésta mansión es... ¡Enorme! Quiero decir... ¡Pero mírala! Es muy elegante y lujosa, parece un palacio pequeño. No puedo creerme que éste sea mi hogar.- decía Corinne asombrada.

Una bonita gata blanca salió al encuentro de la familia. En efecto, era Fluffy, la gatita de Colette. Sólo que ya había crecido, pero seguía siendo tan bonita y dulce cómo siempre. Su pelaje blanco estaba brillante y sedoso debido a los cuidados. Maulló al ver a las cuatro personas.

-Hola, Fluffy.- saludó Colette acercándose a su mascota y cogiéndola en brazos.

-¿Un gato?- preguntó Corinne.

-Gata- rió Colette.-Se llama Fluffy. Fluffy, mira, es Corinder.-

La chica se acercó a su hermana mayor para acariciar a la gata, pero Fluffy le siseó a Corinne, saltó de los brazos de Colette y huyó corriendo por el pasillo más cercano. Ambas hermanas se quedaron perplejas.

-No le gusto.- dijo Corinne desilusionada.

-Éso es porque te recuerda tal y cómo eras antes...- suspiró Colette.

-¿La maltrataba o algo?- se horrorizó Corinne.

-Más o menos. Yo siempre iba cuidándola para que no estuvierais a solas.- Colette se mordió el labio inferior y colocó ambas manos tras la espalda.

-En el hospital, creo que Aly me dijo que traté de envenenar a tu gata. ¿Es cierto?- preguntó ella.

-Sí... Trataste de envenenarla una vez y la detestabas. Por éso ahora te odia.- dijo Colette procurando hablar con cuidado, aunque la última palabra le salió sola.

-¡Ay, no! Yo jamás le haría daño a un animal tan bonito.- se entristeció Corinne, pues aunque sabía lo que eran los gatos, sentía que era la primera vez que veía uno.-¿Qué puedo hacer para que me perdone?-

-Dale tiempo, es muy buena gata y muy cariñosa. Pronto se acostumbrará a ti y comprenderá que ya no eres quién solías ser.- la reconfortó su hermana mayor poniéndole un brazo alrededor de los hombros para que se sintiera acogida en su propio hogar.-Ahora ven, te llevaré a tu habitación.-

Subieron por las escaleras del recibidor y fueron caminando por el pasillo hasta llegar a la puerta del dormitorio de Corinne. Colette se detuvo y le indicó que podía abrir y entrar. Corinne abrió la puerta y se adentró en aquello llamado "su habitación."

-Uaaah...- soltó por lo bajo, mirando alrededor fascinada.-¿Ésta es...?-

-Sí, es tu habitación. Está tal y cómo la dejaste... Hace muchísimo tiempo.- suspiró Colette mirando a Corinne.

-Pero... ¿De verdad es mía? Quiero decir... Es una preciosidad... Es muy elegante. Jamás me habría imaginado una cama así. ¿No se supone que los dormitorios son sitios desordenados y hechos sólo para estudiar o dormir?- inquirió Corinne mirando los muebles y acariciándolos, con suavidad. En sus gestos no había ni rastro de la violencia de su vida pasada.

-Depende. Si perteneces a una familia casi aristocrática, no.- rió Colette. Miró a su hermana con pena. Corinne había estado en aquella habitación cientos de veces, y no recordaba absolutamente nada. Estaba maravillada con su propia habitación. Saber que los recuerdos se habían borrado para siempre le rompía el corazón a Colette, aunque sabía que era mejor así debido al oscuro pasado de Corinne.

-Es increíble... ¡Me encanta!- se alegró la joven. Corrió hacia su cama y se sentó sobre ésta.

-¿De verdad?- se alegró su hermana mayor.

-¡Sí! Aunque creo que es demasiado para mí...-

-Es nuestra casa, Corinne. Tanto papá y mamá cómo nosotras dos tenemos un montón de cosas aquí. Incluso contrataron servicio. Ya sabes, mayordomos, asistentas, chefs... No tendrás que preocuparte por nada.- dijo Colette dulcemente.

-¡Ésto es genial! ¡No puedo creerme que viva aquí! ¡Me encanta!- Corinne daba botes sentada sobre su cama, agitándose un montón debido a la alegría.

En ése momento Colette recordó por accidente una de las veces que fue a visitar a su hermana al manicomio, sólo para verla y asegurarse de que seguía con vida:

Aquél lugar tan blanco le ponía los pelos de punta a Colette. Se había recogido el pelo rubio oscuro, con las puntas de un tono más pálido, en una bonita trenza y no iba demasiado arreglada, al fin y al cabo estaba visitando a su hermana en un sanatorio mental. Una enfermera la acompañó hasta la cámara de Corinne, dónde la encerraban al notar que quería dañar a alguien.

-¡Soltadme! ¡¡Soltadme!!- gritaba Corinne, inmovilizada, sentada sobre la camilla blanca. Llevaba una camisa de fuerza que no le permitía mover los brazos, y sus piernas quedaban al descubierto. Estaba nerviosa y agitándose un montón debido a sus ganas de liberarse.

-Dios mío...- Colette se tapó la boca con una mano al mirar por el cristal de la habitación. 

La enfermera que estaba a su lado suspiró:

-Tu hermana es muy peligrosa. Necesita llevar la camisa de fuerza casi cada día. Cuándo le dan los brotes psicóticos hay que inmovilizarla.- dijo en tono cansado.

-¡He dicho que me soltéis!- vociferó Corinne, con su cabello castaño despeinado y la camisa de fuerza cubriéndole el cuerpo hasta las rodillas.

Colette, al ver a su hermana así, se arrepintió profundamente de haber ido a visitarla.
Corinne seguía sentada en la camilla, sacudiéndose y gritando...

Y de vuelta al tiempo actual, Corinne estaba sentada en su cama, sacudiéndose y riendo de la alegría y encanto que le hacía sentir su propia casa. Ambos contextos eran totalmente diferentes, pero la imagen que Colette vio fue la misma. Su hermana agitándose sentada en una cama. A Colette se le llenaron los ojos de lágrimas. No quería haber recordado éso, pero lo hizo, pese a prometer que pondría todo su empeño en dejar los malos recuerdos atrás. Pero a veces era demasiado.

-Oye.- habló Corinne de repente, haciéndola espabilar. Se había quedado quieta y miraba a Colette fijamente.-Oye, ¿te encuentras bien? Estás muy seria y... pálida. Parece que vayas a llorar.-

-No... No... Tranquila, me encuentro bien.- Colette se frotó los ojos y trató de apartar aquél pensamiento de su cabeza.

-¿Seguro? Si pasa algo, puedes contármelo.- añadió Corinne, preocupada, levantándose y caminando hacia su hermana mayor.

Colette retrocedió sin querer al ver a Corinne acercarse. Sabía que las cosas habían cambiado, pero sus malos recuerdos seguían estando ahí. Y no iban a dejarla en paz.

-No, no te preocupes.- Colette tragó saliva y se agarró a la puerta del cuarto.-Lo... Lo siento. Sólo necesito ir a lavarme la cara. Me he mareado... Estoy en mis días de menstruación, ya sabes.- trató de excusarse con lo primero que le vino a la mente.

-Oh.- Corinne soltó una risita.-Vale. Yo iré echando un vistazo a mi armario y mis cosas. ¡Qué bonito es todo aquí!- añadió aplaudiendo de la alegría. Corrió hacia su armario y lo abrió de par en par.

Colette por su lado, salió del dormitorio de su hermana menor con la cabeza dándole vueltas de confusión y tristeza. Corinne era totalmente distinta, debía superar el pasado. Pero era tan difícil... Aunque no debía desaprovechar la nueva oportunidad que tenía para ser amiga de su hermana.

~~~

Cindy abrió los ojos lentamente. Se encontraba en su cama, vestida con la ropa de la noche anterior. Le dolía un poco la cabeza. Se frotó los ojos y miró el moderno reloj de su mesita de noche. Según éste, eran las once de la mañana del día jueves cinco de junio... 

-¿Qué?- preguntó en voz baja. ¿Juev? ¿Once de la mañana? ¿Y por qué no estaba en el instituto?

Poco a poco, empezó a recordar todo lo sucedido la noche anterior. Suspiró y bajó al salón. Miró la ciudad a través del ventanal. Sentía que la luz del sol le molestaba demasiado a los ojos. Lara apareció en la puerta de entrada con los brazos cruzados. Cindy se dio cuenta.

-Mamá...- dijo tímidamente.-Hola.-

Lara no respondió. Cindy soltó un suspiro.

-Siento mucho lo que hice anoche. Perdí la noción del tiempo... Y hoy no ha sonado mi despertador.- repuso tratando de excusar sus acciones.

-Lo sé. Lo desactivé yo porque anoche te encontramos muy tarde y no habrías podido dormir lo suficiente. De modo que hoy llamé al instituto para comunicarles que no irías.- dijo Lara finalmente.

-Oh... De acuerdo. Agradezco que pensases en éso.- repuso su hija mirando hacia el suelo.

-Sí. A diferencia de otras personas, yo pienso antes de actuar.- dijo Lara avanzando hacia ella. Parecía muy molesta.-¿Sabes lo que me dijeron del instituto cuándo llamé hoy? Que es la segunda vez que faltas ésta semana. Que el lunes no fuiste, y sin dar ninguna justificación.-

-¿Qué?- Cindy empezó a sudar frío. La habían pillado.

-¿Por qué no fuiste el lunes?- repuso Lara cruzando los brazos de nuevo y frunciendo el ceño.

-Me encontraba mal. Tenía fiebre.- mintió la joven. Su mente se revolvía tratando de crear excusas válidas.

-¿Por qué no avistaste a nadie?- se enfadó Lara.

-Yo... No quería preocuparos.- añadió su hija.

-No estuviste en casa, ¿adónde fuiste?-

-Al médico. Sólo me hicieron una revisión rápida, ni siquiera necesité la tarjeta. Mi salud está bien. Sólo me encontraba un poco mal.- respondió Cindy. Trataba de sonar natural para que su madre no supiera que mentía. Era difícil engañar a Lara, pero ella sabía cómo hacerlo.

Sabía cómo mentir. Al darse cuenta de ello, un profundo desprecio hacia sí misma la invadió.

-Al médico, ¿eh?- Lara pareció relajarse un momento.-Bien. Si tú lo dices...- se cruzó de brazos.

-Lo siento mucho, mamá. No quería decepcionar a nadie.- se disculpó la rubia con sinceridad.

-Bueno... Vete a tu cuarto, piensa en lo sucedido y trataremos de olvidar el asunto. ¿De acuerdo?-

-Sí mamá.- Cindy bajó la mirada con timidez y se alejó.

En ése momento Lara agarró su bolso y se dispuso a salir a la calle, decidida, sin creerse nada de lo que Cindy acababa de decir. Le dolía, de dolía muchísimo dudar de su propia hija, pero no tenía opción. Iba a comprobar si su hija mentía o no.

~~~


Harry y Louis estaban en casa del segundo, pasando el rato tranquilamente. Ambos se encontraban en el sofá. Harry seguía nervioso por lo ocurrido la noche anterior, y pensaba contárselo a su mejor amigo. Pero de momento era Louis el que hablaba sin parar. Harry sólo podía escuchar pacientemente.

-Que te digo que Eleanor lleva una semana muy rara.- dijo Louis, que ya llevaba cinco minutos hablando.

-¿Rara Eleanor o rara la semana?- preguntó Harry.

-Rara Eleanor.- aclaró el mayor.-No habla mucho y siempre que me ve se sonroja. Éso es muy raro, puesto que al vernos sólo solíamos sonrojarnos al principio. Ahora que tenemos confianza no entiendo por qué se muestra tan tímida y confidencial.-

-En ocasiones es así. La conozco muy bien, es amiga mía, ¿recuerdas?- dijo Harry sonriendo levemente.

-¿Qué si lo recuerdo? ¿Por quién me tomas? Fuiste tú quién nos presentaste. Fue por ti que la conocí y me convertí en el chico más feliz del mundo...- Louis sonrió y suspiró, enamorado.

-De nada.- Harry se cruzó de brazos, alzó la barbilla y puso cara de haber hecho muy buen trabajo.

-Te he agradecido un millar de veces.- rió Louis alborotándole a su amigo los rizos.

-¡Pero que no me toques el pelo!- gritó el más joven apartándose un poco.

-Ahora en serio, de verdad espero que Eleanor esté bien. Sabe que puede contarme cualquier cosa. Espero que no me esté ocultando nada malo.- suspiró Louis.

-Ella jamás te ocultaría nada.- Harry sacudió la cabeza de lado a lado, negando lo dicho por Louis.

-Para no preocuparme, sí lo haría.- repuso Louis.-Es así de buena.-

-También tengo algo que comentarte.- dijo Harry mirando hacia adelante y suspirando.-Creo que  "X" vuelve a estar activo de nuevo.-

Louis abrió mucho los ojos antes de incorporarse bruscamente en el sofá.

-¿Cómo dices?-

-Anoche Brianna y yo recibimos una llamada. Contestó ella y luego colgaron. Me dijo que alguien la había amenazado. Y era el teléfono fijo de mi casa. La amenaza iba para mí.- aclaró Harry preocupado.

-No puede ser...- Louis se quedó mirando el suelo varios segundos y se frotó la frente.

-Deberíamos andar con mucho cuidado. Creo que podríamos estar en peligro de nuevo. ¿Recuerdas cuándo hace casi un año mataron a Sarah en París?- suspiró Harry.

-Cómo olvidarlo, Estábamos todos aterrorizados al ver aquello.- asintió Louis.

-Exacto. Y no quiero que vuelva a suceder nada parecido. Sarah no era mejor amiga nuestra, pero era una buena chica, una persona más con derecho a la vida, y no merecía morir. No quiero que nadie más corra peligro por nuestra culpa.- decía Harry con voz triste y atemorizada.

-No es nuestra culpa, Harry. En todo caso, van detrás de nosotros y por lo tanto lo pagan también con las personas que nos rodean.- dijo Louis tratando de animar a su amigo.-Además, recuerda que capturaron a los dos asesinos de Sarah.-

-Pero no sabemos exactamente cuántas personas hay en contra nuestra. Y aparentemente, son muchísimas...- repuso Harry.

-Bueno, que no cunda el pánico.- lo cortó Louis.-Estaremos bien. Tenemos que centrarnos en nuestro trabajo y procurar mantenernos tranquilos, ¿de acuerdo?-

-De acue...- el móvil de Harry sonó, interrumpiéndolo.

El cantante descolgó, algo inquieto, y oyó la voz de Harumi al otro lado.

-¡Harry! ¡Dios, menos mal que lo has cogido! ¡Gracias por cogerlo!- gritaba la japonesa.-¡Ven a tu casa ahora, por favor! ¡Tu madre está saturando al personal entero de trabajo!-

Harry parpadeó y acto seguido se echó a reír.

-Tranquila, ya voy a echar una mano. Que no cunda el pánico, ¿de acuerdo?- repuso.

-¿Te vas?- inquirió Louis.

-Sí. Te veo luego.- Harry dio una palmada en el hombro de su amigo y se levantó del sofá.

~~~

Faline paseaba por la calle tranquilamente, sin motivo alguno, sólo para que le diera el aire. Había estado ya una semana seguida en casa jugando al Call of Duty, saliendo sólo para ir a trabajar. Y por razones propias, ése día le apetecía salir y tomar un poco el aire. Las calles no estaban tan abarrotadas cómo de costumbre, lo cuál era de agradecer, ya que se podía caminar con facilidad y sin atascarse.

-¿Hm?- se extrañó la joven al notar el teléfono agitarse en el bolsillo de su pantalón.

Lo sacó con cuidado y desbloqueó la pantalla, dejando ver en su fondo una imagen del grupo Metallica. En la parte de arriba aparecía la notificación de un mensaje nuevo. Y al parecer, de Edmond. Lo abrió y lo leyó.

-"Faline, pronto empieza la nueva temporada de American Horror Story. ¡Busca en internet si quieres saber más! Yo ya estoy emocionadísimo."- leyó Faline en voz alta.

Por un lado se emocionó al ver que una de sus series favoritas estrenaba temporada, pero por el otro le supo un poco mal que Edmond le mandara un mensaje sólo para decirle éso, sin zanjar todavía el tema o no. No obstante, procuró apartar ése pensamiento de su cabeza y abrió el navegador del móvil.

-Bueno, una buena noticia. A ver qué pone en la web oficial de la serie...- masculló.

Ella y Edmond eran grandes fans de la serie American Horror Story. Una vez, Faline trató de convencer a Celine de que la viera con ella, pero la susodicha en seguida se escandalizaba con la más mínima escena terrorífica, erótica o visualmente perturbadora. Ante aquello, Faline reía, despeinaba a su gemela y la llamaba "sosilla." Ante aquello Celine le soltaba que se iba a ver Érase Una Vez y que la dejaba a ella viendo ésas historias de terror tan perturbadoras. Aquella pequeña y graciosa guerra de series que ambas gemelas se traían entre sí las unía más, aunque pareciera lo contrario.

-¡Anda, mira!- soltó Faline alegremente. En la web oficial ponía mucha información.-Ya sé quién va a hartarse de leer cosas de la nueva temporada.-

Se acercó aún más el móvil a la cara y empezó a leer atentamente, distraída, aunque tranquila al saber que no había ninguna carretera que cruzar. Siguió leyendo durante varios segundos cuándo de repente, al pasar frente a un callejón, unas manos la agarraron, tapándole la boca. La joven abrió mucho los ojos y gimoteó al no poder gritar, retorciéndose, y notó que era llevada más adentro del callejón.

viernes, 3 de octubre de 2014

103- Volvemos a vernos


Las tripas de Aly rugieron mientras salía de la universidad. Sacó su móvil mientras se despedía de Lexi con la mano y ésta entraba de nuevo en la universidad. En el móvil buscó su agenda de contactos y seleccionó a Niall, llamándolo. Le apetecía ir a comer a un McDonald's con él. Esperó un rato pero el irlandés no contestó, de modo que llamó otra vez mientras caminaba hacia el coche. De nuevo, nada. Entró en el coche, atándose el cinturón, y llamó de nuevo.

-Cógelo, venga...- murmuró para sí misma.

En el garaje de Zayn, los cinco chicos estaban cantando (o más bien, gritando) notas altas para ver quién hacía la más mejor y potente nota alta de todas.

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!- cantaba Harry tan alto que se estaba poniendo rojo.

-'Cause you and iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiihhh!- replicó Zayn, cantando a voces su solo, con nota alta incluida, de You & I.

Louis, Liam y Niall habían dejado de cantar pocos segundos atrás y ahora miraban divertidos cómo Zayn y Harry gritaban sus notas altas, mirándose cara a cara y ambos rojos mientras trataban de superar a la voz del otro. Ambos se detuvieron a la vez para coger aliento, mientras dejaban caer sus hombros y cogían una histérica bocanada de aire. En aquél momento se escuchó el móvil de Niall sonando sobre la mesita del garaje y el rubio, sin dudarlo, lo cogió rápidamente. Descolgó:


-¿Diga?-

-¡Hola, Niall!- saludó Aly.

-¡Ey Aly! ¿Qué tal te ha ido hoy en Yale?- sonrió el irlandés.

-Tan bien cómo siempre, gracias.- repuso la chica.-Oye, ¿dónde estás? ¿Tienes planes?-

-No, estoy en casa de Zayn. ¿Por?- se interesó Niall.

-Me gustaría que fuéramos a comer a un McDonald's juntos. ¿Te apetece?- preguntó Aly agarrando con una mano el volante, aunque aún no había puesto el coche en marcha.

-¿Cómo no? ¡Claro! ¡Me encanta la comida del McDonald's!- sonrió Niall.

-Perfecto. Paso a buscarte en un momento y nos vamos. Espérame ahí.- dijo la rubia.

Acto seguido colgó, guardó el móvil y giró las llaves del coche en su correspondiente sitio, haciendo que el vehículo se pusiera en marcha y el motor rugiera. Ya se había atado el cinturón nada más entrar. Encendió la radio del coche para oír música, pisó el acelerador y empezó su camino a casa de Zayn.

-Chicos.- Niall guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón.-Aly viene hacia aquí. Me voy a comer al McDonald's con ella.-

-Vale. De todos modos yo también tenía que irme tarde o temprano, he quedado con Eleanor en Central Park dentro de una hora.- comentó Louis, sentado en el sofá junto a Liam.

-Yo me quedo aquí un rato más.- dijo Harry falto de aliento.

-Y yo.- asintió Liam.

-Genial, así no me quedaré sólo.- bromeó Zayn, casi tan ahogado cómo Harry.


Una hora después, Aly y Niall ya se encontraban almorzando en un McDonald's. El aire olía a patatas fritas y hamburguesas recién hechas, y los increíbles rugidos de las tripas de Aly habían llamado más la atención que el hecho de que fuesen Niall Horan y Alyson Willson. El irlandés incluso se asustó cuándo las tripas de su novia rugieron tan fuerte que, según él, "Joder, ¿qué diablos ha sido éso?" mientras miraba alrededor. Aly se reía, aunque en parte estaba avergonzada. Había desayunado con Lexi muchos y muy deliciosos donuts junto a un café, pero estudiar en Yale le quitaba toda su energía, y, con el calor, sudaba tanto que toda el agua y comida ingeridas eran inútiles. En cuánto trajeron sus bandejas con la comida y Aly mordió su hamburguesa triple, se sintió totalmente en paz con el mundo entero. Toda la comida estaba deliciosa.

-No tengo claro quién está más buena, si tú o ésta patata.- repuso Niall bañando una fina y crujiente patata frita en ketchup y llevándosela a la boca con avaricia.

-Pues mi hamburguesa, claramente.- bromeó la rubia. Su hamburguesa no era literalmente triple, sino que eran tres hamburguesas finas entre dos rebanadas de pan, aderezadas, cómo no, con queso, ketchup y mostaza.

-Por cierto, ¿cuándo tienes los últimos exámenes? Debes de estar hasta arriba de ellos.- quiso saber Niall mientras cogía su vaso de cartón de Coca-Cola con tapa de plástico y daba un sorbo por la pajita. El gas le hizo cosquillas en la garganta y el cantante hizo una mueca graciosa, aunque enseguida la quitó de su rostro.

-Pues... Supongo que pronto. Las vacaciones de verano no tardarán en llegar.- repuso Aly antes de morder de nuevo su hamburguesa. Meditó acerca de la pregunta de Niall. Estaba, en efecto, hasta arriba de estudios.-Lo bueno es que la mayoría de gente de Yale es simpática, aunque ahora todos están tan estresados cómo yo. En cuánto llegue a casa debo finalizar otros deberes y estudiar mucho para un examen de mañana. Psicología es difícil.- suspiró.

-Pero tú eres muy inteligente, estoy seguro de que lo harás tan bien cómo hasta ahora. Por lo que me has contado, aunque la carrera de Psicología es difícil la estás logrando estudiar a la perfección y aprendiéndote todos los detalles. Estudiar no debería ser un problema para ti.- opinó el cantante, cogiendo su propia hamburguesa y dándole un gran bocado.

-No lo es.- repuso Aly calmadamente.-Lo que ocurre es que es mucho más complicado de lo que parecía en un principio.-

-Ya, seguro que lo es.- asintió Niall con la cabeza.-De todos modos, los chicos y yo también solemos estar estresados a veces, al fin y al cabo somos One Direction. En cinco día damos un concierto aquí al lado, en el barrio Upper West Side.-

-Sí, ya lo sabía. Lo vi hoy por internet en una clase de la universidad.-

-¿Cómo? Tu no estudias informática.- replicó Niall.

-Hicimos un test con portátiles.- sonrió Aly.-Y cuándo lo acabé busqué acerca de vosotros en internet un rato, tenía que saber cuándo era vuestro próximo concierto antes de acabar aquella clase, y claramente no os iba a llamar por teléfono para preguntaros, pues está prohibido.- explicó animadamente.

-Evidentemente.- bromeó Niall.

-Bueno.- suspiró Aly.-Y a los chicos y a ti, ¿cómo os va? Apenas tenemos tiempo para vernos con todos mis estudios en Yale, y vosotros también debéis estar ocupados.-

-Oh, nos va genial. Gracias.- asintió Niall atentamente.

Ambos siguieron comiendo felizmente, sin saber que una vieja enemiga iba a regresar a sus vidas.


~~~


-¿Por qué no ha venido nadie más?- se quejó Cindy. Seguía en casa de Treisy y ambas estaban en el salón.-Me dijiste que Wen y Simon vendrían.- 

-Seré sincera contigo.- suspiró Treisy.-Te mentí, no he invitado ni a Simon ni Wen, sólo a ti. Sabía que si mencionaba a Wen vendrías sí o sí. Pero ellos no van a venir, me apetecía una tarde de chicas, nosotras dos mirando mi ropa, etcétera...-

-Es decir...- suspiró Cindy.-Qué me mentiste para que viniera.-

-Una mentirijilla pequeña.- sonrió Treisy.-Además, lo hemos pasado genial, ¿no?-

-Sí, pero... Sigo pensando que...-

-Por Dios, Cindy, ¡déjalo ya! Hoy no había ningún examen importante ni nada de éso.-Así que relájate y olvídate. Mañana iremos ambas al instituto y será cómo si hoy no hubiéramos faltado. Ya sabes que hay algunos profesores un poco pardillos.-

-Ya...- suspiró Cindy.-Lo sé.-

Treisy sonrió y cambió de canal mientras Cindy se miraba las manos, las cuáles estaban situadas sobre sus rodillas. Soltó un suspiro y se obligó a sí misma a mirar la tele.

-Y dime.- Treisy miró a la rubia de nuevo.-De todos los conjuntos que te he enseñado, ¿cuál es más mono?-

-Oh... Todos me encantan.- replicó Cindy sonriendo educadamente. Lo cierto era que la ropa de Treisy era muy bonita, pero ella no se la pondría debido que su estilo era algo más informal.

Aunque aquello, claramente, no lo entendería Treisy.
Los minutos pasaron y transcurrió una tarde tranquila y agradable para todos nuestros protagonistas.

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Llegó la noche, trayendo con ella oscuridad y silencio. En un psiquiátrico concreto, Corinder Von Connor por fin iba a cumplir su plan para escapar de allí. Llevaba muchísimo tiempo encerrada y no lo soportaba más. Uno de sus ayudantes con los que había logrado contactar tras muchos años iba a acudir allí para llevársela.
A pesar de sus problemas mentales, Corinne era perfectamente consciente de todo lo que había hecho, y claramente no se arrepentía de nada. Seguía recordando su dura infancia, la operación, tras la cuál se hizo preciosa, cuándo conoció a One Direction y Aly, y todos los sucesos posteriores. Cuándo trató de envenenar a cualquier persona en Nochevieja un par de años atrás. Cuándo lo único que quería era ver sufrimiento ajeno para consolar el suyo, y seguía queriéndolo. Sabía que la gente se alegraba de que ella estuviese en el psiquiátrico. Y por éso precisamente planeaba salir. Iba a escapar. Iba a conseguirlo.

-¿Miss Von Connor?- preguntó una voz masculina.-He dejado inconsciente al vigilante. Vámonos.-

La joven ya se había quitado su bata blanca, colocándose ropa para salir. Era totalmente oscuro cuándo ambos lograron escapar del asilo. Su ayudante y ella lo habían conseguido. Ambos se subieron al coche, él conducía.

-Por fin fuera.- Corinder apoyó su cabeza contra el cristal de la ventana.-¡Por fin! Vuelvo a ser libre de nuevo...-

-¿Sabe que si la atrapan la volverán a enviar, verdad?- inquirió el hombre mientras conducía.

-Lo sé. Pero para entonces ya me habré vengado.- sonrió ella maliciosamente.

Lo que no sabía era que su plan no iba a salir cómo esperaba. Sí, iba a ver de nuevo a One Direction y compañía. Pero no del mismo modo. ¿La razón? La averiguaría pronto, muy pronto. En un par de minutos.

-Al menos me las arreglé para que una loca me prestase el maquillaje que solía robar.- añadió mientras se ponía rímel en sus largas pestañas. 

-No es seguro para usted querer escapar del psiquiátrico. Ni para mí ayudarla.- se quejó el hombre.

-¿Quién te ha pedido tu opinión?- exclamó ella con histeria en la voz.

-Tengo derecho a darla.- replicó él.

-¡No, no tienes! No si va en contra mía.- se enfadó ella.

-Trabajar para usted no significa que no pueda expresar lo que pienso.-

-Si yo te ordeno que no hables, ¡no hables!-

Ambos discutían tan acaloradamente que ninguno de los dos notó que estaban llegando a una curva. Cuándo miraron hacia adelante ya era tarde, el coche salía de la carretera y se dirigía al campo.

-¡Cuidado! ¡¡FRENA!!- gritó Corinne desesperadamente.

Su secuaz pisó el freno pero no a tiempo; el coche chocó contra un árbol y golpeando contra otro, quedándose roto por la parte del capó y un extremo. Corinder y su secuaz recibieron un brutal impacto, sobretodo ella, la cuál había olvidado atarse el cinturón. Ambos quedaron inconscientes y la nuca de Corinder empezó a sangrar sin parar. Pasaron diez minutos y el hombre despertó.

-¿Hm? ¿Qué ha pasado...?- susurró mirando alrededor. Vio a Corinder a su lado, inconsciente, y de repente notó la sangre que corría por la espalda de la chica. 

Aterrado, llamó desde un número anónimo a la policía y ambulancia, mintiendo al decir que iba en su propio coche cuándo vio aquél estrellado, y salió corriendo, abandonando al coche y a la chica. La ciudad no estaba muy lejos y él se iría de allí escondiéndose en el bosque, al fin y al cabo no estaba gravemente herido, sólo tenía un pequeño corte en la frente. Regresaría a su casa y dejaría de trabajar para Corinder, estaba dispuesto a huir de ella. 

Aunque no sabía que no haría falta huir de ella.

La ambulancia y la policía llegaron al lugar indicado por el hombre minutos después. Vieron el coche estrellado y se acercaron a él. Sacaron a Corinder de éste, la metieron en la ambulancia y se dirigieron al hospital con ella.
Una hora después, la noticia de que la hija menor de Conan Von Conor había huido del psiquiátrico y había sido encontrada en un coche estrellado recorría todo internet, y hasta la televisión. 
Se hizo de día, martes 3 de junio, y la noticia había sido recién publicada en periódicos, revistas, y era una bomba en internet. La chica aún no había despertado. Estaba viva, pero la conmoción en su cerebro era tal que llevaba inconsciente desde que tuvo el accidente de coche la noche anterior. Sus padres y hermana ya estaban en el hospital, muy preocupados, esperando novedades sobre lo sucedido.

Por la tarde, Aly estaba en un bar cercano, tomando un café y charlando con Harumi. Ambas amigas se seguían viendo, aunque no cada día, cómo en el instituto. Ambas estaban sentadas junto a una mesa redonda y tomando deliciosos capuchinos con extra de espuma y chocolate. En una mesa vacía al lado de la suya reposaban unos periódicos, que estaban allí para que los clientes lo leyeran. Sólo quedaban unos pocos en aquella mesa.

-¿Has leído el periódico?- preguntó Aly interesadamente, colocando su taza de capuchino sobre la mesa y señalando los periódicos con la cabeza.

-No, pero...- Harumi miró alrededor. Todas las personas de aquella cafetería leían cada uno un periódico con mucha atención e intriga en la mirada.-Algo me dice que deberíamos leerlo.- bajó las cejas y sonrió un poco ante su propia broma.

Aly se echó a reír.

-Sí, veamos qué es éso que hace que todos y cada uno de los clientes de éste bar lo lean.-

-Bien, pues...- Harumi se levantó, agarró uno de los periódicos y se lo tendió a Aly.-Haz los honores. Anne Cox me tiene llena de trabajo, y hoy estoy perezosa hasta para leer.-

Aly cogió el periódico que su amiga le tendía y empezó a pasar las páginas, frunciendo el ceño en señal de concentración.

-No veo nada interesan...- se interrumpió a sí misma al leer un titular que la intrigó. Hablaba sobre Corinder Von Connor. Aly recordaba a aquella chica, vaya sí la recordaba. Cogió su taza de capuchino y bebió un trago mientras leía la noticia con el ceño fruncido.

-¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó Harumi al notar que Aly no había finalizado la última palabra.

Aly no respondió, con el capuchino quemándole la lengua. Leyó que Corinder Von Connor había escapado y tenido un accidente de coche. Aly se atragantó con el café, sobresaltada ante la noticia.

-¡Aly!- se escandalizó la japonesa.-¿Pero qué pasa?-

Todos los presentes de la cafetería las estaban mirando. Harumi se inclinó sobre la mesa y le dio unas fuertes palmadas a Aly en la espalda. Ésta se echó a toser debido al café que anteriormente se le ido por mal sitio, y acto seguido inspiró por la nariz con fuerza.

-¡Corinder ha escapado del psiquiátrico!-

-¿Corinder Von Connor?- Harumi parpadeó desconcertada.

-¡La misma!- Aly agarró una servilleta y se limpió la boca mientras seguía leyendo la noticia.-Y no sólo éso, ha tenido un accidente de coche y ahora mismo está ingresada en el hospital. Lleva inconsciente desde que el coche se estrelló.- continuó informando la rubia a medida que leía.

-Oh Dios.- Harumi se tapó la boca con ambas manos.-¿Éso es bueno o malo? Quiero decir, era mala, pero aún así un accidente de coche puede ser letal.-

-Que se lo digan a mis tíos, los padres de Kai.- repuso Aly con un suspiro.

-¿Qué hacemos?- preguntó la japonesa.

-Vamos a decírselo a los chicos de One Direction. Iremos con ellos al hospital. Y en cuánto despierte, le dejaré bien claro que no va a poder tratar de arruinarnos la vida de nuevo, porque en cuánto le den el alta, sin duda irá a parar al psiquiátrico de nuevo.- dijo Aly con fuerza y determinación en la voz, sin mostrar miedo ninguno.

Una hora después, los chicos de la banda y ella ya se encontraban en el hospital. La familia de Corinder estaban en una sala de espera, y no se encontraron con One Direction ni sus dos amigas en ningún momento. Tras unos segundos, un doctor salió de la habitación dónde Corinder estaba. El doctor llevando un cuaderno en la mano y su bata blanca puesta. Miró a los familiares de la chica. Los tres se levantaron a la vez.

-¿Cómo está mi hermana?- habló Colette tomando la delantera.

-Sí, ¿qué tal está nuestra hija?- se interesó su madre, Coral.

El doctor suspiró.

-La señorita Von Connor ha despertado. Su salud no corre riesgo.- anunció.

Los tres miembros de la familia relajaron los hombros, suspirando de alivio.

-Pero... Hay algo más.- dijo el doctor.

-¿Qué? ¿Qué le sucede?- dijo Conan, preocupado por su hija menor.

-La joven ha perdido la memoria.- anunció el doctor.

Coral se tapó la boca con ambas manos. Colette parpadeó, frunciendo el ceño.

-¿Qué?- inquirió.

-Si no me equivoco, ella padecía problemas de estabilidad mental, ¿verdad?- dijo el doctor.-Lo he leído, lo pone claramente en su historial médico.-

-¿Padecía?- murmuró Conan en voz baja, sin entender. ¿Cómo que padecía? ¿En pasado?

-Es cierto, doctor.- habló Coral, abrazándose a sí misma.-Nuestra hija... En fin.-

-De hecho, escapó del psiquiátrico anoche y por ello el accidente de coche.- suspiró Colette.-Estaba ingresada... No está bien de la cabeza...-

-No, no estaba bien de la cabeza.- repuso el doctor.-La hemos analizado a fondo y no sólo ha desaparecido su memoria, sino su antigua personalidad y enfermedades mentales. Todos los trastornos que poseía antes ahora ya no los posee. Tal ha sido el impacto del accidente.- 

-Entonces... ¿Ya no...?- trató de preguntar Conan con voz temblorosa.-¿Ya no está...?-

-La señorita Von Connor tiene ahora una perfecta estabilidad mental.- dijo el doctor, en parte satisfecho porque Corinder ya no estaba loca, y en parte triste porque la chica no recordaba ni su nombre.-No tiene ni idea de quién es ni de lo que trató de hacer. Tampoco sabe que sufría de trastornos psicóticos antes del accidente. Ahora ya no tiene nada de éso. Su demencia y locura están borradas, por lo que su sanidad mental está bien. Sus trastornos han desaparecido.-

-¿Podrá llegar a recordar algún día?- preguntó Colette.

-Lo siento mucho, pero no.- negó el doctor con la cabeza.-Su amnesia es permanente. Siempre recordará éste día cómo el día que nació, aunque no fuese así. El impacto cerebral ha sido lo suficientemente fuerte cómo para curarla de sus trastornos mentales, y el precio de ello es que no volverá a recordar nunca su vida antes del accidente. Ahora mismo ella se siente cómo si acabara de nacer.-

-¿Podemos verla?- formuló Coral la pregunta que todos se hacían.

-De nuevo, lo siento, pero no.- volvió a negar con la cabeza el doctor.-Está confundida, desconfiada y asustada. Será mejor que vuelvan en un par de horas si quieren verla y decirle que son su familia.-

-De acuerdo. Gracias.- dijo Colette educadamente.

Los tres se retiraron, marchándose del hospital y tratando de asumir aquello. One Direction y Aly seguían en el hospital, y a ellos sólo les dijeron que no podían verla de momento, sin comentarles nada de su nueva vida. Colette regresó con flores tras una hora y ésta vez una amable enfermera la dejó pasar.

-He estado hablando con ella.- dijo la enfermera.-Le he dicho cómo se llama, cómo te llamas tú y cómo se llaman vuestros padres. Nada más. Está muy asustada y se siente vulnerable, pero ha accedido a verte, dice que quiere conocer a su hermana. Entra rápido, porque estaba bostezando.-

-Gracias.- asintió Colette antes de entrar en la habitación con el ramo de flores.

Entró, vio a Corinder y se quedó pasmada. Corinder estaba durmiendo. Probablemente seguía exhausta debido al accidente y se había dormido en unos segundos. La enfermera entró detrás de ella y sonrió maternalmente.

-Te dije que estaba bostezando mientras hablaba conmigo.- comentó.

Colette, sin querer despertarla, dejó las flores en una de las mesitas que había junto a la cama y miró a su hermana. Segundos después se le llenaron los ojos de lágrimas. No iba a recordar nada. Jamás. Ni que elal era su hermana, ni cómo eran sus padres. Sólo le quedaba adaptarse a todo lo que había olvidado.

-Volveré en un rato.- suspiró, mirando a la enfermera. Ésta asintió y Colette se fue.

Por el pasillo se topó con Aly, la cuál venía de la cafetería del hospital con un pastelito para Niall. Ambas se miraron a medida que caminaban y se detuvieron, entrecerrando los ojos.

-¿Aly?- preguntó Colette sonriendo un poco.

-¿Colette?- Aly también sonrió.-¡Colette!-

Ambas se acercaron, soltando grititos y risas de entusiasmo, y se abrazaron efusivamente.

-¡Cuanto tiempo! ¿Qué haces aquí?- se interesó Colette, mirando a Aly y al pastel que ésta llevaba en las manos.

-¡Me enteré de lo de Corinne... Corinder!- se corrigió Aly, pues Corinne era el apodo amistoso.-He venido a ver cómo estaba. ¿Sabes algo?-

-¿Ver cómo estaba?- Colette alzó una ceja.-¿Después de todo lo que hizo?-

-Una vida es una vida, sea de una persona buena o mala.- repuso Aly.-Dime, ¿cómo está?-

-Ella...- los ojos de Colette se humedecieron.-Ha sufrido un cambio. No sabría si decir para bien o para mal. Ha perdido la memoria. El doctor ha dicho amnesia permanente. Nunca recordará nada de lo que vivió hasta hoy.-

-¿Ha perdido la memoria? ¿Y para siempre?- Aly abrió mucho los ojos.

-Sí. Me cuesta muchísimo creer que no sabrá quién soy yo, su hermana, o quiénes serán nuestros padres. Pero ésto tiene una parte buena.- explicó Colette.-Y es que ahora no es quién era. El golpe del accidente de coche le ha afectado tanto, que aparte de amnesia permanente, le ha provocado estabilidad mental. Todos sus trastornos han desaparecido.-

-¿De verdad?- Aly alzó ambas cejas.-Entonces... ¿Ya no es mala?-

-Ahora mismo, no es nadie. Pero sí, de verdad. Su sanidad mental está bien, no hay ni rastro de la locura que poseía antes. Pero... Nunca sabrá cómo fue antes del accidente, ahora es una persona totalmente nueva. Según el doctor, es cómo si Corinne acabara de nacer.- dijo Colette hablando algo nerviosa, aunque procuraba controlarse.-Lo que me lleva a preguntarte... ¿La perdonaréis?-

-¿Eh?- Aly parpadeó.

-¿La perdonaréis por todo lo que hizo?- Colette agachó la cabeza un poco.-Sé que hizo cosas imperdonables, pero... Eran trastornos mentales, no era ella. Ahora es libre, ahora su mente está limpia. Ya no tiene enfermedades mentales, es otra persona. En cierto modo, ella nunca tuvo la culpa de lo que hizo. Estaba enferma de la cabeza y éso nadie lo elige. Ella no eligió nacer así, ni que le ocurriera lo que le ocurrió en el colegio, ni que éso rompiera su cordura y la dejase insana. Hizo cosas malas, pero ahora tiene una segunda oportunidad para empezar desde cero, nunca mejor dicho.-

-Debería meditar la respuesta.- Aly se tensó un poco.-Pero según lo que me cuentas, creo que... Sí, la perdonaré. Espero que los demás también.

-¡Gracias, Aly! Eres la mejor.- Colette abrazó a su amiga.-Debo irme, volveré luego.- se despidió mientras echaba a andar de nuevo por el pasillo.

Aly parpadeó, aún tratando de asumir todo aquello. Su vieja enemiga, tras ser mandada al psiquiátrico, escapar de allí teniendo un accidente de coche, y perder la memoria, se había librado de sus trastornos mentales y de ella sólo había quedado una persona confundida, sin recuerdos de nada e inocente. Totalmente inocente. Lo que había hecho no podía borrarse cómo sus memorias o sus enfermedades mentales, pero su nueva identidad, sin conocimiento del pasado, era, en efecto, inocente. Aly suspiró y fue a reunirse con sus amigos. 
Les explicó todo lo que Colette le había explicado. Todos estaban confundidos y con pensamientos mezclados. No sabían si perdonar a Corinder o no, aunque seguramente al final lo hicieran, debido a que todos ellos eran buenos y sabían que, en aquél momento, Corinder no tenía ni idea de nada. La amnesia era permanente, acababa de renacer cómo una persona nueva y sin ninguna enfermedad mental. Aly pediría permiso luego para verla y hablar un poco con ella.

-¿Puedo decirle datos de su vida anterior?- preguntó Aly a un médico.

-Sólo si ella le hace preguntas. Pero no importa la de cosas que le cuente; no recordará nada. Sus memorias están perdidas para siempre.- respondió éste con pesar.

Mientras tanto, en la habitación de Corinder, la chica se encontraba sentada en el borde de su cama, mirando el suelo con mirada triste y confundida. ¿Quién era ella? ¿Por qué estaba en el hospital? ¿Era cierto que había tenido un accidente de coche? ¿Era cierto que se llamaba Corinder? Antes, cuándo Colette quiso verla y entró en la habitación con la enfermera, Corinder no se había dormido. Había fingido dormirse, porque estaba demasiado nerviosa y confundida cómo para conocer a una supuesta hermana que tenía. Todo era nuevo para ella, no sabía quién era ni qué había ocurrido.

-¿Quién... soy?- murmuró en voz muy baja. Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, tornándose oscuras debido al rímel que todavía llevaba.

Notaba un gran vacío en su corazón junto con mucho dolor y miedo. Sólo quería recordar quién era, aunque éso nunca sucedería, y si sucediera, no le gustaría. Corinder nunca fue mala, sólo una mente corrompida por el odio y la locura. El tiempo que pasó haciendo cosas imperdonables y disfrutando con el sufrimiento era porque sus trastornos mentales la hacían así. Pero ahora sus trastornos mentales habían desaparecido para siempre junto a sus recuerdos, dejando sólo a una chica asustada, confundida, y desconocedora del mundo que la rodeaba, pero con buen corazón aún así. Por un lado quería hacer amigos y rodearse de gente lo antes posible para no estar sola en aquél mundo del cuál no recordaba nada, pero por otro lado, el miedo y la inseguridad la consumían. Todos eran desconocidos para ella. Le resultaba devastador, 20 años de edad y sólo sabía que estaba en un hospital, que se llamaba Corinder Von Connor y que tenía padres y una hermana, llamados Conan, Coral y Colette. Pero no sabía cómo eran sus caras. No sabía nada. Y aquello la asustaba muchísimo.

-Sí, puedes pasar.- repuso una voz femenina al otro lado de la puerta.

La puerta de la habitación se abrió y Corinder vio entrar a una chica joven, guapa, rubia y de ojos azules. Era Aly. Ella sintió un escalofrío al ver el rostro de Corinder. Corinder, por otro lado, sólo podía preguntarse quién era ésa chica.

-Hola, Corinder.- saludó Aly agitando una mano y con la voz temblorosa.

Corinder parpadeó y ladeó la cabeza. Con un nudo en la garganta, preguntó:

-¿Eres tú mi hermana?- aunque lo dudaba, pues la voz de Aly no era la misma que la que había escuchado antes, cuándo se hizo la dormida y Colette habló con la enfermera delante de ella.

-No, yo... Me llamo Aly...- la rubia carraspeó y avanzó hacia la camilla.-Nos conocimos en el instituto...-

Aly se había quedado sorprendida al escuchar la voz de Corinder. En otro tiempo siseante, repleta de odio, y dulce cuándo fingía ser amiga suya. Pero ahora era una voz distinta, cargada de inocencia, curiosidad, miedo e interés. Si no le hubiera visto la cara ni sabido que era ella, pensaría que estaba hablando otra persona. Realmente había cambiado. Pero aún así, ver su rostro le traía malos recuerdos.

-¿Sí?- Corinder forzó una sonrisa.-Lo siento, pero no lo recuerdo. No recuerdo nada...- agachó la cabeza de nuevo y se frotó las mejillas para limpiárselas de lágrimas y rímel.

-No te preocupes, me lo ha dicho una doctora.- repuso Aly con voz calmada.

-Ah, vale.- asintió Corinder, tímida y asustada.

Aly, aunque seguía algo atemorizada por la presencia de Corinder, se repitió a sí misma que ya no era la misma, y, reuniendo el valor, hizo ademán de sentarse junto a ella en el borde de la cama. Para sorpresa de Aly, Corinder se alejó un poco, a todas luces asustada y desconfiando de Aly.

-No te preocupes, no te voy a hacer daño.- dijo Aly con voz dulce y tranquilizante. Resultaba curioso ser amable con la persona a la que una vez odió, pero más curioso todavía era ver cómo ésa persona, peligrosa en otros tiempos, se alejaba un poco de Aly por miedo a que la hiriera, cuándo solía ser lo contrario.

-¿Éramos amigas?- quiso saber Corinder, mirando a Aly con timidez.

-Emmm... Al... Principio sí...- suspiró la rubia. Aquello iba a ser complicado.-Luego... No.-

-¿Por qué no? Pareces simpática.- dijo Corinder tratando de reunir valor para que no le temblara la voz.

-Gracias.- asintió Aly.-Pero... - miró a Corinder.-¿De verdad no recuerdas nada de tu vida anterior?-

-No.- ella negó genuinamente con la cabeza.-Cuándo he despertado, no sabía ni mi nombre. Las pocas cosas que sé me las acaban de contar las enfermeras. ¿Podrías...?- suspiró.-¿Podrías contarme cómo era mi vida? Me han dicho que no volveré a recordar nada nunca, pero al menos tendré algo de información.-

-No. No es buena idea.- Aly negó con la cabeza.-No... No te gustaría oírlo.-

-¿Por qué no?- Corinder frunció el ceño.

-Porque no. Te aseguro que no te gustaría.- dijo Aly, convencida de sus palabras. <<Ahora es buena persona.>> se dijo en su mente. Corinder, ahora, no tenía nada que ver con cómo fue en un pasado.

-Dímelo, por favor.- dijo la castaña, mirando suplicante a Aly.-Me da igual si no me gusta lo que oigo, quiero saber acerca de mi vida. Cuéntame, por favor, por favor.-

-Tus padres no estarían de acuerdo en que te contara acerca de éso.- contestó Aly mirando a Corinder.

-Una enfermera me ha dicho que tengo veinte años. Si éso es cierto, soy mayor de edad, puedo decidir lo que quiero saber y lo que no. Yo puedo tener el control sobre mis conocimientos o no. Y quiero que me lo digas. Por favor.- insistió Corinder.-Si mis padres se oponen, les diré que te lo pedí. No estarán en contra tuya. Hazlo, por favor.-

Aly suspiró y se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

-Eras...- se mordió el labio inferior.-Tenías trastornos mentales. El accidente de coche lo tuviste cuándo escapabas del psiquiátrico.-

-¿Cómo dices?- Corinder abrió muchísimo sus ojos. Se la veía, en efecto, desconcertada.

-Es verdad.- Aly se sentía mal al decir aquello. Corinder había dado un cambio gigantesco, y decirle aquello estaba resultando más difícil que decirle a un niño que Papá Noel no existía.

-No, no puede ser...- Corinder negó con la cabeza.-Los médicos me... Me han examinado mucho desde que desperté. Mi salud mental y física está bien, no puedo tener trastornos.-

-Ahora no, porque el golpe del accidente te los quitó junto a tu memoria. Pero antes sí tenías. Y hacías cosas malas, Corinder. Cosas muy malas...-

-¿Qué clase de cosas?-

-Fingías ser amable para acercarte a mí y así poder coquetear con alguno de los chicos de One Direction.-

-¿One Direction?- Corinder ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.-¿Qué es éso?-

La mirada de Corinder, que había sido fría, letal y odiosa en otros tiempos, ahora era una mirada ingenua, insegura y confundida. A Aly le costaba mucho asimilar aquél cambio tan grande. Ahora, hablar con Corinder era cómo hablar con un niño pequeño. No estaba fingiendo: su accidente, en efecto, la había despojado de sus problemas mentales y su memoria. La joven irradiaba inocencia por cada poro de su piel, al no tener ni idea de cómo era su vida anterior y al despertar en un lugar lleno de desconocidos para ella.

-No puedo hacer ésto...- suspiró Aly.-No puedo decirte todo lo que trataste de hacer. Ahora eres tan...- buscó la palabra adecuada para que Corinder la entendiera sin ofenderse.-Frágil.-

-Pero yo quiero saber.- insistió Corinder.-Por favor, dímelo. ¿Qué hice?-

-Bueno, fueron bastantes cosas...- Aly cogió aire antes de seguir hablando.-Heriste a gente, fuiste a juicio, te diste a la fuga, amenazaste a varias personas, y finalmente fuiste internada en el psiquiátrico del cuál escapaste anoche y tuviste el accidente.-

-No... No, no puede ser.- Corinder negó desesperadamente con la cabeza.-Yo nunca haría nada de éso. Nunca lo haría, no sería capaz de hacer daño a nadie.-

-Ahora no, pero en su momento lo hiciste.- dijo Aly tristemente.-No eras tú, estabas atrapada en tus trastornos mentales. Ahora estás sana de la cabeza y por éso no crees lo que ha ocurrido.-

-Yo...- Corinder empezó a llorar de nuevo.-¿De verdad hice todo éso? No puede ser verdad, debe de haber un error. Yo jamás haría ésas cosas.-

-Lo hiciste.- afirmó Aly.-Si no me crees, búscalo en internet, saldrán las noticias. Tus padres son empresarios famosos. No te estoy mintiendo.-

-Nunca quise... Dios. No recuerdo nada de lo que hice...- sollozó Corinder tapándose la cara con ambas manos.-No importa lo que hiciese, yo... Lo siento mucho. De verdad. Lo siento, lo siento...-

-Está bien, todos tienen decidido perdonarte debido a que ahora eres otra persona. No tuviste la culpa de tener trastornos mentales. Nadie puede elegir su sanidad.- la calmó Aly.

-¿Alguna vez...?- la voz de Corinder tembló y de sus ojos cayeron más lágrimas. Temía hacer ésa pregunta, temía la respuesta de Aly, pero debía hacerlo.-¿Alguna vez he... matado a alguien?-

Aly hizo memoria. Corinder lo había intentado en ocasiones, pero no, no había matado a nadie. No era una asesina. Por muchas malas cosas que hubiera hecho y muy mal que hubiera estado de la cabeza, no era una asesina, no era un verdadero monstruo. Sus manos estaban limpias de sangre.

-No.- dijo Aly para calmarla.-Que yo sepa no has matado a nadie. Pero lo intestaste varias veces.-

-¿Cómo que lo intenté?- exclamó Corinder mientras el pánico y el miedo la invadían.

-Trataste de envenenar a la gata de tu hermana mayor. Secuestraste a una amiga mía y le cortaste el pelo, pero nos hiciste creer a todos que la habías matado, aunque no fuese así. Amenazaste a mi novio con matarme si él no iba al lugar dónde me atrapaste. Mandaste a una persona a que fuera a Irlanda cuándo yo fui con mis amigos, ordenándole que, desde una terraza, dejara caer una maceta sobre mi cabeza, aunque lo pude esquivar a tiempo. En Nochevieja, Nueva York probó la tradición de las doce uvas y tú envenenaste las de alguien al azar...- explicaba Aly, sintiéndose mal por decirle todo aquello.

-Dios mío...- Corinder seguía llorando.-Estaba loca.-

-Cuándo por fin fuiste enviada al psiquiátrico, la gente se alegró.- opinó Aly.-Pero a mí en el fondo me daba mucha pena. Llegué a odiarte, pero ahora te veo y... Eres otra persona. Estás llorando de arrepentimiento por cosas malas que hiciste con gusto. Es... Es cómo hablar con otra persona que tuviera la misma cara que tú. Pero eres tú, y me cuesta creerlo. Estás tan cambiada...-

-No tengo sentido del pasado ni del futuro, con lo que es normal que nadie me reconozca, sólo sé que hice cosas imperdonables por lo que me cuentas.- dijo Corinder con impotencia en la voz, quebrada por el llanto. Odiaba profundamente a la persona que fue. Y aunque ya no era así, se odiaba a sí misma.-No logro recordar nada de lo que hice, por mucho que me esfuerzo mi mente está en blanco. Y me alegro, no quiero recordar nada de éso. ¡Qué horrible! Me odio a mí misma por todo lo que hice, a pesar de que no me acuerde, pero tú no me mentirías. ¿Por qué me ibas a mentir? Y además, si es cierto que lo pone en internet, me habría enterado tarde o temprano de cómo fui.-

Aly se sacó un pañuelo de seda del bolsillo de sus pantalones y se lo tendió a Corinder.

-Gracias.- la castaña cogió el pañuelo, se limpió las lágrimas y se sonó la nariz tres veces seguidas. Cualquiera que la hubiera odiado en un pasado, ahora sería capaz de sentir ternura y lástima por ella. Se la veía arrepentida a pesar de no poder recordar ni un sólo segundo de su vida antes del accidente.-Por favor, perdóname por lo que fuera que te hice. No logro recordar nada, pero aún así me siento terriblemente mal al saber que ocasioné tantos problemas.- hizo una breve pausa para secarse las lágrimas de nuevo.-Mi yo de ahora odiaría a mi yo de antes...-

-Tranquila.- Aly sonrió y le dio unas suaves palmadas en la espalda.-Es bueno saber que ésto podría ser un nuevo comienzo. Tengo entendido que ser una persona rencorosa es bastante malo.-

Corinder soltó una risa y un sollozo a la vez. La pobre estaba hecha un lío, y se le notaba a kilómetros.


~~~

-A ver si me he enterado bien, ¿de verdad no te reconocía? ¿Ni le sonabas de nada?- preguntó Harumi, cuya mirada daba a entender que estaba alucinando ante el relato de Aly.

-Nada. Estaba más asustada y confundida que un cachorro abandonado.- repuso Aly.

Ambas amigas se encontraban, con One Direction, en casa de Niall. Habían salido del hospital hacía media hora y Aly acababa de explicarles la breve charla que había tenido con Corinder. Los demás estaban incrédulos, desconfiados, y sobretodo, muy sorprendidos.

-Entonces, ¿confirmado que no es la misma?- inquirió Louis.

-No tiene absolutamente nada que ver con cómo era antes. Me pidió disculpas por todo lo ocurrido mil veces, a pesar de que no recuerda nada. Me creyó. Me dijo que la persona que es ahora odiaría a la persona que fue en su momento. Su amabilidad y honestidad no son fingidas ésta vez. Está mentalmente sana, y sus recuerdos han desaparecido por completo. ¡No sabía ni quiénes son One Direction!- exclamó Aly hablando con mucho énfasis, se notaba que el cambio radical de Corinder la había sorprendido.

-Madre mía...- masculló Niall por lo bajo.

-Olvidó hasta su nombre.- añadió Aly asintiendo.-Y las pruebas que le han hecho los médicos son bien claras; sus trastornos han desaparecido igual que su memoria.-

-En ése caso, ya no está loca, ¿verdad?- comentó Harry sin demasiado tacto.

-Sí, ya no está loca... Es una manera de decirlo.- objetó Harumi alzando una ceja.

-Debe de sentirse desconfiada si de verdad no conoce a nadie.- opinó Liam con su voz tranquila y silenciosa.

-Estaba desconfiada. Parecía tener miedo de todo.- habló Aly mirando a sus amigos.-Cuándo me senté junto a ella en su cama del hospital, se apartó, alejándose de mí un poco. Me sorprendí, pues se la veía muy asustada y nerviosa. No me esperaba ésto para nada.-

-Ni tú ni nadie.- repuso Louis.-Ésta noticia ha pillado a el mundo entero desprevenidos. Y más por el cambio que ha dado.-

-En ése caso, yo también estoy de acuerdo en darle otra oportunidad.- dijo Zayn calmadamente y con sinceridad.-A pesar de que hizo cosas malas, se nota que éste accidente de coche le ha cambiado la vida. Ahora no tiene ni trastornos ni memoria, es un nuevo comienzo. No me importaría hablarle de vez en cuándo y con el tiempo incluso podría ser nuestra amiga.-

-¿Bromeas o...?- Harry alzó una ceja.

-No, no bromeo. Sé que puede parecer una locura querer entablar amistad con ella, pero vamos, imagina estar pasando por lo mismo que ella. Yo pienso que debe ser terrible despertar de repente y no saber nada de nada, no saber quién es tu familia, qué te ha pasado, quién eres, ni siquiera recordar tu propio nombre. Me da mucha pena la situación en la que se encuentra.- repuso Zayn mirando a Harry.

-Zayn tiene razón.- habló de nuevo Liam.-Yo también me dispongo a darle otra oportunidad. Al fin y al cabo, por lo que nos cuenta Aly, Corinder es ahora muy buena persona.-

-Puede que siempre lo fuera y el problema estuviese en sus trastornos mentales.- trató de opinar Louis.

-No, sus trastornos la hacían ser mala persona.- rebatió Niall.-Recordad lo que me hizo. Todo lo que hizo después. Cuándo corrieron peligro varias vidas. Incluso la de Aly...- Niall soltó un suspiro y habló de nuevo.-Yo también pienso perdonarla y darle una nueva y segunda oportunidad, pero será difícil olvidar lo que hizo.-

-No recuerda nada, ni lo recordará nunca.- inquirió Aly mirando a todos.-Así que cuándo estemos con ella será mejor no remover el pasado, no echarle en cara lo que hizo.-

-O de lo contrario podría deprimirse todavía más.- concluyó Harumi.

-Exacto.- asintió Zayn.-Creo que estamos haciendo lo correcto al decidir perdonarla.-

-Y pensar que en su día todos la odiábamos...- masculló Niall por lo bajo.

-Éso es porque "en su día" no tenía conciencia ni razón de ser.- repuso Aly marcando comillas en el aire.-Yo posiblemente fui la que más rabia sintió hacia ella, por lo que hizo, por todo lo que hizo, pero ahora es totalmente distinta, está sana de la cabeza y no tiene recuerdos del pasado. Pero aún así me ha creído y se ha disculpado por todo, pese a no recordar nada. Si algo he entendido es que vengarse y guardar rencor es de débiles.-

-Aly tiene razón.- suspiró Liam con su voz suave de siempre.-Hay un dicho que es, el débil se venga, el fuerte perdona, pero el más inteligente tan sólo ignora.-

-Otra razón más por la que prefiero ignorar todo éste asunto.- bromeó Louis.

-No se trata de éso, Louis.- Aly contuvo una sonrisa.-Ya hemos sido inteligentes al ignorarla y olvidarla durante todo éste tiempo, cuándo se encontraba en el psiquiátrico. Ahora es tiempo de perdonarla, no sólo por ser fuertes, sino más que nada porque su situación actual lo requiere. Está aterrorizada al ver que no sabe nada ni reconoce a nadie.-

-Estoy con Aly.- intervino Harumi en tono decidido.-Ya fuimos inteligentes al lograr que la capturasen y al ignorarla desde que estuvo ingresada en el loquero. Ahora que ha vuelto, y cambiada, debemos ser fuertes y perdonarla. Sí, puede que en su tiempo no mereciese perdón, pero ahora es distinta, todo es distinto.-

Hubo un momento de silencio durante el cuál todos parecieron reflexionar internamente.

-Está bien.- asintió Louis.-Estoy de acuerdo.-

-Genial.- asintió Aly entusiasmada y sonriendo.-Nosotros sabemos perdonar y olvidar. Es lo que nos hace buenos amigos. Jamás le desearíamos nada malo a alguien en serio.-

-Perdonar sí, pero... ¿olvidar?- habló Niall mirando a su novia.-No sé si podremos olvidar todo lo que hizo.-

-De acuerdo, puede que olvidar sea más difícil.- dijo la rubia abrazándose al brazo de Niall.-Pero aún así ésto debe ser un nuevo comienzo para ella y para nuestra manera de verla.-

Aly tenía razón. Corinder ahora era distinta y lo más correcto era perdonarla, debido a que ahora que estaba sana mentalmente, mostraba un terrible arrepentimiento a pesar de no recordar nada de lo que hizo. Quizás nunca hubiese sido mala y sus actos habían sido definidos por su locura.
Nunca se supo.


~~~

-Es bueno saber que el profe nos ha perdonado la falta de ayer.- suspiró Cindy saliendo del instituto junto a Treisy.-Ojalá no vuelva a pasar nunca. Cuándo hemos entrado ésta mañana me he sentido tan nerviosa...-

Ambas amigas iban vestidas de uniforme, igual que todos los alumnos, y caminaron juntas dejando el instituto atrás lentamente, a cada paso que daban.

-Todo está bien, ¿no lo ves?- se burló Treisy.-Oye, ¿nos vamos de compras?-

-¿Ahora? Si no llevo dinero encima. ¿Para qué iba a traerme dinero al insti?-

-Yo sí. Y claramente, por si surgen vestidos bonitos de imprevisto.- sonrió Treisy sacando su cartera de su bolso.-Vamos, ¡hay que aprovechar las rebajas del final de primavera! Aunque a mí en cierto modo me den igual. Pero oye, un ahorro es un ahorro.-

-Treisy... Me gusta la ropa pero no soy una gran amante de ir de compras.-

-¿No?- la castaña parpadeó sorprendida.-Qué raro, todos pensamos que sí.-

-¿Por qué? Nunca os he hablado de éso.-

-Es que a ver, una chica cómo tú, mona, rubia, de ojos azules... Es raro que no te guste ir de compras y estar arreglada. Lo lógico sería que sí, porque deberías aprovechar que eres guapa y delgada. ¿Sabes la de chicas que desearían ser guapas y delgadas cómo nosotras o nuestras amigas?-

-¡Treisy!- Cindy se quedó boquiabierta.

-¿Qué?- la castaña se encogió de hombro.

-¿Te das cuenta de lo superficial que acabas de sonar? Por culpa de comentarios cómo ése hay muchísimas chicas que se ven feas o gordas y se meten a la bulimia o se vuelven anoréxicas.- la regañó la rubia, indignada.

-Lo sé, lo sé, la verdad es que es muy triste. Pero, ¡oye! Yo nunca me meto con nadie. Nunca le he dicho a una chica "eres fea" o "estás gorda." Nunca haría daño a nadie de tal manera. Simplemente lo estoy comentando contigo. ¿Me has oído, en todo el curso, decírselo a alguien? No. No insulto a la gente. No es mi culpa que haya bulimia. Es la culpa de la gente que sí lo dice. Yo sólo lo estoy hablando contigo, pero jamás le soltaría tal palo a alguien.- se defendió la castaña.

Cindy estaba medio convencida de que Treisy tenía razón, pues nunca se había metido con nadie, pero por otro lado también estaba convencida de que su comentario había sido superficial a más no poder.

-Mmm... De todos modos sigue siendo un modo muy superficial de pensar.- habló mirando hacia el suelo y con el ceño todavía un poco fruncido.-No me parece bien que opines así. No es necesario ser un bellezón ni estar cómo un fideo para ser feliz y querer probarse ropa.-

-Bueno, lo que tu digas. ¿Vamos al C&A? Está cerca de aquí.- propuso Treisy.

-Vale...- acordó Cindy con voz tímida y aún algo molesta.

Tras unos diez minutos caminando, ambas amigas llegaron a la mencionada tienda. Treisy iba muy contenta por el simple motivo de que iba a probarse ropa. Mientras que Cindy sabía que se iba a aburrir bastante.

-Vamos a entrar y miraremos ropa para éste verano, ¿te parece?- sonrió Treisy deteniéndose a la entrada de la tienda. Miró las vitrinas con avaricia en la mirada, buscando con los ojos algún vestido elegante.

-Ajá...- suspiró la rubia distraídamente.

-Oye, ¿qué te pasa?- Treisy colocó las manos en sus caderas, alzó una ceja y miró a su amiga.-Si vas a tener ésta actitud de aburrida todo el tiempo mejor visito la tienda yo sola.-

-No, estoy bien. Sólo algo cansada, al fin y al cabo hoy hemos estudiado mucho.- repuso la chica bajando la vista hacia la falda de su uniforme.

-¿Seguro?- Treisy alzó una ceja.-Cindy, si te pasa algo, sólo dímelo. Puedes contarme lo que sea.-

<<Odio ir de compras, éso es todo.>> pensó Cindy con sorna. Pero, en cambio, al hablar, dijo:

-Que no es nada, de verdad. Venga, vamos adentro. Adoro ir de compras.- dijo forzando una sonrisa y poniendo la voz más alegre que pudo poner.

-¿En serio? Si antes has dicho que no te gusta demasiado.- se confundió Treisy.

-Ya, pero ahora veo toda ésta ropa y... Buf.- actuó Cindy.-Me entran unas ganas locas de probármelo todo.-

-¡Perfecto! ¡Vamos de compras!- gritó la morena alegremente.

-¡Vamos!- gritó también Cindy, procurando sonar entusiasmada y alegre.

-¡Esperadme, taconazos!- chilló Treisy arrancando a correr hacia la tienda.

-Y a mí... Y a mí...- añadió la rubia por lo bajo, con la voz carente de entusiasmo.

Ambas jóvenes entraron en C&A dando saltitos, sobretodo Treisy. Mientras que la siempre suspirando Cindy se limitaba a cubrir sus pensamientos con falsa alegría, para seguir llevándose bien con su amiga.


~~~

-Veamos, tenemos las neuronas poliédricas, las neuronas estrelladas, fusiformes, esféricas, y las piramidales que se encuentran en la corteza cerebral.- musitó Aly con voz tranquila, sentada en el sofá de su elegante apartamento. Sobre sus rodillas reposaba su cuaderno de Yale y apretaba un bolígrafo entre los dedos de la mano derecha. Con su mano izquierda, ejercía presión sobre su propia frente.

-Caca.- soltó Talia desde el suelo, sentada sobre la alfombra y despeinando a una Barbie Princesa.

Cerca de cumplir dos años, Talia ya hablaba bastante y conocía muchas palabras. La primera de todas había sido "agua," o éso dieron por sentado sus padres al verla bebiendo agua de su biberón y soltar un gemido que decía "guaguagua." Aly rió y miró a su hermanita.

-No, Talia. Estoy estudiando. Es-tu-dian-do. Di cuaderno.- le habló con ternura.

-Caca.- repitió la niña.

-Cuaaaadeeeernooooo.- vocalizó Aly para que Talia la entendiera.

-¡Caca!- se exasperó la niña.-¡Caca! ¡Cacaaa!-

-¿Caca? Oh, sí, perdona.- Aly dejó el cuaderno sobre la mesita, se levantó y recogió a su hermana del suelo. Fue hasta el dormitorio de Talia con ella en brazos y la tumbó en el cambiador.

-Tata.- cantó Talia.

-¿Tata?- rió Aly cogiendo un nuevo pañal.

-Yayayaya.- Talia sacudió la cabeza.-Pisesa Chicle. ¡Yaya!-

-¿Princesa Chicle? No te preocupes guapísima, en seguida empezará Hora de Aventuras y podrás ver a la Princesa Chicle, ¿de acuerdo?- le habló Aly mientras le cambiaba el pañal.

Una vez que terminó, volvió a colocar la falda del vestidito azul de Talia, con flores estampadas de tres en tres, la cogió en brazos y la llevó de nuevo al salón. La sentó en una pequeña sillita que había dispuesta para ella en el sofá, y acto seguido se agachó y recogió la Barbie del suelo. Se la devolvió a su hermana y ésta la mordió, puesto que sus dientes incipientes le dolían debido a su crecimiento.

-Talia, no se muerden las Barbies. No es bueno.- rió Aly mientras cogía el mando de la tele y la encendía.

-¡GUMBAAAAAAAAALL!- gritó Talia dejando caer su Barbie al ver a sus queridos Gumball Y Darwin saltando por la televisión. Hizo palmitas de entusiasmo y se removió en su blanda y acolchada sillita.

-Después de ésto empieza Hora de Aventuras.- la reconfortó Aly.-Ahora pásalo bien mirando la tele, ¿vale? Luego merendamos.-

-Chí.- asintió la nena alegremente, embobada mientras miraba el televisor.

Aly se sentó en el otro sofá, dónde estaban todas sus tareas, agarró de nuevo el bolígrafo, colocó el cuaderno sobre sus rodillas y siguió escribiendo y memorizando el nombre de las neuronas que necesitaba conocer para lograr aprobar el próximo examen de Psicología. Veinte minutos después, con las voces de Gumball, Darwin y Anais de fondo, Aly terminó sus deberes y se levantó del sofá suspirando. Lo recogió todo y lo guardó para, acto seguido, sentarse al lado de Talia.

-¿Qué, te gusta mucho Gumball?- preguntó, aunque conocía la respuesta.

-Anais guapa.- repuso Talia balbuceando y señalando a la pequeña conejita rosada del televisor.-Yo quiero ser Anais.-

-¿No querías ser Elsa, la Reina de las Nieves?- bromeó Aly haciéndole cosquillas.

-Chí, yo quiero ser todas las chicas guapas de dibujos.-

-Tú ya eres guapísima.- Aly le dio varios besos en la cabeza y le hizo más cosquillas, provocándole risas y chillidos.-¿Qué quieres merendar?-

-No quiero, me duele...- Talia abrió la boca y señaló los pocos dientes que tenía.

-Es normal que te duela.- repuso Aly mirando la boca abierta de su hermana.-Pero tienes que merendar algo si quieres crecer y ser alta y fuerte.- le hizo más cosquillas.

-¡Ahhh! Cosquillas no.- pidió Talia entre risitas.

-Venga, ¿qué me dices de un vaso de leche con galletas? Las galletas mojadas en leche están blanditas y no te dolerán los dientes.-

-Mmm...- Talia colocó un dedo índice en su barbilla y finalmente asintió.-Vale.-

-¿Sí? Pues venga. A merendar mientras empieza Hora de Aventuras.- repuso Aly levantándose del sofá.

Entró en la cocina y preparó lo necesario, llenando un vaso de leche, echando algunas galletitas con chispas de chocolate dentro, colocándole una cuchara y llevándolo al salón. Se sentó junto a su hermana y cogió la cuchara, levantándola y dejando en ésta algunos trozos de galleta deshecha mezclada con la leche.

-Venga, di ¡aaaaah! Que aquí viene Lady Arcoiris.-

-¡No!- Talia negó con la cabeza, horrorizada.-No me quiero comer a Lady Arcoiris.-

-Pues... ¡El Rey Hielo! ¡Abre la boca y cómetelo, que es malo!- Aly hizo oscilar la cuchara con cuidado para que no se cayera su contenido.-¡Venga, di aaaah, que viene el Rey Hielo!-

Talia abrió la boca soltando un "aaaaaah" y Aly le dio de comer la cucharada. La niña aplaudió y, tras tragar, afirmó con orgullo:

-¡Bieeen! ¡Me he comido al Rey yelo!- pronunció con su voz balbuceante.-¡He salvado Ooo!-

-Claro que sí, pequeñina.- Aly le hizo cosquillas de nuevo.

En ése momento se dispuso a darle otra cucharada de leche con galletas cuándo llamaron al timbre. Aly dejó el vaso en la mesa, se levantó y se dirigió a la puerta del apartamento. Abrió, viendo a Cindy cargada con tres bolsas de C&A.

-¿Cindy?- Aly retrocedió, sosteniendo la puerta, y dejó a su hermana pasar.

-Hola Aly.- Cindy dejó las bolsas en el comedor y se dirigió al sofá. Le dio un beso en la frente a Talia.-Hola, cosita. Siento no haber venido para comer, aunque ya llamé a papá y mamá para avisarles. He estado de compras con Treisy y luego hemos comido en un Adour Alain Ducasse. ¡Qué bien se come allí!-

-¿Tú de compras?- se extrañó Aly acercándose a sus dos hermanas menores.

-Sí, ¿qué pasa? Había unos vestidos chulísimos.-

-¿Y por qué has llamado al timbre? Tienes llave de casa.- inquirió Aly.

-Por que iba cargada con las tres bolsas y no quería soltarlas.- respondió Cindy en tono burlón.-Por suerte abajo estaba abierto y no he necesitado llamar al portero para que me abrieras. ¡Mira qué vestidos!- se giró y se dirigió hacia las bolsas.

-Cin, espera.- Aly agarró la muñeca de su hermana con suavidad.-Cuéntame qué ha pasado. ¿Te ha obligado a ir de compras con ella o qué?-

-No, en absoluto.- negó Cindy.-Es más, me dijo que podía irme si quería. Pero decidí quedarme y acabé comprando casi todas las cosas que se compró ella. ¡Ropa increíble!-

-Pero Cindy, a ti no te gusta la moda ni nada relacionado con ella.- se extrañó Aly, cruzando los brazos interesada mientras hablaba con Cindy.

-Bueno... Emmm... Siempre hay una primera vez para interesarse por algo.-

Aly suspiró y se dirigió a la cocina. Cindy supo que tenía que seguirla, y éso hizo.

-¡Bieeeen!- gritó Talia eufórica desde el salón, pues estaba empezando Hora de Aventuras.

-Cindy, si hay algo que no te guste hacer, simplemente díselo a Treisy y al resto de tus amigos. No pueden hacerte comprar ropa si no es por tu propia voluntad.- objetó Aly una vez que Cindy y ella se encontraban a solas en la cocina, hablando allí para que Talia pudiera escuchar la televisión.

-No es éso... Yo... Si que quise comprar la ropa porque sé que así le seguiré cayendo bien...- se trató de defender Cindy, juntando ambas manos tras la espalda.

-¿Es por éso?- Aly puso los brazos en jarras.-Pero vamos a ver, no puedes permitir el hecho de que los demás decidan qué vas a hacer y qué no. Si vas de compras debe de ser porque tú quieras, no porque otras personas te digan que lo hagas. No dejes que te controlen. ¿Qué será lo siguiente? ¿Que faltes al instituto porque tus amigos te lo dicen?-

A Cindy se le secó la boca. ¡El día anterior había faltado por estar invitada a la casa de Treisy! Tragó saliva, procurando relajarse, pues nadie lo sabía excepto Treisy, ella y algunos profesores a los cuáles Treisy sobornó con dinero para que no dijesen nada de la falta a sus padres o a los de Cindy. 

-Tienes razón... Supongo. No puedo permitir que me manipulen.- dijo con un hilo de voz.

-Bien.- Aly rodeó a su hermana menor con los brazos. A pesar de tener ya 15 años, Cindy seguía siendo algo más bajita que Aly.-Éso es lo que quería oír. Así me gusta. Sé siempre tú misma, ¿De acuerdo?- miró a Cindy a los ojos.

Ésta asintió con la cabeza aunque sin responder, y acto seguido, Aly le sonrió y salió de la cocina, dispuesta a regresar al salón para ver Hora de Aventuras con Talia. Cindy se apoyó en la encimera de la cocina y miró hacia el suelo, preocupada. El arrepentimiento la carcomía por dentro. Había mentido a su hermana, ¡y no quería hacerlo! Sabía que fue decisión suya faltar al instituto para ir a casa de Treisy el día anterior e ir de compras y a comer por ahí aquél día, pero, sin saber por qué, sentía que no estaba haciendo lo correcto. Y a la vez, algo en su interior le decía que siguiera haciéndolo así. 


~~~

Por la tarde el cielo se cubrió de nubes y empezó a caer una fina lluvia, insistente y que parecía no acabar nunca. Según el canal del tiempo, iba a continuar así hasta el día siguiente, de modo que era mejor hacerse a la idea de una tarde y noche bastante lluviosas y puede que incluso con tormenta y truenos.

-Vaya faena... Y nosotros que teníamos planeado un picnic romántico en el parque.- se quejó Brianna. Estaba en casa de Harry, de pie junto a una ventana y con la cabeza apoyada en ésta, mirando el cielo nublado y la lluvia caer sobre toda la ciudad, resbalando por el cristal de dicha ventana.

-Podemos hacerlo mañana.- repuso Harry desde la cocina, mientras preparaba hamburguesas a fuego lento.

Brianna parpadeó mientras miraba de nuevo por la ventana y oía cómo, desde fuera, las gotas caían con fuerza. Harry tenía razón, la cena de un picnic en el parque, sólo para ellos dos, al aire libre, estaba oficialmente cancelada debido a aquél clima nefasto.

-¿Y si vemos alguna película mientras cenamos?- inquirió animándose de repente y apartándose de la ventana, al notar lo fría que ésta estaba y lo fría que estaba, ahora también, su frente.

-Acabo de poner las hamburguesas al fuego y aún les queda un rato para hacerse, así que mejor ponemos la película cuándo estén listas.- repuso Harry saliendo de la cocina. Iba vestido con camiseta de manga corta y pantalones de pijama cortos, hasta las rodillas.

-Vale.- Brianna se sentó en el sofá elegantemente. Harry, por el contrario, se dejó caer sobre éste, cayendo sobre los muslos de Brianna y aplastando el regazo de la chica con su espalda.

-¡Auf!- Brianna soltó un gemido y una risa a la vez. Trató de empujar al cantante pero éste pesaba demasiado.-Harry, fuera de mi regazo, ¡me aplastas! Pesas un montón.- se rió.

Harry reprimió una risa, abrió mucho los ojos y cruzó los brazos, decidido a no moverse de ahí.

-¡Harry! ¡Vamos!- insistió Brianna entre risas. Por mucho que empujara con ambas manos al cantante, éste no se caía.

-Tendrías que pedírmelo educadamente.- se mofó el chico de cabellos castaños.

Brianna rodó los ojos, se inclinó sobre Harry y le besó en los labios de manera corta.

-¿Así?- preguntó apoyando su espalda en el respaldo del sofá de nuevo.

-Más o menos.- Harry se apartó del regazo de Brianna y se sentó junto a ella.-Un poco más educadamente.-

Brianna rió mientras Harry la rodeaba con los brazos y ambos empezaron a besarse dulcemente, sentados uno junto al otro en el sofá. Harry acarició la espalda de la chica, haciendo que a ésta se le pusiera la piel de gallina, y poco después a él también.

-¿Te apetece jugar justo ahora, Styles?- ronroneó Brianna con voz seductora.

-A mí siempre me apetece jugar contigo...- respondió él en respuesta y guiñándole un ojo.

-Bueno... Pues...- Brianna se separó de un salto, se levantó del sofá y gritó cómo una niña pequeña:-¡Ahora no me apetece!-

-Venga, un poquito.- insistió Harry poniendo ojos de cachorrito.

-Nope.-

-¿Por qué no?-

-Primera razón: tengo hambre, y ahora mismo de comida. Segunda razón: cuándo llueve me suele venir dolor de cabeza, y con dolor de cabeza no me apetece nada. Y tercera razón: hay un olor a hamburguesa quemada que me está poniendo de los nervios.- explicó Brianna de pie en mitad del salón.

-¿Qué?- Harry se levantó del sofá rápidamente y corrió hacia la cocina.-¡Aaaaaah! ¿Pero cómo es posible? ¡Si las puse a fuego lento!-

-No, hijo, se ve que no las pusiste a fuego lo suficientemente lento.- respondió Brianna desde el salón, cruzando los brazos, sacudiendo la cabeza y sonriendo.-Voy a ir buscando alguna peli.-

-Vale, por suerte no están quemadas por dentro.- repuso Harry desde la cocina, examinando las dos hamburguesas. Las colocó entre el pan junto con cebolla, lechuga y queso fundido. Añadió ketchup en ambas hamburguesas y colocó la otra rebanada de pan sobre éstas, finalizando las hamburguesas. Agarró los dos platos y fue hacia el salón.

-Niños Grandes.- dijo Brianna sacudiendo la caja del DVD entre sus manos.-¿Te parece?-

-Genial, me río un montón con ésa película.- asintió Harry dejando ambos platos encima de la mesa y sentándose en el sofá alegremente.

Brianna encendió la televisión, abrió el reproductor de DVD y metió el disco de la película. Se sentó junto a Harry y ambos empezaron a cenar mientras veían Niños Grandes, dispuesto a echarse unas risas mientras disfrutaban de aquellas hamburguesas caseras de Harry.

~~~

Corinder se encontraba medio tumbada en su camilla del hospital, con la espalda apoyada en la pared y una sábana blanca cubriéndole las piernas y la cintura. Estaba llorando y pensando en todas las personas a las que había hecho daño. Por mucho que se esforzaba rebuscando en su memoria, no encontraba nada. No recordaba nada. Lo primero que recordaba fue abrir los ojos y encontrarse en aquella habitación. Pero según las palabras de Aly, había hecho cosas malas, muy malas. Miró la ventana, la cuál estaba mojada por fuera debido a la lluvia. Suspiró, teniendo la sensación de que las nubes lloraban con ella. Pegó un pequeño brinco cuándo de repente llamaron a la puerta.

-¿S-sí? Adelante.- murmuró con voz temblorosa aunque tratando de controlar el llanto. Se limpió las mejillas rápidamente para que, fuera quién fuera, no la viera llorar.

Entró la misma enfermera bajita y rechoncha, aunque muy guapa de cara, de hacía unas pocas horas. Cerró la puerta tras de sí y le sonrió amablemente a Corinder.

-Hola, querida. ¿Qué tal estás? ¿Cómo llevas la recuperación?- dijo acercándose a la camilla.

-¿La recuperación? ¿De que?- Corinder alzó una ceja. Jamás iba a recuperar sus memorias.

-Ya sabes, el daño físico. Pasaste por un accidente de coche, querida. Dime, ¿te duele mucho el cuerpo? ¿Y la herida de la nuca?- inquirió la enfermera sentándose en el borde de la camilla y colocando una de sus manos en la espinilla de la joven.

-Oh, no, no te preocupes. Estoy bien, gracias.- masculló ella tocándose la nuca. Desde que despertó, había tenido un pañuelo con algodón pegado a la nuca. Ella no lo podía ver, pero el blanco pañuelo de su nuca tenía una mancha roja de sangre. La parte trasera de su cuello había sufrido un buen golpe. Lo cierto era que la herida de la nuca le dolía horrores y al principio la sangre le había chorreado por la espalda, pero ahora estaba limpia y sana. Aquello no tardaría en cicatrizar.

-¿Seguro que no te duele nada?- insistió ella.

-De verdad, estoy bien. Muchas graci...- Corinder se interrumpió a sí misma al ver la mirada inquisitiva de la enfermera. Suspiró, rendida.-Vale, no es cierto. La nuca todavía me duele muchísimo.-

-Sangrabas horrores por la nuca, niña. Menos mal que hace unas horas se detuvo el sangrado y te la hemos podido desinfectar. Es bueno que hayas sobrevivido a un golpe fuerte en la nuca, pero la conmoción cerebral fue lo peor de todo.- suspiró y miró a Corinder a los ojos. Ésta observaba sus manos entrelazadas sobre la sábana blanca.-Dime, querida. ¿Tienes miedo?-

-La... la verdad es que sí.- se sinceró Corinder.-No conozco a nadie, no sé quién soy, no sé qué he hice antes de pasar por el accidente. Una amiga me ha contado varias de las cosas que hice... Dios. Era un monstruo.- la joven se tapó la cara con ambas manos.

-No, hijita, no lo eras. Simplemente tenías...- la enfermera se calló un breve momento y buscó palabras para hablar con ella sin ofenderla.-Sufrías de trastornos mentales, y éso te hacía ser así. Pero ahora que estás sana de la cabeza sabemos que jamás lo volverías a hacer.-

-Juro que no. Se lo dije a la chica cuándo me lo contó. Le dije que yo nunca haría algo así.- la joven lloraba de nuevo y se iba secando las lágrimas a medida que éstas caían.-Pero es cierto, no iba a mentirme. Hice cosas terribles. No me acuerdo de nada, pero aún así lo hice. Fue tan terrible enterarme de todo lo que ocasioné... Dios mío. Ahora todo el mundo me odiará.- su llanto se intensificó y volvió a enterrar la cara entre las manos.

-Ay no, no pienses así, querida.- la enfermera se arrimó un poco más y le apartó el pelo de los hombros.-Tú ahora eres muy buena y tímida, querida niña. Tienes que confiar en que aquellos a los que un día heriste sabrán perdonarte.-

-¿Y si no lo hacen? Si yo fuera otra persona no me perdonaría.- suspiró Corinder.

-Porque ahora mismo sientes mucho odio hacia ti misma, y es normal.- la enfermera se sacó una bolsita de kleenex del bolsillo de su bata blanca, lo abrió, sacó uno y se lo ofreció a Corinder.-Pero pronto se te pasará, ya lo verás. Ahora eres distinta y todo el mundo lo sabe, corazón.-

Corinder cogió el kleenex y se sonó la nariz con fuerza. Acto seguido se frotó ambos ojos con las manos, igual que un niño pequeño que tiene sueño y se quiere ir a la cama.

-¿Crees que me perdonarán? ¿Mi familia, mis amigos...?- suspiró.

-Claro que sí, niñita. Además, pronto entablarás amistad con todos, aunque ahora mismo te sientas introvertida y tímida. Sé que te sientes muy confundida debido a que tienes la mente en blanco respecto a tu pasado, pero saldrás adelante.- la reconfortó la enfermera.

-Pero no sé nada... Todo es tan desconocido para mí. Tengo veinte años y no reconozco a nadie, me siento cómo si hubiese nacido hoy mismo.-

-Sé que es difícil, no me imagino lo confundida y asustada que estarás ahora mismo. Pero paciencia y fuerza, querida. Pronto verás que todo mejora, ¿vale, Corinder?- añadió con una amistosa sonrisa.

Corinder asintió varias veces con la cabeza y sonrió, frotándose los ojos.

-Llámame Corinne.- dijo con voz ahora algo más alegre. Al menos conservaba algo de su vida anterior, y era que le gustaba el diminutivo de su nombre.

-Bien. Duerme, Corinne. Lo necesitas.- la enfermera le sonrió y se levantó de la camilla, acto seguido se dirigió a la puerta, girándose para ver cómo Corinne se tumbaba por completo y cerraba los ojos.

En el pasillo, un doctor esperaba a la enfermera.

-¿Qué tal se encuentra?- inquirió.

-Podemos confirmar que está sana de la cabeza y que sus memorias no regresarán jamás. Es otra persona completamente distinta. A mí me da mucha pena, la pobre niña está en un mundo ahora desconocido para ella...- suspiró la enfermera sacudiendo la cabeza.

-Bueno, se irá adaptando. Ahora que está bien de la cabeza, aunque con amnesia permanente, nuestra prioridad es que sus herida de la nuca se curé lo antes posible.- repuso el doctor.

-Pero... Temo que la joven pueda tener depresión.- intervino ella de nuevo.

-¿Depresión?-

-La pobre chiquilla estaba llorando cómo una magdalena. Se odia a sí misma por todo lo que hizo aunque no lo recuerde. Temo que pueda entrar en estado depresivo debido a sus conocimientos acerca de lo que hizo. He tratado de animarla, pero se la ve muy triste.- decía la enfermera hablando normal y susurrando alternativamente.

-Es... comprensible.- asintió el doctor.-Pero no debemos preocuparnos. Si todo sale bien y todo el mundo la perdona, pronto se encontrará más contenta, aunque no vuelva a recordar nada de su pasado.-

-Éso espero.- asintió la enfermera.

Y ambos echaron a andar juntos por el pasillo del hospital, continuando con su trabajo.